Sunday, 11 March 2007

Alcance y límites de la apertura literaria en Cuba

Por Jorge A. Pomar, Colonia

En los albores del período romántico de la Revolución Cubana (1959-1970), tres autores cubanos ya difuntos expresaron con lapidarias frases sus aprensiones sobre el advenimiento de un sistema en que “el estado sería poesía y la poesía sería estado”. Uno de ellos se llamaba Oscar Hurtado y, al escuchar en un corro de literatos a uno de los presentes manifestar su esperanza de que por fin el estado se acordara de los poetas, acotó sin o con mala leche que tal vez lo mejor sería que las nuevas autoridades tampoco se ocuparan de los escritores. Años más tarde, el segundo, un tembloroso Virgilio Piñera sobre el cual pesaba el estigma de la homosexualidad pidió la palabra en el cónclave donde se estaba institucionalizando justamente lo que más temía el primero y dijo algo así como: “Sólo sé que tengo miedo.” Al tercero, Heberto Padilla, se le ocurrió poner sus dudas en blanco y negro en un poemario titulado Fuera de juego y experimentó en carne propia hasta el fin de sus días por qué había que tener miedo cuando el estado se ocupa más de la cuenta de la suerte de los escritores.

Más de 40 años después de la suspicaz réplica de Oscar Hurtado, el estado castrista sigue velando de cerca por la suerte de sus escritores y artistas, aunque ahora de una manera no tan severa como la que arruinó para siempre las vidas privadas de Virgilio Piñera y Heberto Padilla. La moderada (y ya trunca) apertura económica que vive la Isla desde principios de la década anterior tiene su correlato en un discreto relajamiento en la superestructura cultural. Hoy se escribe en la Isla una literatura menos comprometida con la línea oficial. Pero hasta el momento, pese a la insistencia oficial en sentido contrario, obras consideradas hipercríticas –entendiéndose por tales cualquier texto literario con un mensaje desfavorable al régimen– sólo ven la luz en el extranjero.

Dentro de la Isla los libros de los autores malditos del exilio están condenados a la ya tradicional circulación de mano en mano de un puñado de ejemplares introducidos de contrabando. Si bien por puro diversionismo literario se insertan poemas, cuentos o ensayos de escritores contestatarios del exilio en antologías oficiales con el fin de descaracterizarlos. Esta habilidad llega al refinamiento maquiavélico cuando se desempolvan textos que reflejan la identificación de un autor exiliado con el régimen en los primeros años de la Revolución. Otro recurso por el estilo es esa ya usual manifestación de necrofilia literaria consistente en reivindicar post mortem a autores repudiados en vida, como ocurre con Severo Sarduy, Virgilio Piñera, Gastón Baquero o Moreno Fraginal.

No obstante, hay que admitir que las nuevas reglas de juego impuestas por la dirección de la UNEAC y el Ministerio de Cultura han conseguido neutralizar a un gran número de escritores del exilio y de la Isla, frenando el éxodo de estos últimos por medio de un conjunto de medidas pragmáticas de gran efectividad resumidas a continuación:

1) Ampliación del margen de crítica tolerada tanto en la creación literaria como en la configuración de la imagen pública (autopercepción y autopresentación) de los escritores de la Isla, ahora en condiciones de asumir para consumo exterior poses de aparente libre albedrío y, por ende, reducir el abismo entre lo dicho y lo pensado. Lo cual sumado a su ya inveterada estrategia del silencio oportuno (el que calla no otorga, alegan), les permite salvar la cara y tranquilizar su propia conciencia esquizoide.
2) Pago de subsidios jerarquizados en moneda dura, que saca a los más creadores más desfavorecidos (aquellos con poco o ningún derecho de autor en el extranjero) de la asfixiante penuria cotidiana que sufre el cubano de a pie, equiparándolos con los estratos intermedios de la casta militar dominante, beneficiada por un tratamiento análogo.
3) Perfeccionamiento del sistema de premios literarios, que ahora se otorgan incluso a aquellos con viejas manchas de herejía intelectual en sus expedientes. Así, por ejemplo, un César López o un Antón Arrufat, han recibido el Premio Nacional de Literatura; y los más fieles, como Cintio Vitier o Pablo Armando Fernández, incluso el mayor homenaje de que puede ser objeto un escritor conformista residente en la Isla: una visita personal de Fidel Castro.
4) Concesión de licencias laborales por tiempo indefinido y permisos de residencia en el extranjero: un “exilio rosa” que hay que ganarse con una conducta ejemplar, regular o intolerable (se prefiere a los autores incómodos fuera de la Isla).
5) Libre comercialización: cada autor está en el derecho de promover sus obras en el extranjero y de agenciarse por esa vía las divisas indispensables para sobrevivir y crear en el actual socialismo dolarizado.

Este conjunto de recursos de emergencia, aplicados selectivamente, suscita recelos por parte de los halcones del PCC. Por más que, a primera vista, el haber dado a torcer su brazo in extremis por parte del régimen parezca abrir la compuerta a una estampida masiva, las duras realidades del exilio actúan como un disuasivo eficaz. Entre otras cosas porque, como bien saben los numerosos aspirantes, vivir de lo que da la pluma es difícil en Europa o Estados Unidos y, en cambio, muy cómodo en Cuba, siempre que le entren a uno un par de dólares de vez en cuando.

De hecho, en el mundo occidental son contados los escritores en grado de vivir exclusivamente de la creación. Las dificultades se tornan insuperables si no se domina la lengua extranjera a la perfección o no se llega ya avalado por un prestigio inicial o, en su defecto, se cuenta con la promoción en alguna editorial de punta. El escritor tránsfuga sabe que ha perdido su público natural. Peor aún, se arriesga a perder también el estro. Por si fuera poco, tropieza dolorosamente con la hostilidad de un estamento cultural europeo o iberoamericano dominado por una izquierda predispuesta en su contra. Claro, siempre puede probar suerte en Miami. Pero allí le aguardan el doble foso de la competencia de los que llegaron antes y la ingrata perspectiva de un brusco choque con su propio pasado de la mano vindicativa de sus antiguas víctimas en la Isla.

En este sentido, el puente de plata que le tienden las autoridades culturales cubanas es providencial. Por un lado, le brinda la oportunidad de ahuecar el ala sin quemar las naves. Por el otro, al concederle un margen de crítica, le facilita la coartada de adoptar una suerte de imparcialidad aderezada con poses patrióticas frente al manido tema del embargo. Si triunfa en los escabrosos medios editoriales foráneos –donde el talento no garantiza el éxito– o consigue un buen empleo afín, puede ponderar la posibilidad de quitarse la careta y dar por terminado su pacto con el diablo. He ahí el temor de los halcones del régimen.

Pero los maquiavelos aperturistas caribeños saben que, como norma, lo que da la pluma no alcanza para sentar reales fuera y, en cambio, sobra para vivir holgadamente en la Isla y seguir escribiendo sin los sobresaltos del capitalismo ni las penurias del socialismo, o sea, casi como un dirigente. Y en efecto: al menos aquí en Europa la mayoría de nuestros avispados escritores de la diáspora opta por conservar su prerrogativa de entrar y salir de la Isla como Pedro por su casa, conservar su vivienda –si la tiene– y su condición de miembro de la UNEAC. No falta quien esté aún inscrito en los CDR y hasta en la libreta de abastecimiento. Caso de fallar su estrategia neutralizadora, los sesudos de la reforma cultural se hacen a un lado y entran en acción los crueles halcones, que le enseñan los instrumentos al malagradecido tránsfuga: furibundos anatemas, excomunión personal en los medios de izquierda del orbe entero, confiscación de bienes, sabotaje a la reunificación familiar, ostracismo perpetuo...

Para entender cómo se refleja la reforma cultural en curso en la obra de los escritores cubanos conviene conocer la nueva preceptiva literaria oficiosa. Hela aquí en forma sucinta:

• Neutralidad: no está de moda escribir en pro ni en contra de las posiciones oficiales. El arte ya no es “un arma de la Revolución”: ahora basta con que apunte a otra parte o tire con balas de salva. Todos los escritores que se respetan (muchos no lo hacen) se han apuntado al criticismo light o al apoliticismo, condenado en el Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971 como “un punto de vista vergonzante y reaccionario...”
• Abandono del dogma real socialista del héroe positivo y el mensaje edificante. Se puede y suele dar una visión pesimista del presente y del futuro. Menudean las descripciones de militantes comunistas, policías y funcionarios corruptos.
• Renuncia a toda épica apologética, habida cuenta de que la realidad histórica desacredita cualquier idealización.
• Mayor margen de tolerancia oficial con la crítica a fallas del sistema. Insistencia en los aspectos más crudos de la vida cotidiana, con propensión (o no) a vincular los fenómenos negativos a los ingredientes capitalistas introducidos en la gestión económica o a la maldad intrínseca del ser humano.
• Interdicción de cuestionarse el poder central: no se publica nada que implique una crítica al Partido, el Gobierno, la Seguridad del Estado y mucho menos al Comandante en Jefe. Situación definida con un sabroso aforismo cubano: “Se puede jugar con la cadena pero no con el mono.” Si fallan los reflejos de autocensura, se recurre a la censura.
• Uso, a modo de gancho comercial o único, de un sexismo desaforado que busca enmarcarse dentro de los cánones del realismo sucio. Abunda el cliché de los cubanos como campeones del priapismo y el fuego uterino. Predominio del estereotipo de la jinetera y el chulo como personajes protagónicos en relatos insustanciales.
• Regodeo en temas antes tabuizados como la homosexualidad, la prostitución, el encanallamiento masivo de la población, la doble moral, las desigualdades sociales, la miseria y la escasez, la promiscuidad, el éxodo o la corrupción de autoridades subalternas.


Conclusiones

Bien miradas las cosas, al apostar abiertamente por el oportunismo y la doble moral, la nueva política cultural parece haber encontrado una solución “negociada” al problema del éxodo masivo de escritores. La oferta es tan tentadora que hace unos días su principal promotor, el ministro de Cultura Abel Prieto, declaró a La Jornada Virtu@l que “hace dos o tres años se detuvo el éxodo de creadores cubanos y algunos de los emigrados vuelven al país”. Sirva este dato como botón de muestra de la eficacia del mecanismo descrito más arriba, que ha abierto una válvula de escape especial para los escritores, una alternativa risueña a la traumática ruptura política abierta.

Por supuesto que el apoliticismo no es ninguna garantía de calidad literaria. Sobre todo porque –como antes el compromiso obligatorio– funciona casi como un ucase que sólo le deja al autor la alternativa de escribir a favor o de limitar su crítica al detalle intrascendente, lo cual viene a ser la misma cosa. Estas restricciones, aceptadas de buen o mal grado tanto por los escritores de dentro como por los del exilio rosa, impiden el enjuiciamiento integral de la sociedad apreciable en obras como Tres tristes tigres, de Cabrera Infante, Antes que anochezca, de Reinaldo Arenas y La nada cotidiana, de Zoé Valdés.

Con todo, al quedar descartada la crítica directa, se refuerzan la opción estética, la estilización, el discurso sesgado, la alegoría fina a lo Senel Paz en El bosque, el lobo y el hombre nuevo, en fin, un discurso literario más refinado. Por supuesto, talento de por medio, una virtud que, coqueteando con los límites fijados, Leonardo Padura derrocha en el género policíaco. Eso explica el mal disimulado silencio oficial que envuelve al autor de Pasado perfecto y Por lo general, no es ése el caso, desde luego. Pero, pese a carecer de mensaje y dimensión estética, hasta las más pedestres descripciones fotográficas de aspectos sórdidos de la cotidianidad cumplen una útil función de crónica social (ausente por completo en esa épica ideologizada al uso hasta hace poco, cuyo máximo exponente lleva el título más machista de toda la historia de la narrativa universal: La última mujer y el próximo combate, de Manuel Cofiño). En última instancia, esta vertiente pseudoliteraria también da fe de la decadencia de una literatura que se “jineteriza” a la par con la sociedad que la ha engendrado. Ya no se corre el riesgo de que la posteridad no pueda conocer a través de las fuentes literarias de la época cómo terminó el sueño romántico del 59.

En verdad, las ganancias de la reforma cultural en el campo literario no son todo lo que pudiera desearse. Pero, al igual que en la economía, tampoco dejan de ser apreciables. Por ejemplo, los permisos de salida ejercen un efecto liberador en las letras cubanas: por primera vez desde enero del 59 autores criollos viven largos períodos a título privado en el extranjero, rompiendo al fin el doble cerco de la insularidad geográfica y el enquistamiento totalitario. Si se quedan y rompen el cordón umbilical que los une a la Isla o, al contrario, optan por seguir haciendo malabares en la cerca, ésa es una decisión que depende de ellos y de sus circunstancias en el exterior. El éxito de la segunda novela de Abilio Estévez (otro de los herejes invitados a integrar la delegación oficial cubana a la FIL de Guadalajara) y sus recientes declaraciones han despertado gran expectativa en este sentido.

Por lo demás, renuentes a publicar bajo las nuevas reglas de juego (tolerancia-censura-autocensura) o imposibilitados de hacerlo por la escasez de papel y otros insumos, autores jóvenes en plena posesión de las herramientas del oficio literario, con tiempo de sobra y ya con poco o ningún compromiso con el poder, están escribiendo en la Isla con toda libertad (de momento, aún para la gaveta) y, de paso, labrándole a las letras cubanas el camino hacia cimas más elevadas. Y es cosa sabida que la literatura suele medrar precisamente allí donde la adversidad y la intolerancia aprietan pero ya no asfixian. Cuestión de esperar.

5 comments:

Kubalgie said...

Pomar! Bienvenido a la Blogesfera! Ya era hora!
Cómo siempre, muy bueno tu artículo!
Saludos
K

Camilo said...

Jorge, una verdadera y agradable sorpresa tu bitácora.

Interesantisima columna de opinión y EXCELENTE diseño minimalista.

Sospecho que me dejaré caer por aquí con muchisima frecuencia.

Un abrazo.

Jorge A. Pomar said...

Hola, Camilo:

¡Gracias! Bienvenido. Me estoy desayunando en la blogosfera y espero ir mejorando con la gentil ayuda de "Kubalgie"

Un abrazo.

Anonymous said...

Great Job, Pomar!
Carmen

David Chapet said...

Estimado Jorge.
Necesito comunicarme con Ud. y no encontre una dirección de correo electrónico en su blog. Su fuera tan amable, por favor contacteme a email siguiente: cubazoom [@] gmail [dot] com
Gracias, saludos.
David Chapet
(PD: puede borrar ese comentario sin relación alguna con su entrada de blog)