Thursday, 22 November 2007

¿Y sin embargo algo se mueve?

Felicitaciones del Abicú a Correos de Cuba

Por Jorge A. Pomar, Colonia


Dice un aforismo que "lo cortés no quita lo valiente". Dice bien. A buen seguro os sorprende oír hablar bien del desgobierno insular nada menos que al Abicú, ese francotirador que suele echar pestes hasta de cierta oposición condescendiente diz-que "moderada" (
pronto, os lo anticipo, le arrearé aquí un nuevo, rabioso fuetazo a esa hidra proliferante).

Es el caso que el titular del blog en persona quiere aquí dejar constancia en blanco y negro de su gratitud a las autoridades postales de la Isla por la ciertamente tardía, caótica pero efectiva y hasta cortés entrega
a sus hijos alamareños de cuatro bultos postales que desde hace semanas ya daba por extraviados en el laberinto cleptomaníaco insular.

Honor a quien honor merece, por más degenerado y tiránico que sea. El pasado 24 de septiembre, víspera de nuestro vuelo vacacional a Londres, mi esposa Anna y yo nos personamos en bicicleta en la oficina más cercana del Deutsche Post (Correo Alemán)
poco antes de la hora del cierre. Desde allí despachamos por air mail cuatro paquetes de dos kilos atestados de ropa y zapatos para mis hijos Laura Selis y Mauro Jorge.

En materia de vestimenta, mis nobilísimos herederos l
levaban años sin recibir nada desde Colonia. A punto estaban de verse en la necesidad de salir a la calle hechos unos indigentes o, lo que es igual a su modo de ver, en atuendo consumista criollo: con-su-mismo pantalón, saya, camisa, blusa, pulóver, par de zapatos del año antespasado y más atrás....

Hipérbole de Laura (30 años, foto de al lado), claro. Jóvenes al fin, mis entrañables chicos gustan de presumir, y realmente estaban urgidos de repuestos textiles y de peletería a la moda provenientes de la oficialmente aborrecida, maldita sociedad de consumo. El email con que mi exultante hija acaba de corroborarme tan grata noticia esta mañana es un auténtico aleluya gregoriano en do de pecho, muy semejante a los que salen de la garganta de los creyentes a la vista de un milagro palpable.

Los paquetes llegaron a manos de mis hijos en dos tandas dispares. El primero, para el varón, fue recogido harán unos quince o veinte días; los tres restantes,
el viernes, después de agotarle mi hija, con sus constantes, impertinentes, destemplados reclamos, la paciencia a la jefa del puesto de correos de la hipertrofiada y ya medio en ruinas aldea-dormitorio prefabricada de Alamar, donde su progenitor en plan de albañil les construyera una modesta morada en tres largos años (1977-1980) de sudor y agonía bajo la vigilancia de los capangas de Máximo Andión en la ECOA 8.

Cuando ya nadie contaba con los bultos y casi se habían apagado los últimos furores de mi primogénita, para asombro y regocijo de ambos tocó a la puerta del apartamento filial la susodicha funcionaria para entregárselos en persona. ¡Cuánta deferencia! Vaya aquí el testimonio de mi más sentida gratitud a ese mirlo blanco de la administración castrista. ¿Será posible? No puedo alegar que no sé por qué recordé al leer el email el Credo quia absurdum ("Lo creo porque es absurdo") de los antiguos romanos.

No contenta con su buena obra, la inesperada visitante se deshizo en excusas, jurando que removería cielo y tierra hasta dar con el
supuesto faltante: dos pares de calzas y una camiseta (probablemente hube de dejarlas acá después de cambiar la caja de cartón por una envoltura de papel más liviana). ¿O se los autoasignarían empleados amigos de lo ajeno a título de gabela junto con los tres bultos temporalmente extraviados?

Acá, en casa, habíamos pesado, repesado y redistribuido una y otra vez los contenidos para cerciorarnos de que el fiel de la balanza culinaria, comprada ad hoc para esos menesteres, marcase dos kilogramos justos para cada bulto. Os digo que, a despecho de todos mis desvelos con los mezquinos pormenores gravitacionales del asunto, había regulado mal la balanza. No me percaté de que el fiel no coincidía con el cero, sino que estaba pegado al tope trasero, lo cual me inducía a añadir más artículos de la cuenta.

Así que aguardamos por el turno en la disciplinada colita
del Deutsche Post. Era viernes y aquí drängen, colarse, cuesta reprimendas infalibles que es prudente evitar a toda costa para no cometer homicidio en la persona del ofensor. Mentarle la madre lo dejaría perplejo, creyendo que es un extraño elogio tropical un poco airado. Acá lo que saca de quicio es Arschloch, "Ojo de culo"; Leck mich am Arsch, "Chúpame el culo", donde la perplejidad sería toda mía. O bien, en tratándose de hembra, el sacrílego Alte Fotze! ("Bollo, cuca, coño viejo"), el insulto más soez del mundo para con una dama.

Para nuestro común desmayo, los cuatro paquetes estaban pasados de peso. De trágame, tierra...Conque, vuelta a casa a desempaquetar, ajustar la balanza, pesar, redistribuir, reempaquetar, precintar a diestra y siniestra, y rotular los cuatro bultos. Contra reloj, ya que se acercaba la hora del cierre postal.

Respiramos de alivio cuando, a pesar de que uno de los bultos seguía gravitando 50 gramos de más, una empleada menos apegada al rigorismo prusiano se compadeció de nuestros rostros obstinados y les dio el OK sin más a los cuatro bultos. (Foto-montaje de al lado: mis varones Mauro Jorge, 23, y Jorge Antonio, 16, aprox. 10 años atrás.)

¡Qué felicidad! Ante nuestros ojos los fardos pasaron sin más trámite del mostrador a las manos del chófer de la furgoneta postal que los habrá conducido en 20-30 minutos al cercano aeropuerto de Colonia-Bonn.

Eso sin contar la angustia no menos newtoniana de las compras durante los días precedentes: cuatro pares de zapatos de hombre y mujer que debían pesar menos que uno solo de los poppies Adidas del Magno Paciente; un lío de puñeta con camisas, blusas, minifaldas y jeans, blúmeres (pantaletas), calzoncillos, camisetas, pañuelos... Al extremo de tener que cambiar uno de los dos jeans para mi hija por leggings y panties que aligerasen los primorosos alijos. Cuánta desazón...

¡Coño, desarrugad el entrecejo y acabad de comprenderme
de una vez! El Abicú debe concederse a sí mismo un break, una pausa ideológica en esta encarnizada "batalla de ideas" que viene librando. Al fin y al cabo, soy padre agredecido. Escuchad bien y comentadlo para que se divulgue:

"Gracias, Ramiro Valdés, cancerbero informático a cargo también del negociado postal, como pudo haberle retrucado a su despiadada Señoría su antiguo rival y actual jefe Raúl Castro poco ha cuando, por congénita maldad o torpeza literaria, elogiara Usted al ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias con ese epíteto de can del averno".

Fin del reconocimiento al Número Tres o Cuatro. (A propósito, y el comandante Juán Almeida, ¿enfermo? No se le vio durantes las exequias de Sergio del Valle.) Pues que siga no más "Ramirito" cumpliendo así las exigencias tecnocráticas del Hermanísimo, que goza de una fama de amante del orden y la eficacia que el Abicú desea ver en la proeza de los paquetes y que de otro modo parece no confirmarse aún en el año largo que va de Interinato. Porque, ya que estoy en Alemania, la proverbial eficiencia administrativa de los déspotas ilustrados prusianos, casi todos ellos de formación castrense, prueba que se puede ser a la vez buen represor y pasable administrador.


¿Que por dónde le entra el agua a este coco asociativo? Por el siguiente agujero analógico: a través de sus herederos de la extinta RDA, cuyo territorio y población correspondían a grandes rasgos a Prusia, el Abicú entendió por primera vez en su vida, a carta cabal, la diferencia semántica entre los verbos regieren (gobernar) y verwalten (
administrar), que siempre se le escapó al convaleciente Comandante en Jefe.

Todavía resuenan en mis oídos de intérprete los mordaces comentarios del Dr. Springer, anciano parco y flemático, y el Ing. Hans Riese, cuarentón locuaz y sanguíneo. Aquel veterano teutón, al que apenas le faltaba el monóculo para ser uno de esos nazis siniestros del cine antifascista, presidía una delegación de la industria del neumático. Pasando en auto por el puerto habanero, le llamaron la atención unos contenedores que creyó reconocer. Nos apeamos. Dentro se oxidaban unos equipos incluidos en un pedido de urgencia de los cubanos cinco años atrás. "
Está bien eso de no mirarle colmillo a caballo regalado... --observó, ladinamente--. Pero no montarlo ya es el colmo".

De visita a una planta camagüeyana, fuimos alojados en un apartamento prefabricado de las afueras similar al de mis hijos en Alamar. Era de noche y, al accionar el interruptor de la luz, no paso nada. Hans sacó una pequeña linterna de bolsillo cuyo haz de luz iluminó el centro del techo: del hueco brotaba un hilo de agua herrumbrosa. Al abrir el grifo del agua, se escucharon unos gorgorismos y el tanque del inodoro estaba seco. "Ninguno de esos desperfectos me asombra tanto como el hecho de que todavía quede gente aquí. ¿Será porque es una Isla?"

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[Echad un vistazo al breve vídeo para apreciar las consecuencias estéticas de la violación del principio de la división de poderes en arquitectura. Amén de pésimo modelo, mano de obra temporal. La inmensa mayoría llegaba sin haber puesto un ladrillo o revocado una pared en su vida. Yo, por ejemplo, era germanista.]



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Paseando por la calle San Lázaro (foto de abajo), el Dr. Springer se detuvo frente a una alcantarilla sin tapa y le espetó a su intérprete calvo algo así como que hallaba bien que Cuba contase con excelentes ortopedas, pero mal que dejásemos aquellas troneras abiertas al borde de la acera donde un viejo cegato como él podía astillarse una o las dos piernas de tan mala manera que ni las sofisticadas armazones de flejes de un Dr. Álvarez Cambra le devolverían la locomoción natural. "Gobernar es siempre más fácil que administrar, Herr Pomar. Métase Usted eso en la mollera, por favor".

Los huéspedes de la RDA no escatimaban críticas a nuestro socialismo caribeño. Y aunque a veces me les reviraba, aprendí la lección. Aparte de las lecturas, esos dos entrañables teutones del Este, plus otros didácticos prusianos que conocí confinados detrás del Muro de Berlín, fabricaron la mitad de las herejías que pondrían en el índice a este renegado en el PCC primero, en la disidencia activa después y, finalmente, ya desterrado, en las actuales páginas de El Abicú Liberal.

A diferencia de mis peludos contertulios de la RFA quienes, económicamente mucho más desarrollados que los erredeanos (de la RDA) solían hacerme enmudecer de estupor rematando nuestros diálogos doctrinarios con un suspiro después de haberme congratulado porque "...a vosotros
al menos os queda la esperanza. En nuestra decadente Europa Occidental, ya hemos perdido todos los ideales revolucionarios, anestesiados por el consumismo turbocapitalista". Tiradas por el estilo que siempre me dejaban boquiabierto, preguntándome enseguida, presa de ira, dónde estaba esa jodida gallina ponedora de huevos de esperanza para retorcerle el pescuezo.

Sí, hay que aprender con los chinos a distinguir entre retórica gubernamental y administración de bienes, sin que eso quiera decir que el Abicú prefiera la vía asiática. Aunque posiblemente no andaría por estos gélidos parajes nórdicos si Fidel no hubiese abominado de Gorbachov y su glasnost-perestroika a fines de los 80 u optado por el modelo chino de desarrollo económico sin apertura política. O tal vez aun así habría ido a dar con sus huesos sucesivamente en la cárcel y (suerte mediante) el exilio. ¿Quién sabe? Aguas pasadas no mueven molino...

¡Eh!... ¿Me salí del tema? Perdón. A fin de
evitar malentendidos, quería aclararos que, al ritmo que van y con la edad promedio que se gastan esos halcones de la alta nomenclatura histórica, yo no le veo condiciones a nuestro team estatal emergente ni siquiera para enrumbar en serio por la senda de Deng Xiaoping. Los Lage, Pérez Roque, Alarcón son ceros a la izquierda para el Abicú: tan pronto el Uno y el Dos ya no estén, los talibanes no mandarán ni en sus casas, ni siquiera con la venia del Tres y el Cuatro.

Retomamos el relato postal donde lo dejamos. ¿Cómo decís? ¿Que por qué esa cuádriga alada de bultos de dos kilos? ¿No podían ser de cinco o diez, para enviar sólo uno o dos paquetes con más pacotilla? Bueno, mirad, el envío a la Isla de un bultito postal de dos kilos (30 x 30 x 30 cm, poco más que una caja de zapatos) viene saliendo en 25,80 euros a pagar aquí, más calderilla en moneda nacional allá. Por vía aérea. Por la marítima, que cuesta más o menos la mitad, Laura y Mauro habrían tenido que seguir esperando hasta las calendas griegas.

Ventaja: no hay que acudir al consulado cubano en Bonn a notificar el contenido y, desde luego, abonar una
tasa adicional en divisas (por sabe Dios qué servicios) igual o superior al porto, como sucede con todos los bultos de más de dos kilos. Desventaja: a diferencia de los más pesados, los bultos de dos kilos son "sin garantía de entrega", léase, a riesgo del remitente.

Nota bene: de acuerdo a una circular oficial que obra en mi poder, sólo los funcionarios y cooperantes cubanos en el exterior --así como los amigos extranjeros del gobierno residentes en nuestro enajenante archipiélago-- están exentos del pago de derechos consulares por concepto de envío de bultos postales. Un estímulo para ellos equivalente a un desestímulo para todos los cubanos residentes allende los mares que no llenen dicho requisito discriminatorio.

Ello, vale señalarlo, con independencia de la lealtad o deslealtad que profesen estos últimos por la Revolución. Donde se aprecia un elemento de equidad político-ideológica de masas no del todo desdeñable. Por ejemplo, al Abicú, "gusano" de marca con locomoción por orugas ("escuálido", como llaman a mis correligionarios en Venezuela) le asisten los mismos derechos que a cualquier inocente migrante revolucionario o apolítico.

Visto que los sastres fiscales castristas nunca dan puntada sin hilo, el controversial amago de equidad anterior se ve compensado por una demanda de calidad del envío postal equivalente a un castigo pecuniario adicional a la plebe migratoria. Castigo que, enseguida veremos, viene a ser inversamente proporcional al nivel que ocupe el residente en la escala de pobreza local. A saber, la Empresa de Correo de Cuba no admite bajo ningún concepto prendas de tiendas second hand dentro de bultos postales procedentes del extranjero. (De donde se deduce que los abren, al menos aleatoriamente.) Todo ha de ser brand new, nuevo de paquete.

Medida higiénica y comercial a un tiempo, pues evita por un lado cualquier posible transmisión de enfermedades a los parientes en la Isla. Y por el otro, impide una segura merma correlativa en el volumen de ventas de las monopólicas shoppies. (Foto de al lado. Shoppy.)

Dicha cadena de tiendas estatales área "fula" (dólar o CUCS, chavitos locales convertibles de arbitraria cotización) se encarga
con precios leoninos de desvalijar a esos mismos familiares cuando adquieren los artículos de quincallería que les vende el gobierno a cambio de las remesas en dólares o euros de sus parientes en el exterior. Ya antes de comprar, en el exchange les tumban un 10-20 por ciento. Negocio redondo: el banco gana y llora; el punto pierde y ríe.

Del lobo un pelo. De antemano advertí a mis hijos de que no sería más que eso, un ensayo en grande, a ver si... Dadas las circunstancias, el experimento fue un éxito y los paquetes llegaron. Epur si muove. Cierto, no mucho, casi nada, pero algo empieza a moverse. Y si algo se mueve en la buena dirección, por poco y dudoso que sea, el Abicú arrima el hombro y empuja...

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Chiste popular cubano:
Pregunta: "¿Cuál es la diferencia entre las tiendas del pueblo y las shoppies?"
Respuesta: "En las tiendas del pueblo, te toca de todo pero no hay casi nada. En las shoppies, hay casi de todo pero... ¡no te tocaaa!"

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Pienso repetir la experiencia, paquete a paquete o de dos en dos, por si las moscas. ¿Resultado de la campaña de moralidad administrativa anunciada por enésima vez por el Hermanísimo? Ignórolo, pero casuísticamente, con todas sus deficiencias,
lo ocurrido representa un salto cualitativo.

Comparad: a fines del siglo pasado conseguí a duras penas que el Deutsche Post reclamara de vuelta dos cajas de diez kilos para que mi hermana no tuviese que desembolsar los doscientos y pico de dólares por cada una que, además del elevado porto en marcos pagado acá, exigía allá nuestra inefable aduana nacional. (Foto de al lado: tienda de víveres racionados.)

El Abicú, hombre agradecido y tolerante, se ha granjeado cierta fama de radical, de tipo recalcitrante. Merecida y asumida, pero sólo dentro de esa curiosa escala clasificatoria que considera tal a todo aquel que en la actual coyuntura insular coincida con Bush, Aznar y Havel en eso de preferir la libertad a la estabilidad.

Tampoco es del todo culpa suya. Sus internados escolares y la propaganda del régimen, aquella militancia marxista de once años en el PCC y, en particular, su aventura militar en Angola en 1975, lo moldearon como es. De ahí que, en no existiendo en la Isla una masa crítica popular capaz de forzar el cambio pacífico, insista en apostar al papel de la violencia como partera de la historia.

Ahora bien, si me preguntáis si estoy dispuesto a firmar un pliego de peticiones tan modesto como
, pongamos, aumentar la cuota mensual de huevos en una o dos posturas; la de carne de res a un kilo; o reconocer el derecho de los cubanos a entrar y salir de su país sin "tarjeta blanca" o fundar empresas particulares; en fin, lo que se os ocurra por esa cuerda, lo rubricaría sin pensármelo dos veces.

Sin moverme de donde estoy pero con el mismo embullo escéptico con que,
cuando aún tenía el carné del partido en la cartera, firmé la famosa Carta de los Diez, una reforma moderada que ni en el fondo ni en la superficie atentaba contra el sistema ni contra la élite en el poder. El que aspira a lo mucho debe aceptar, siempre que no sea todo, lo poco a la espera de más. Sobre todo, por el bien de los de allá.

Con dos meses de retraso pero ya sé que serán Laura Selis y Mauro Jorge, no unos desconocidos hijos de oscuros funcionarios subalternos corruptos o de vulgares rateros callejeros, quienes lucirán Rampa arriba y abajo las prendas que su padre, con mil amores revueltos con incertidumbre postal, escogiera una por una para ellos y sólo para ellos en varias tiendas colonenses. (Foto de al lado: heladería Coppelia en 23 y L, corazón de La Rampa.)

Ahora sólo cabe exigirles a las autoridades cubanas que extiendan la franquicia de marras a los bultos de mayor peso y eximan también de tasas consulares al proletariado migrante, permitiéndoles además a los más menesterosos el envío de prendas de uso previamente lavadas. O al menos garanticen la entrega a los destinatarios en la Isla, mejoren la eficiencia y acorten los plazos. En todo caso, invito a mis lectores de la Diáspora a correr el albur, a enviar paquetes de dos kilos a vuestros parientes y amigos en Cuba y a insistir en que les sean entregados en tiempo y forma. Todo es posible en nuestra impredecible Isla de la Siguaraya.

Cierro este inusitado Thanksgiving al correo castrista con una anécdota kafkiana ilustrativa. En catorce años de exilio sólo he estado La única vez en la Isla. Me dieron 21 días prorrogables a 28 pero, temiendo volver a involucrarme, pagué 100 dólares a Iberia por adelantarme el pasaje una semana antes de vencerse el plazo ordinario. (Foto de al lado: vista del Malecón de oeste a este.)

Molesto por haber tenido que entregar el pasaporte cubano (por fortuna, ya poseo uno de la RFA) en consigna al personal de un quiosco bajo los soportales de la calzada de Jesús del Monte, a la entrada de la shoppy situada en una esquina del antiguo Mercado Único, protesté informalmente a la salida ante la administradora, una blanca con pinta de militante desengañada como yo a fines de los 80.

"Suponga --le dije al final de una breve cadena argumental-- que sus empleados me traspapelan el pasaporte, único documento de identidad en mi poder, o que unos maleantes asaltan el timbiriche a punta de revólver y arrasan con todo; suponga que..." Ahí alzó la mano y me paró en seco con una frase antológica: "Señor, en este país no se puede suponer nada".

16 comments:

Anonymous said...

albricias! a mi ya me han desfalcado dos de los 5 que he enviado en el pasado reciente. 3 llegaron pero uno bajo de peso, parece que por el viaje.
Que suertudo es este abiku!

Anonymous said...

Me alegro por usted y sus hijos. Valiente declaración de agradecimiento en la contaminada red digital. Sin embargo, no creo que se merezcan las gracias ni el Hermanísimo no la otra camarilla de ladrones institucionales. Probablemente esa funcionaria se quiso "congraciar" con los que, teniendo familiares en el exterior, serán los que menos mal salgan en la debacle económica y social que se avecina, con la desaparición de la tiranía. Es muy posible que espere alguna muestra de agradecimiento por su buen comportamiento de parte de sus afortunados retoños. De todas meneras, muy simpática la anécdota de la ausencia de suposición en la islita, así que dejo yo también de suponer. Un saludo. Esperamos más.

Anonymous said...

Pomar yo también fui testigo en los 80 de "fábricas completas" oxidandose en varios terrenos del puerto. Containers y enormes cajas de madera que reventaban gracias a la lujuria del trópico y que dejaban ver partes empacadas, cuerpos yertos, medio oxidados, medio nuevos, medio "canibaleados", de maquinarias industriales que ni sé que serían, pero que seguro costaron muchísimo. Y no creo que fueran un caso aislado porque en menor escala en los 70 ví también "cosas" parecidas en la Isla de Pinos, en dirección La Fé-Júcaro.
Saludos
rey

Anonymous said...

EXcelente; voy a probar yo tambien con un paquetito, siempre me han dicho que no se podia mandar nada por correo, ni siquiera cartas, pues no llegan, eso me paso en los 70 de aqui de Francia mande varios correos y nunca fueron recibidos alla, increible esperar mas de 30 años para poder mandar un paquete de dos kilos, veremos que pasa.

Anonymous said...

EXcelente; voy a probar yo tambien con un paquetito, siempre me han dicho que no se podia mandar nada por correo, ni siquiera cartas, pues no llegan, eso me paso en los 70 de aqui de Francia mande varios correos y nunca fueron recibidos alla, increible esperar mas de 30 años para poder mandar un paquete de dos kilos, veremos que pasa.

Anonymous said...

yo también probaré, ya le dije a la vieja en Alamar, que si tiene problemas que mencione en la oficina de correos el nombre de San Abikú. El lema nuevo a proponer a los correos de Cuba-Hay que tener FE (Familiar en el Extranjero) y confianza, que todo llega.

Ya contaré si llegó

Armando

Anonymous said...

a la segunda va la vencida, pero de todas formas una pregunta: no puedes abreviar un poco? estos no son post sino novelones. Pierde mucho la historia con ese afan de detalles superfluos.

Jorge A. Pomar said...

En cuanto a la sugerencia de acortar los artículos, la agradezco. Pero, en primer lugar, esto es una bitacora y yo no obligo a nadie a leerme. Al lector interesado sin tiempo siempre le queda el recurso de pasar página, leer entre líneas o saltándose pasajes enteros.

Uno de mis objetivos al crear este blog, sicológicamente el principal de ellos, es poder expresar lo que siento tal como lo siento. Únicas concesiones al lector: esmero, seriedad, voluntad de estilo.

Por eso, habrán notado que suelo corregirme a posteriori. Ccepte sugerencias y artículos ajenos siempre que estén bien redactados y tengan algo que aportar. Tal vez el lector aludido pueda enviarme textos más breves y amenos. Se lo agradecería. Pero yo soy yo y nadie más que yo.

Otras bitacoras son más entretenidas. Yo mismo las leo a diario. En la mía ya todos saben a qué atenerse. No aspiro a complacer al gran público.

El Abicú

Anonymous said...

Estimado Abicú, es cierto que nadie está obligado a leerte, pero qué sentido tiene entonces que la gente no te lea, si lo publicas con ese propósito. Me imagino que tú leído y escribido conoces las mínimas leyes de la redacción y la comunicación, por lo que debes saber que todos esos mamotretos son indigeribles con esa longitud y reiteración. No sé por qué insisites y te pones caprichoso. Tú eres un muchacho inteligente, compadrre.

Anonymous said...

Como pasa muchas veces, si no gusta el contemido se arremete contra la forma. Ya me imaginaba que decir algo bueno de "adentro" era problemático. ¡Más corto no siempre es más entretenido!

Anonymous said...

Me disculpo por la errata. Escribí contemido por contenido.

Anonymous said...

Anónimo 17.43. Usted confunde la gasolina con la alpargata. No es el contenido, ni porque sea bueno o malo lo de "adentro", se trata de disfrutar un texto de una manera más fluida. Abicú tiene el soberano derecho de escribir lo que le venga en gana, que para eso es su blog, pero tratándose de textos bien pensados e interesantes, se les tuercen al final por demasiada floritura y reiteración innecesaria.

Además parece que tanto usted como el Abicú desconocen que las leyes de la percepción en internet son otras, que no la del medio impreso, por lo que los textos deben ser lo más precisos y sucintos posibles para evitar el cansancio visual producto de la pantalla del monitor. De eso se trata.

Anonymous said...

Abiku escribe como quieras que este es tu blog. Escucha las sugerencias y si te parece ok las asumes, como hasta has hecho siempre, que se vé. Al final al que no le cuadre que se valla a leer a otro lado por el mundo ancho y ajeno
Caballeros dejen los pataleos infantiles que esta es la casa del abiku.

Anonymous said...

Eso y al que no le guste: A llorar al parque! o que se vaya pá la Plaza!
Roke

tu sobrinita.it said...

tío, es muy bueno lo que escribes. Un beso.Me gusta mucho, ¿quizas porque soy tu sobrina? No lo creo, creo que es porque las cosas que escribes las has vivido y las sientes. No importa lo que otros digan... Creo que la verdad se dice de muchas formas y todos tenemos formas de decirla, y todos tenemos el derecho de decirlas como nos sea mejor. Me alegrado leer tus artículos, tus cuentos, tus anécdotas, me hacen vivir y cada día esperar lo mejor.
Una de tus sobrinas. Enhorabuena algo que vale la pena.

tu sobrinita.it said...

disculpa mi español, tío, como se dice " como se me ocurre" Bueno, es que escribo muy rápido, quería decir: Me alegró leer tus...