Thursday, 29 January 2009

Raúl Castro: Moscú bien vale una misa...

Change we can believe in?

Por Jorge A. Pomar, Colonia

o "Moscú no cree en lágrimas". Empero, con lo mal que anda el desabastecimiento en las bodegas y agromercados de la Isla, no cabe duda de que el comeback de las latas de carne rusa y los barcos repletos de chícharos del chiste (una multitud creciente de habaneros llorando en el Malecón cada vez más desconsolada ante un solitario carguero soviético que al final se convierte en toda una flota cuyas arboladuras se pierden en el horizonte; moraleja: "Moscú no cree en lágrimas", título de una película rusa de los 80) serían un alivio, antes llorado con ambos ojos y ahora con uno húmedo y el otro tristemente risueño.

Aunque mucho me temo que el nuevo presidente de 77 y medio calendario no haya vuelto al Kremlin en busca de víveres sino a reactivar viejo pactos antiyanquis. Vale decir, de armas y alianzas para seguir sometiendo a "nuestro pueblo". El objeto estratégico de la visita de Estado no puede ser otro que comprar tiempo suficiente para garantizarles a los herederos de la alta nomenclatura un tránsito decoroso al capitalismo salvaje estilo Putin o Deng Xiaoping.

Así, pues, el antiguo matrimonio de conveniencia ideológica bajo la égida del Magno Paciente reciclado bajo el Hermanísimo como concubinato entre Estados rufianes de cara al eterno enemigo común. De paso --admitámoslo-- es la manera más barata de hacerse perdonar la enorme deuda externa acumulada durante los
good old time gone with the wind de la hermandad proletaria entre la cuna del comunismo internacional y el "primer Estado socialista de América".



No obstante, me asalta la siguiente duda: esas caras de grima (pinche para ver el resto en la fotogalería del Nuevo Herald) al pasar revista a la guardia de honor en el aeropuerto moscovita, ¿reflejan los efectos del brusco cambio de temperaturas debajo del ortopédico gabán, nostalgia senil por la ausencia de la vieja guardia bolchevique o angustia generada por la conciencia de la futilidad del viaje?

No sé por qué a mi Alter Ego se le antoja que quizás en esta ocasión el antiguo konsomol estalinista de los años 50 ha volado a Moscú en contra de su de por sí insoberana voluntad? Por otra parte, cualquiera diría que, a pesar de todo, el viajero no se fía ni mucho ni poco que en tibias promesas de cambio hechas por Barack Hussein Obama pasen en breve a mayores.

O sea, del levantamiento de las restricciones de viaje y remesa a la derogación de la Ley Helms-Burton. Y de paso, desde luego, junto con la "criminal" póliza de escape clintoniana de los "Pies secos, pies mojados", a fin de cerrarles por fin la "cuarta pared" de la libertad a balseros y demás tránsfugas del "Mar de la Felicidad".

¿Change insular en el que quienes fuera y dentro (por ese orden) aún porfían en apostar a ciegas o a tuertas al continuismo raulista pueden creer, o más bien putinesca vuelta de tuerca testicular al nuevo presidente de los Consejos de Estado y Ministros, similar al ucase impuesto por el difunto Leónidas Brezhnev al descarriado Fidel Castro a raíz del rotundo fracaso de la "Zafra de los Diez Millones" a principios de los 70?

Las semanas o, a todo reventar, meses venideros dirán. Por lo pronto, Moscú bien vale una misa. Tan así es que el huésped antillano no ha tenido a menos desairar al mismísimo Apostol con su, para los martianos, escandalosa ausencia ayer en los actos por el aniversario de su 156 natalicio...

2 comments:

Camilo said...

"¿reflejan los efectos del brusco cambio de temperaturas debajo del ortopédico gabán, nostalgia senil por la ausencia de la vieja guardia bolchevique o angustia generada por la conciencia de la futilidad del viaje?"

Apuesto por la futilidad. Eso si, no descartemos las ansias siempre presentes de seguir siendo imperio (me refiero a los bolos, claro esta)

Un abrazo.

Anonymous said...

Una joyita eso de desairar a los martianos. Aunque estoy por apostar a que ni así los tontos útiles abrirán los ojos, si los tienen cerrados. Gracias, Pomar.