Tuesday, 4 September 2007

¿Y si Dios lo perdona?

Por Roberto Madrigal, Cincinnati

Roberto Madrigal (nac. 1950, La Habana). Narrador, ensayista y crítico de cine. Reside en Cincinnati, donde ejerce como psicólogo. "Marielito" él mismo, en su novela Zona congelada recogió las experiencias de su generación durante los meses de aquel dramático éxodo del 80. Con motivo del 27 aniversario del cierre del Mariel como puerto de emigración el 28-09-1980, el Abicú inserta en la entrada anterior su reseña, publicada en la Revista Encuentro, de la citada novela.


Yo no quiero que Castro muera ahora. La muerte por causas naturales de un octogenario que por casi medio siglo ha destrozado el tejido social de Cuba, asesinado y encarcelado a disidentes, a enemigos y a inocentes, que ha separado familias y amistades y que ha empobrecido al país a niveles inimaginables, me parece una injusticia, un castigo metafísico.

Morir de ese modo sería lo mas conveniente para él y sus seguidores. Imaginen el despatarre que se hubiera formado si se hubiese muerto de repente, en medio de un discurso. La fraternal transferencia de poderes no habría sucedido de manera tan sosegada.

Ahora que el hombre que tanto cultivó su tótem, que perfeccionó el culto a la personalidad (la suya) y que siempre se preocupó por encarnar al ideal griego del semidiós, está hecho un viejito enfermo y desvalido, yo le deseo que se prolongue su agonía.

Que se cocine en sus heces y tenga que enfrentarse a la furia de sus intestinos revolucionarios y vengativos. Que sufra la humillación de no poder valerse por sí mismo. Ahora que ha demostrado el terror que le tiene a la muerte, que sufra su asechanza indefinidamente.

Yo que quiero creer en Dios y no puedo, que me crié católico pero que de aquella fe he renegado hace mucho, quiero ver cómo empieza a expiar sus pecados allá en nuestro paradisíaco Valle de Lágrimas insular, diz que “modelo de la Humanidad”.

Cuanto más se prolongue su “penosa enfermedad”, tanto más su fetiche rescatable será la figurilla consunta del ancianito decrépito, cada vez más extraviado en su mono de Adidas, hablando sandeces en una voz apagada y carente de autoridad. Que su memoria sea el hedor.

Mientras mas esto se alargue, su elaborada imagen de guerrillero, de Comandante en Jefe siempre ordenando, quedará como una entelequia. Si el pueblo de Cuba para actuar, tiene que esperar pasivamente su desaparición física, eso es solo índice del inmovilismo social, cómplice de este proceso en mucha mayor medida que la eficiencia de sus mas celosos gendarmes.

Ello da pie a pensar que al final el futuro de Cuba podría tal vez, quién lo sabe --líbrenos de esa nueva desgracia en ciernes Dios, el Destino o el Azar-- parecerse mas al de Corea del Norte bajo Kim Jong Il que al de China bajo Den Xiaoping.

Por otra parte, dejo a los creyentes esta interrogante: ¿Y si en el ultimo minuto de su vida, callado y sin que nadie se entere, Castro, en diálogo secreto con su Hacedor, se arrepiente sinceramente de todos sus crímenes y Dios, en su infinita misericordia, lo perdona?

¿Se imaginan Ustedes la sorpresa que se llevarán después de todo esto cuando, al cruzar las puertas del paraíso celestial, se topen con él allá arriba, alma inmaculada, feliz como una Epifanía, perorando por toda la eternidad?

2 comments:

Infortunato Liborio del Campo said...

La generación Y ¿se abroqueló?
Yo hubiera jurado que antes aceptaba comentarios y ahora ¿no?.

Elyoyo said...

Bueno, yo no se allá arriba pero al menos ya los que quedamos aqui abajo descansamos de esos dircursos laaaaaargggoooooossss
Saludos
el_yoyo
Mi Blog en: Jinetero... ¿y qué?