Monday, 13 August 2007

Servando González versus Carlos Wotzkow (I)

Una polémica personal reveladora del dilema existencial del exilio cubano: ¿disidente o agente?

[Nota aclaratoria del Abicú: La polémica aún en curso entre Servando González y Carlos Wotzkow refleja bien el clima de suspicacias y rivalidades predominante en el exilio. Por esa cualidad, y por ilustrar vicios retóricos aquí censurados, la reproduce hoy El Abicú Liberal. De paso, la violenta controversia muestra cómo temas insustanciales --en este caso una discusión sobre darwininismo y diseño inteligente-- degeneran en conflictos personales, remitiendo casi invariablemente a la real o imaginaria condición de agente de uno o ambos implicados.

El resultado final de todos estos entrecruces de imputaciones e improperios es, desde luego, la pérdida de credibilidad del exilio en general. Para gaudio del consabido tercero sonriente. Contra ese virus, diseño ajeno con fines diversionistas made in Havana o deformación de la personalidad individual, sólo hay un antídoto eficaz: divulgar todos los debates, sometiendo a las partes al juicio de la opinión pública. Es una manera de ir compilando una especie de ¿Quién es quién? dentro del caos de la blogósfera. De ahí el interés especial de El Abicú Liberal por hacerse eco de tales querellas.

Descontando algúna que otra diatriba gratuita --contra Raúl Rivero, por ejemplo--, no oculto mis simpatías a favor de Servando quien, si bien con su desbordante vehemencia, fundamenta wiempre sus opiniones y conjeturas en rigurosos análisis lógicos; resalta el carácter especulativo de sus artículos. No es el caso de Wotzkow, como el lector podrá comprobar a renglón seguido. Nos hemos tomado la licencia de abreviar el texto original de Servando (el de Wotzkow va íntegro), que los no iniciados pueden consultar pinchando aquí para leer, entre otras cosas, el intercambio de emails privados entre ambos ex amigos. Por lo demás, fórmese cada lector sus propios criterios sobre cada uno de ellos.]

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Carlos Wotzkow, ¿agente castrista?
Carta abierta a los lectores de Guaracabuya

Por Servando González, Estados Unidos


¿Quién es realmente Carlos Wotzkow?

Entre los oficiales de inteligencia circula el dicho de que, "Para los militares la primera vez es casualidad, la segunda coincidencia, y la tercera, acción enemiga. Por el contrario, para los oficiales de inteligencia no existen casualidades ni coincidencias. Para ellos, la primera vez ya es una acción del enemigo." Lo sorprendente es que rara vez se equivocan.

Y, según lo que él mismo afirma en varios de sus artículos, en la vida de Carlos Wotzkow existen demasiadas coincidencias. Algunas de ellas verdaderamente difíciles de explicar. Veamos:

1. Según datos aportados por él mismo en su biografía que aparece en Guaracabuya, Wotzkow es un ornitólogo cubano que en 1982 se negó a participar en un proyecto secreto que consistía en crear viruses transmisibles y usar aves migratorias para introducirlos en los Estados Unidos en ataques de guerra bacteriológica. Debido a que se negó a continuar participando en el proyecto, Wotzkow fue declarado "persona no confiable", y el Departamento de Seguridad del Estado le inició un expediente y lo mantuvo bajo vigilancia. Por esa y otras razones, Wotzkow decidió abandonar la isla, y ahora vive en el exilio en Suiza.( Carlos Wotzkow and J.A. Kemp "ICBMs in Cuba: Today's Threat" 2002)

En otro artículo Wotzkow explica cómo, durante los dos años que trabajó en ese proyecto secreto, observó personalmente a científicos cubanos trabajar en el proceso de creación de los viruses. Cuando algunos de los científicos se dieron cuenta de los verdaderos objetivos de su investigación, se negaron a continuar trabajando en las investigaciones, y esto motivó su expulsión. Debido a esto, Wilfredo Torres, Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba, concibió la creación de la Ley Especial 501, que declaraba a estos científicos "enemigos del estado", y los substituyó por trabajadores militares.

El centro en cuestión al que se refiere Wotzkow es parte del llamado "frente biológico". En otra parte de este artículo, Wotzkow explica que su experiencia de primera mano ocurrió en el Instituto de Zoología, donde trabajó desde diciembre de 1979 hasta marzo de 1982 en que fue expulsado.("West Nile Virus: Bioweapon or Divine Punishment?" by Carlos Wotzkow, Miguel A. Faria, Jr., M.D., Agustin Blazquez and Jaums Sutton, Nov. 22, 2002)

En otro artículo, Wotzkow cuenta que, "En 1980 el Dr. Fernando González viajó a Nueva York y a Washington junto al Lic. Hiram González y al técnico Noel González. Estos tres individuos, que nada tienen de trillizos, a no ser su idéntico odio (ampliamente declarado y confirmado por su empleo) contra el pueblo norteamericano, llegaron de regreso a Zoología enseñando muchas fotos. Habían estado en las instituciones más prestigiosas de la ciencia mundial (el espía invitado a registrar la casa propia) y volverían otras veces más. ¿Les queda alguna duda? Pues lo siento. Tres meses más tarde, comenzó a construirse en el Reparto Atabey el Frente Biológico y 10 meses después, salían por el techo (eran expulsados) 25 investigadores no confiables políticamente a engrosar las listas del ya desproporcionado desempleo." (Carlos Wotzkow, "Cría Castros y te matarán los cuervos".)

Aunque las referencias que hace Wotzkow son algo contradictorias, se infiere que, si no en el proyecto central, al menos trabajó por año y medio en actividades periféricas relacionadas con una operación castrista de guerra bacteriológica. Dadas las características supersecretas de tal proyecto, es lógico pensar que los participantes en el mismo hayan sido personas de total confianza del régimen y que, además, hayan sido sometidas a un riguroso chequeo de sus vidas, incluyendo su pasado, su familia, sus amigos, etc. Es difícil de explicar cómo Wotzkow, que luego demostró no ser confiable para el régimen, pudo escurrirse a través de tan fino tamiz y logró trabajar en el proyecto, aunque haya sido en su periferia.

2. Después de haber sido expulsado del Instituto, Wotzkow hace, según sus propia palabras, "dos aleccionadoras visitas a los calabozos de Villa Marista" [Cuartel General de la Policía Política del Régimen]. (Carlos Wotzkow, Biografía Abreviada, Guaracabuya). O sea, es detenido, conducido a la jefatura de la policía política castrista, alojado por varios días en uno de los calabozos de ese centro, e interrogado repetidas veces.

Es de todos conocido las presiones psicológicas que se ejercen en contra de los opositores en Cuba, y estas presiones se acrecientan cuando están detenidos en los calabozos de la seguridad del estado. El propio Wotzkow cuenta, tal vez basado en experiencia propia, como:

"...en Villa Marista, los presos cubanos parecen no tener nombres y por desgracia, aunque pueda parecerles absurdo, tampoco son llamados por un número. Allí cumplen cadena "el gusano" (tal vez un disidente de esta última generación), "el vende patria" (un pobre balsero fracasado), "el gallina" (uno que lloró durante el amañado juicio) "el cocalero" (uno que al parecer se negó a integrar Sendero Luminoso), "el mandarria" (un demente al que las autoridades del penal utilizan como violador según el aburrimiento y los niveles de sadismo) y muchos otros olvidados más." (Carlos Wotzkow, "El estereotipo es también culpable.")

"Imagínese que usted ha caído preso en Cuba por tener desavenencias con el gobierno (según mis fuentes, más del 42 % de los detenidos se raja al segundo día y le juran al instructor de los interrogatorios que lo único que querían era ganarse la pira pa' Mayami."). . . "Imagínese que usted es de los presos duros. De los más co que ha dado Cuba. ¡Sin discusión, Maceo era una pulga al lado suyo! Pues bien, ¿qué se hace usted cuando el oficial del MININT le pone a su hija adolescente frente a un inmenso negro con el miembro erecto y le dice: "por ahora ella sólo lo ve, pero si tu no cooperas, entonces hasta tu lo sentirás"? ¿Qué hace usted? ¿Coopera, o dejas que a tu hija la viole un energúmeno, que a lo mejor es otro preso, que quizás no tiene conciencia de lo que hace, y que a lo mejor está enfermo de SIDA y jamás pagará por sus actos?" (Carlos Wotzkow, "Atención: a la diáspora.")

A lo anterior bien pudiera añadirse, "Imagínese que usted ha caído preso en Cuba por tener desavenencias con el gobierno, y después de ser violado en una de las celdas de Villa Marista por uno de esos energúmenos, le enseñan el video en el que todo ha quedado grabado para la posteridad. ¿Qué haría usted? ¿Cooperaría con ellos en todo lo que le ordenen o se negaría, y dejaría que le mostraran el video a sus familiares y amigos?"

3. Wotzkow decide aprender a pilotar, y su instructor de vuelo es René González Sehwerert, oficial de la inteligencia castrista, quien años después es apresado en los E.U. como parte de la "Red avispa" y ahora cumple condena por espionaje en una prisión norteamericana.

"From:"Carlos Wotzkow"
To:gundlachi@hotmail.com
Date: Tue, 16 Jan 2007 19:13:10 +0100

Queridos todos,

En efecto, el tal Miguel Cossio parece ser el hijo del HP agregado cultural de la Embajada Mexicana. Los comunistas toman Miami. Pero hoy les traigo otra cosa. Según una afirmación de un agente de la CIA, el espía convicto René González, antiguo instructor de pilotaje de este servidor de ustedes, no es sólo espía, sino hijo bastardo de Fidel Castro." . . . "Yo compartí muchas horas de vuelo y de conversación con René y puedo asegurarles que el parecido va incluso más allá de lo que vagamente se observa en estas dos fotografías.

Con afectos.

Carlos Wotzkow.


Según los detalles aparecidos en el juicio, González Sehwerert (alias Castor), era un ciudadano norteamericano que se especializaba en compilar datos que enviaba a los servicios de inteligencia castristas sobre las particularidades y las actividades de los grupos políticos anticastristas en el exilio.

Es difícil de explicar cómo Carlos Wotzkow, una persona "no confiable" que luego es declarado "enemigo del estado" por el régimen, y que ha sido interrogado en Villa Marista, la jefatura de la seguridad castrista, logra establecer contacto y mantener relaciones de amistad con un oficial de la inteligencia castrista para tomar lecciones de vuelo. Según su propia confesión, durante su entrenamiento Wotzkow sostiene largas conversaciones con René González.

Es bueno recordar que el trabajo de todo oficial de inteligencia no es de 9 a 5 de lunes a viernes, sino 24/7. Es decir, los oficiales de inteligencia siempre están en activo. No existen records de esas conversaciones a las que se refiere Wotzkow, y la cabina de un pequeño avión es un lugar ideal para conversar con absoluta privacidad. Además, piloto de avión es una habilidad muy útil para un espía en el caso de que, en una emergencia, tenga que abandonar rápidamente el país en que opera.

Como dato interesante es bueno aclarar que Wotzkow nunca había mencionado sus relaciones personales con González Sehweret hasta después de que éste fue apresado.

4. En uno de sus artículos Wotzkow cuenta su salida de Cuba:

"Apenas dos días después de mi liberación de Villa Marista, un mulato que trabajaba para la Seguridad del Estado me dijo, en la tenebrosa oficina 070 del aeropuerto internacional José Martí, 'que si no me portaba bien y no les alertaba sobre los intereses de los gringos que trabajaban conmigo, ellos se inventaban la historia más inverosímil, la hacían gráficamente creíble, y me cagaban la vida'".

"Ya antes en Villa Marista me habían preguntado sobre el paradero de mi uniforme de Ranger, porque un tipo que se había hecho piloto deportivo, buzo, y tenía conocimientos de alpinismo no podía trabajar con norteamericanos mirando pajaritos. Por lo menos un aprendiz de espía debía ser." (Carlos Wotzkow, "Propaganda castrista: modo de empleo")

En este artículo Wotzkow añade dos nueva habilidades a la de piloto: buzo y alpinista, las que al parecer aprendió después de haber sido declarado "enemigo del estado". La más interesante es la de alpinista. Adiestrarse en las técnicas de alpinismo en Cuba, donde la montaña más escabrosa puede subirse a lomo de burro, no tiene mucha lógica, por lo que los alpinistas en Cuba no abundan. Pero el alpinismo puede ser una habilidad muy útil para un agente cuya misión requiera que resida en un país rodeado de montañas, cuya Fuerza Aérea mantiene un estricto control del espacio aéreo -- por ejemplo, Suiza.

5. Carlos Wotzkow abandona el país en 1992 y se ubica en Suiza. Poco después se casa con una ciudadana de ese país cuya familia "se desenvuelve en círculos cercanos a la policía federal, la inteligencia europea y la investigación balística de la industria militar." (Carlos Wotzkow "La Cuba de mañana: una mirada helvética" , 2 de octubre del 2004.)

El hecho de que, entre tantas mujeres suizas haya dado la extraordinaria casualidad de que un recién llegado al país establezca relaciones y luego se case con una mujer cuya familia es cercana a la policía federal, la inteligencia europea y la investigación balística de la industria militar suiza, es un coincidencia tan grande, que logró despertar la curiosidad de uno de los amigos de los parientes de su esposa. Como el mismo Wotzkow explica, "intrigado a su vez por su procedencia y entrada en esta familia", este oficial retirado de la inteligencia suiza le hizo algunas preguntas sobre el tema. (Carlos Wotzkow "La Cuba de mañana: una mirada helvética", 2 de octubre del 2004.) Los oficiales de inteligencia son gente muy suspicaz.

En "El extraño Encuentro de Jesús Díaz con la muerte", afirmo que todo intelectual cubano que haya tomado el camino del exilio después de 1990, y que en un tiempo demasiado corto haya llegado a posiciones prominentes en el campo de la cultura o el arte en el país que los acogió, es sospechoso.

Wotzkow tomó el camino del exilio en 1992, el mismo año en que lo hizo su amigo Jesús Díaz y, según sus propias palabras, poco después trabaja en una importante universidad. Además, no es fácil explicar cómo alguien que conoce de la existencia de un proyecto supersecreto de guerra bacteriológica de tal naturaleza, que se negó a continuar trabajando en él, y que, por esa razón, fue declarado enemigo del estado y es monitoreado de cerca por la policía política castrista, es autorizado a emigrar legalmente del país.

A diferencia de exiliados como el Dr. Emilio (Millo) Ochoa, ex-senador y signatario de la Constitución de 1940, que tuvo que trabajar por muchos años de taxista en Miami, Wotzkow pertenece a la generación del llamado "exilio de terciopelo", que entró al exilio por la puerta grande. Wotzkow nunca tuvo que trabajar de taxista, ni solicitar trabajo en una oficina de correos. A poco de llegar a Suiza comienza a trabajar en una Universidad.

"De mis méritos en la Universidad de Berna no tengo que dar pruebas a Servando González. Allí me gano mis frijoles en un mundo extremadamente competitivo y dinámico al cuál Servando González jamás pudo entrar." (Carlos Wotzkow, "Servando González: Arzobispo de Mazorra".)

Como veremos más adelante, después de haberse establecido en Suiza como exiliado cubano, Wotzkow sigue manteniendo relaciones con miembros de la inteligencia castrista fuera y dentro de la isla.

6. Mientras reside como exiliado en Suiza, Wotzkow mantiene relaciones amistosas con Jesús Díaz, un exiliado cubano de quien se sospecha que haya sido oficial o al menos colaborador cercano de la inteligencia castrista. "Jesús Díaz me explicó una vez por teléfono los motivos por los cuales no aceptaba los textos de Servando, que le rogaba insistentemente que le publicara algo." (Carlos Wotzkow, "Servando González: Arzobispo de Mazorra")

Según propia confesión, Wotzkow también mantiene contacto con oficiales de la inteligencia castrista residentes en Cuba:

7. "Queridos amigos, El trabajo que les adjunto va dedicado al ecologismo de Castro. Se lo debo a las informaciones de mis buenos amigos Agustín Blázquez y Graça Salgueiro, así como a gente vinculada a la inteligencia [castrista]. Por favor, publiquen y distribuyan como gusten." (Carlos Wotzkow" gundlachi@hotmail.com, To: gundlachi@hotmail.com [E-mail enviado a su lista de subscriptores], Subject: Para publicar, artículo alcoholizado, Date:Sat, 21 Apr 2007 15:08:09)

8. Otro contacto: "El autor acaba (aparentemente) de restablecer el contacto con un miembro del MININT de su más íntima confianza. Después de dos años de silencio, este graduado en contrainteligencia militar ha vuelto a dar señales de disconformidad con el sistema que le paga. El motivo del contacto en este caso, ha sido el ver mí nombre en un memo que "circula" actualmente en su área de operatividad.

"El "informe" menciona el "Manual Wotzkow para acabar con Castro", publicado por el "Opositor" (revista digital de Puerto Rico). Desde su publicación el 5 de Noviembre del 2005, 321 récords (en 4 provincias) de la policía política hacen mención del mencionado "manual". Unas 1,622 acciones de desobediencia civil ocurridas después de la fecha mencionada "pudieran" estar vinculadas al mismo." (Carlos Wotzkow, "MININT: ¿100% confiable?")

9. Otro más:

"Auténtico el sebáceo, como cuando le pidió a Raúl Castro que le autorizara a portar una pistola porque tenía tantos enemigos que no podía ni dormir ¡Pendejón!. Raúl Rivero con una Makarov 9mm (Nº 138 908 en el lateral derecho y fabricada en la Izhmek Izhevsky Mekhanichesky Zavod, según consta en documentos controlados a mi petición)." (Carlos Wotzkow, "La tristeza de Raúl Rivero")

¿Dónde están esos documentos, "controlados" a su petición, y quiénes le han enviado esa información a Wotzkow? Es obvio que los documentos están en Cuba, en los archivos del MININT, y sólo miembros de esa organización pueden haberle enviado la información a Wotzkow.

10. Otro:

"Imagínese que usted ha caído preso en Cuba por tener desavenencias con el gobierno (según mis fuentes, más del 42 % de los detenidos se raja al segundo día y le juran al instructor de los interrogatorios que lo único que querían era ganarse la pira pa' Mayami." (Carlos Wotzkow, "Atención: a la diáspora.")

Obviamente, las fuentes a las que Wotzkow se refiere son miembros en activo del Ministerio del Interior o de la Inteligencia castrista.

11. Otro contacto más:

"Yo, Carlos Wotzkow, ofrezco la suma de 10'000 dólares americanos al agente cubano que me facilite una lista con los más de 82'000 nombres de informantes regulares del MININT. A los que me crean tonto, sólo la aclaración de asegurarles que ya cuento con más de 2'000 nombres comprobables." (Carlos Wotzkow, "Oferta pública a los esbirros de Castro.")

Como los únicos que tienen acceso a esas listas son los oficiales del MININT, la única forma de que Wotzkow haya obtenido 2,000 nombres comprobables de informantes tiene que haber sido a través de uno o varios oficiales del propio MINIT.

12. Más contactos:

"Miren, en estos momentos en Cuba hay miembros del MININT que se juegan su vida mandando información al exilio. Esos, tienen 100 veces más co y capacidad de daño al régimen, que los que tanto lloriquean en sus comunicados. En estos mismos instantes, hay miembros de la inteligencia cubana (no ex-disidentes que lloran porque no pueden cobrar un cheque en la Western Union) que confían más en mí, que en esos panelistas de renombre y buenos modales de TV Martí." (Carlos Wotzkow, "Atención: a la diáspora.")

Es difícil de explicar cómo oficiales en activo del MININT puedan confiar en un exiliado supuestamente anticastrista.

13. Otro más:

"Una fuente digna de confianza [en el G2] acaba de confirmarme que 'las Damas de Blanco es un grupo bajo control de la seguridad y diez minutos después de que tomen una decisión ya el G2 está enterado. Blanca (Reyes) es dirigida cual marioneta con hilos desde una oficina del departamento 9 que tiene base en Madrid'". (Carlos Wotzkow, "Atención: a la diáspora")

¿Cómo se explica que un ornitólogo que fue declarado enemigo del estado castrista mantenga tantas relaciones amistosas con miembros de la DGI y el MININT? El sólo hecho de que haya tantos miembros de la inteligencia castrista que confían en Wotzkow, es razón más que suficiente para no confiar en él. [...]

Wotzkow el censor

Si nos remitimos a los e-mails que Wotzkow me envió antes y después de que yo publicara mi articulo sobre el libro de Behe, se evidencia que estaba tratando de evitar a toda costa que lo publicara. Para esto recurrió primero al consejo "Dos veces me anunciaste que estabas a punto de atacar al darwinismo con no sé qué conspiraciones políticas. Dos veces te recomendé, como amigo tuyo que soy, virar los cañones en contra del ambientalismo mundial.", "Pero igual, mi consejo ahora sería que hicieras "delete" a ese disparatado artículo que has escrito", y luego a la amenaza, "El e-mail que te adjunto es parte de mis records diarios, pues todo es registrado por si luego hace falta el memo. En él verás que no quería que te lanzaras contra algo que yo respeto".

Y, como vieron anteriormente, no es esta la primera vez que Wotzkow ha tratado de censurarme. Recuerden que con su falaz argumento de que, "Yo no escribiría contra un muerto, lo que no tuve valor de decirle en vida", se puso de parte de dos de sus supuestos enemigos, Carlos Estefanía y Elizabeth Burgos, cuando estos me censuraron mi artículo "El extraño Encuentro de Jesús Díaz con la muerte".

Pero, como veremos más adelante, esta no es la primera vez que, en su afán de censurar información perjudicial para el castrismo, Wotzkow se alía con los enemigos que dice combatir.

Hace unos años Juan Vivés (pseudónimo de Andrés Alfaya, un ex-oficial de la inteligencia castrista exiliado en Francia), sacó a la luz una información extremadamente dañina para el castrismo. Según Alfaya, su tío, el ex-presidente cubano Osvaldo Dorticós, le había comentado que Salvador Allende no se había suicidado, sino que Patricio de la Guardia lo había asesinado siguiendo órdenes de Castro.

A mí en particular no me sorprendió la noticia, pues tan sólo confirmaba un rumor que oí en Cuba hace muchos años. Además, recuerden que ambas, Beatriz y Laura, la hija y la hermana de Allende, se "suicidaron" en Cuba en extrañas circunstancias.

Cómo se imaginan, esta información es extremadamente perjudicial para Castro. Si esto se comprueba, los izquierdistas, socialistas y comunistas procastristas del mundo entero tendrían que meter la cabeza en un cubo. [...]

Los anteriores no son casos aislados. Por ejemplo, en un artículo que tituló "Opiniones para leerlas", Wotzkow contrapone a Montaner con Armengol:

"Carlos Alberto Montaner cree, en principio, que lo único que hace falta es esperar a la muerte de Fidel Castro para empezar a ver los cambios políticos dentro de la isla." . . . "Alejandro Armengol sabe que la dictadura en Cuba se mantendrá intocable durante años, aún después de la muerte del tirano." . . . "Carlos Alberto Montaner cree en la fuerza económica, política y moral del exilio cubano." . . . "Alejandro Armengol sabe, porque lo ve y lo palpa en el día a día de Miami, que el número de cubanos con dinero interesados en regresar a Cuba no pasará del 3%. Que las generaciones que han llegado a los EEUU después de 1989 son más pro-castristas que las que se han quedado en Cuba, y que el arsenal moral del exilio languidece con esa generación apaleada, insultada y desmoralizada por una abulia patriótica incurable."

¿Y, con quién se alía Wotzkow en esta diversidad de criterios? Por supuesto, con el derrotista Armengol, uno de los agentes de influencia de Castro que tanto critica.

"Por eso creo que Carlos Alberto Montaner, a pesar de ser un agnóstico convencido, es un fervoroso y perdido creyente." [Ojo: Wotzkow ya está a punto de acusar a Montaner de fundamentalista religioso.] "Por eso digo que Armengol no está errado (aunque me reviente el hígado). Armengol conoce la arcilla que moldea."

Wotzkow el agente castrista

Un concepto clave en la profesión de inteligencia y espionaje es el de "tradecraft", un término difícil de traducir al español, pero que esencialmente se refiere a las rutinas operativas -- el modus operandi -- que caracterizan a cada servicio de inteligencia en particular. Los especialistas en contrainteligencia afirman que basta tan sólo con observar por unas horas la forma en que actúa un agente u oficial de inteligencia, para determinar si éste pertenece al Mossad, la KGB, la CIA, el MI6, la DGI, o a otro servicio de inteligencia

Los servicio de inteligencia castristas han sido extremadamente eficientes en penetrar y comprometer las organizaciones anticastristas en el exilio. Ello se deben, esencialmente, a que, contrariamente a los castristas, los anticastristas no tenemos un país, ni fuerzas armadas, ni servicios de inteligencia que protejan nuestros intereses. Por el contrario, somos el minúsculo apéndice de un país controlado por las mismas fuerzas que pusieron a Castro en el poder hace más de 60 años y lo han mantenido ahí desde entonces. Pero, a pesar de todo su poder y habilidad, la inteligencia castrista ha sido incapaz de ocultar el tradecraft de sus agentes.

Las características más importantes del tradecraft de los agentes que los servicios de inteligencia castristas han infiltrado entre las filas del exilio anticastrista son:

  • 1. Todos muestran un odio visceral contra Fidel Castro,
  • 2. Este odio visceral no se debe al hecho de que Castro es un tirano sanguinario, sino a que es comunista,
  • 3. Según ellos, Castro llegó al poder con ayuda de los comunistas, y sigue siendo un agente al servicio de Moscú y del comunismo internacional,
  • 4. Nunca critican al exilio tradicional,
  • 5. Se acercan a figuras del exilio tradicional y alimentan sus egos,
  • 6. Son simpáticos, agradables, y prototipos del "cubanazo",
  • 7. Algunos de ellos, como Juan Pablo Roque y René González, son pilotos de aviación -- una habilidad muy útil en el caso de que haya que abandonar precipitadamente el país en que operan para ir a refugiarse a 90 millas.

En el caso de Carlos Wotzkow, podría añadir algunas características, evidenciadas en los artículos en los que me ataca, que apuntan directamente hacia La Habana: En Cuba, Castro sistemáticamente ha acusado a sus opositores de locos (los internan en Mazorra y en otros centros psiquiátricos), de fanáticos religiosos, y de homosexuales. No hay que olvidar que las UMAPS no sólo eran campos de concentración para recluir a homosexuales, sino también a no-homosexuales acusados de homosexuales por oponerse al castrismo, y a minorías religiosas que se oponían al régimen, tales como los Testigos de Jehová.

Los únicos epítetos que hasta ahora Wotzkow no ha usado contra mí son "lumpen", "escoria", y "gusano", pero, como fiel imitador de su Máximo Líder en Cuba, no me sorprendería que lo hiciera en cualquier momento.

¿Pánico en la DGI?

El segundo artículo que Wotzkow escribe contra mí, "Servando González: Arzobispo de Mazorra", alcanza un extraordinario nivel de agresividad y vituperio. Y aquí cabe uno preguntarse, aún si todo lo que Wotzkow dice de mí fuese cierto -- que no lo es --, ¿alquien podría pensar pensar que soy una persona peor que Fidel Castro o su hermano Raúl? Sin embargo, una simple ojeada a los múltiples artículos en los que Wotzkow menciona al tirano y a su hermano, muestra que ninguno de estos alcanza el nivel de agresividad y vituperio expresado en los artículos en los que me ataca, en particular el segundo. Por consiguiente, algo debe haber en mis artículos que desató esa guerra de tierra arrasada contra mí de parte de Wotzkow y sus mentores, al punto que los hizo cometer dos graves errores.

Al final de mi artículo "Evolución en la revolución", uso el ejemplo de cómo los corredores de toros en Pamplona se valen de un periódico enrollado para lanzar al toro en una pista falsa, y luego aclaro que,

"Lo que quiero destacar con mi metáfora del periódico es que, de la misma forma que los conspiradores inventaron el comunismo soviético y lo mantuvieron vivo artificialmente hasta que se desplomó (véanse los libros del profesor Antony Sutton Wall Street and the Bolshevik Revolution y National Suicide: Military Aid to the Soviet Union) y luego crearon la AlemaniaWall Street and the Rise of Hitler), destruir los periódicos ideológicos no resuelve nada si no acabamos con la fuente. Si mañana mismo desaparecieran del planeta el comunismo y el fascismo, los conspiradores crearían de la nada otras ideologías semejantes. De hecho, ya vimos que, según el documento del SRI, planean convertir a la humanidad al gnosticismo." nazi (léase del propio Sutton

"Por muchos años los cubanos anticastristas del exilio -- y debo aclarar una vez más que me refiero a los de verdad, no a los agentes castristas infiltrados en el exilio -- , cegados por el meme anticomunista, no han querido ver quiénes son sus verdaderos enemigos. Este ha sido un grave error por el que hemos pagado perdiendo todas las batallas contra Castro. Afortunadamente, según lo que he leído últimamente en la prensa y en las páginas de Guaracabuya y otros sitios web, más y más cubanos están descubriendo quiénes son y han sido sus verdaderos enemigos todos estos años."

O sea, que lo que propongo es un cambio de estrategia en la lucha contra el castrismo.

Según mi teoría, las fuerzas poderosas que pusieron a Castro en el poder, y que lo han promovido y protegido todos estos años, nunca han estado en el Kremlin, sino en Wall Street.

Por supuesto que, aunque basada en abundante evidencia, esto no pasa de ser una teoría. Es más, puede que mi sugerencia sobre cuál deba ser la nueva estrategia a seguir no sea la más adecuada. Pero lo que nadie se atrevería siquiera a afirmar es que la estrategia usada durante casi medio siglo en la lucha contra Castro ha sido efectiva. La prueba de que no lo ha sido es el hecho de que todavía estemos aquí en el exilio, mientras Castro se mantiene en Cuba. Pero, ¿quién es la persona que se beneficia directamente con que los cubanos anticastristas del exilio sigan empleando una estrategia inefectiva en su lucha contra el castrismo? Obviamente, el único beneficiado es Fidel Castro.

Por consiguiente, es probable que los oficiales de la inteligencia castrista que monitorean de cerca Guaracabuya se hayan preocupado ante la amenaza que representa mi teoría, y decidieron neutralizarme intelectual y moralmente para evitar que más cubanos descubran quiénes son sus verdaderos enemigos. Pero, como dije anteriormente, en su desesperación cometieron dos errores graves. [...]

En el mismo artículo, Wotzkow afirma que:

"Jesús Díaz me explicó una vez por teléfono los motivos por los cuales no aceptaba los textos de Servando, que le rogaba insistentemente que le publicara algo. A la muerte de Díaz, Servando se desquito el agravio con el muerto, acusándole de todas las cosas que en vida no tuvo cojones de decirle. En un e-mail de Mayo del 2002 Servando me preguntó mi opinión sobre su artículo en contra de Jesús Díaz y mí respuesta fue clara: 'Yo no escribiría contra un muerto, lo que no tuve valor de decirle en vida'."

Pero, no creo que esto se ajuste a la verdad. En primer lugar, aunque Wotzkow no da una fecha precisa, pues se refiere a varias conversaciones amistosas, lógicamente esta tuvo que ser antes de la muerte de Díaz. Pero, antes de mi artículo sobre la extraña muerte de Jesús Díaz, mi nombre y los del director de Encuentro no aparecen relacionados en forma alguna. Por otra parte, me imagino que en los años que fue director de Encuentro, Jesús Díaz haya recibido cientos de manuscritos que decidió no publicar. Por consiguiente, la posibilidad de que mi nombre haya salido a relucir en una conversación entre Jesús Díaz y Carlos Wotzkow es una casualidad tan remota que no merece ni siquiera considerarse.

En segundo lugar, porque, conociendo a Wotzkow y la forma en que opera, si en mayo del 2002 Wotzkow hubiese sabido que yo le había enviado un artículo a Jesús Díaz, que este había rechazado por cualesquiera razones, en ese momento hubiese esgrimido ese argumento para destruir mi credibilidad, y no se hubiera limitado a hacer el estúpido comentario sobre no hablar mal de los muertos. Pero no lo hizo. Y no lo hizo, por la sencilla razón de que no lo sabía.

Por tanto, basándome tan sólo en deducciones lógicas a partir de la evidencia, voy a dar mi versión de los hechos:

Artículos como "El extraño Encuentro de Jesús Díaz con la muerte", y "¿Evolución en la revolución?" son el tipo de trabajo que a los oficiales de la DGI que controlan a Wotzkow no les conviene que lean los cubanos en el exilio y mucho menos los de la Isla. Por tanto, se dieron a la tarea de hallar algo que se me pudiera imputar para desacreditarme. Para ello movilizaron a sus numerosos agentes en el extranjero, entre ellos Annabelle Rodríguez -- la hija de Carlos Rafael Rodríguez que impúdicamente dirige Encuentro. Después de horas de búsqueda en los archivos electrónicos del difunto, hallaron el e-mail que le envié a Díaz en el que le adjuntaba para su consideración un artículo sobre la crisis de los cohetes de 1962. Annabelle se lo envió la a sus controladores en La Habana, y éstos a su vez le pasaron la información a Wotzkow.

Repito, no poseo evidencia documental que pruebe esta teoría. Por consiguiente, si alguien tiene elementos de juicio que provean una explicación mejor, le ruego la dé a conocer [...]



Thursday, 9 August 2007

Soledad, ¿cara o Cruz?

La mejor respuesta al “revolucionario riesgo de la verdad”: subirle la parada

Por Paloma Pardo, Madrid

[Paloma Pardo (nac. 1942, La Habana). Cardióloga en retiro. Reside actualmente en Guadalix de la Sierra, Comunidad de Madrid, España.]


Soledad Cruz se nos ha vuelto reformista. Y yo, que he visto tantas cosas en mi vida, no salgo del asombro. Abandonó su ostracismo de embajadora en paro y se nos aparece con un polémico artículo de corte aparentemente contestatario en una publicación fuera de Cuba. Nada menos que en Kaos en la Red, un sitio web plagado de estalinistas (en sentido literal), donde los lectores suelen rematar sus comentarios dándole vivas al padrecito genocida. Cosas veredes, Abicú, que te dejarán cenizo.

El artículo de Soledad Cruz, El revolucionario riesgo de la verdad, visto al trasluz y contraluz, sólo puede responder a una de dos: o Soledad tenía luz verde de los jerarcas del Partido para atreverse a tanto (aunque desde aquí nos pueda parecer tan poco), o la señora Cruz se llevó la roja actuando por su cuenta y riesgo y poniéndose la nomenklatura por montera. Aunque yo me inclino por lo primero, tampoco me lo juego a cara o cruz, porque al final resulta indiferente la motivación real que haya sentido nuestra reformadora de las postrimerías, de repente tan preocupada por los destinos del país.

Bien puede tratarse de una tarea oficial asignada como balón de ensayo, o quizás le haya dado un súbito ataque de honestidad. Ya lo sabremos. Pero en cualquiera de los dos casos, la intención del artículo de Soledad sería la misma: llevar de rebote a Cuba su propuesta y provocar el debate entre cuadros, funcionarios, profesionales, periodistas e intelectuales con acceso a la intranet. Es decir, crear un estado de opinión propicio a la posible implantación gradual de una economía de mercado según el modelo chino, pero limitada y dejando intacto todo el aparato represivo de la dictadura.

Las reacciones adversas no se hicieron esperar, pero significativamente no de parte del establishment. Saltó indignado Desiderio Navarro y le echó en cara a la “periodista estrella del Juventud Rebelde” su ceguera total en el pasado, tan distinta a su actual visión 20/20. Desiderio et al., atrapados en su burbuja gris quinquenal, están muy convencidos de que la lucha es más heroica cuando se combate a los fantasmones del “Quinquenio gris”. O del “decenio negro”, según quiénes y con cuál eufemismo rotulen aquellos años setenta y parte de los ochenta (de miseria romántica, realismo socialista y croquetas sputnik), en que la konsomola en ascenso llegó a ser la voz más alta de la prensa oficialista. Muy comprensiblemente, no le perdonan a la ex protégèe del ex poderoso Carlos Aldana que mientras ella vacilaba el socialismo, la mayoría de los artistas y escritores viviera siempre con su pecado original a cuestas, siempre bajo sospecha y siempre percibidos como culpables a priori.

Es verdad que la mayor parte de los intelectuales sufrió indecibles vejaciones durante ese período, o incluso antes y después. Pero igual o peor la pasaron los demás sectores de la sociedad cubana, muy especialmente en los medios universitarios, por no hablar de los que purgaron largas penas de prisión sólo por expresar abiertamente su oposición o simplemente su descontento. Eso que se llama pueblo, francamente, no parece importarles demasiado a nuestros laureados escritores y artistas, que nunca dejaron de lamer la misma bota con que los pateaban

Eso sí, hoy prefieren desquitarse con Luis Pavón o con Papito Serguera, dos sargentones de la cultura que simplemente ejecutaban instrucciones de sus superiores y, llegado el caso, podrían alegar en su descargo razones plausibles de obediencia debida. Ahora también le piden la cabeza a Soledad, que es apenas la anécdota y la mano frívola y visible, pretendiendo ignorar que la esencia de todos los males de Cuba sigue teniendo dos nombres pero un solo apellido.

Acorralan a la que antes no daba puntada sin hilo en su temible sección “Por el ojo de una aguja” y la conminan a escribir una semblanza autocrítica detallando sus vilezas de hace dos décadas. Sólo que para ser mínimamente coherentes, debieran ser igual de exigentes con quienes ostentan el poder real y aplastante. Si Raúl Castro se dispusiera mañana a adoptar un paquete de medidas similares a las adelantadas por Soledad, ¿se atreverían a pedirle cuentas de su negro pasado estalinista y exigirle un currículum minucioso de todas sus fechorías al jefe del jefe del jefe de la gacetillera devenida embajadora?

No parecen enterarse de que el llamado Período Especial, que ha abarcado el lapso de una generación, ha sido lo más oscuro de todo este casi medio siglo tenebroso. Tuvo entonces que ser un joven de 25 años, Jesús Laó, el que se diera cuenta de que las palabras de la señora Cruz esta vez encerraban algo nuevo y digno de tomarse en cuenta. Laó se informó con su padre acerca de la controvertida periodista y se fue a revisar periódicos viejos en la hemeroteca, para constatar entre otras cosas que en sus buenos tiempos Soledad le había dado un histórico halón de arete a Amaury Pérez Vidal. El joven se habrá divertido de lo lindo descubriendo que una velada acusación de mariquita había logrado desestabilizar políticamente al conocido cantautor, hijo de mamá y papá, que aparece hoy en todas las tribunas revolucionarias.

A Amaury, por su parte, no se le olvida lo del arete, aunque ha optado por echar al olvido las cosas peores que rajaba de él Silvio Rodríguez, el diputado de la Nueva Trova. Para el nene de Consue, una vieja enemiga sigue siéndolo aunque intente demostrar lo contrario. Desbarra de ella y su buena vida parisina, le quita el visón de un manotazo, la encuera y se la echa depedazada a la jauría ecologista. Ya de paso la emprende contra su ex protector Aldana, que en todos estos años ha estado en pijama, fuera del potaje político nacional. Naturalmente, es menos riesgoso hacer leña de un árbol caído que caerle a hachazos al viejo Caguairán, ese mítico quiebrahacha abatido por la historia y por la biología.

Hay que tener fe, que todo llega a tiempo para la venganza. Y hay que ser corto de vista y de honestidad para atribuirle el exabrupto mayestático contra la película Guantanamera a un pitazo de Soledad, y no a la manía de Fidel Castro de meterse en todo. En último caso, hasta cabría admitir como lógica la alarma sobre el divertido filme, dado que ni a Soledad ni a ninguno de los talibanes les faltaban sus buenas razones para sospechar una caricaturización irreverente del Máximo. Cuando en la pantalla aparece un charlatán enloquecido y autoritario, todo el mundo inmediatamente piensa que al personaje lo único que le faltó fue la barba. ¿No lo sabe Amaury, que se empeña en culpar de la represión a una figura menos que secundaria, en lugar de los dos máximos culpables?

A diferencia de Amaury y Desiderio, Laó no mató a la mensajera como hacían los reyezuelos ensoberbecidos con los emisarios portadores de malas noticias. En vez de darle una patada a Fidel en el trasero de Soledad, el joven captó rápido el mensaje y lo procesó, sin preocuparse mucho de su redacción y estilo deshilvanado. Mas, viendo que la ex embajadora se centraba demasiado en aquellos que tienen automóvil y casa pero no pueden disponer libremente de esas propiedades, lo adaptó a sus coordenadas vitales, a su yo y sus miserables circunstancias, y a las de sus pares generacionales.

Pues ni él ni sus amigos tienen casa ni carro, ni ninguno de los problemas de ese mundo clase media en que se mueve Soledad. Por no tener, ni siquiera tienen esperanzas de un futuro mejor. Intuyen por eso que, de seguir por ese rumbo, les espera la misma vida de perro que han llevado sus mayores todos estos años. Padres e hijos quieren que las cosas cambien. Y de darse la coyuntura, no pocos estarían dispuestos a hacerlas cambiar.

De ahí la importancia de ver el mensaje de Soledad como el borrador embrionario para un pliego de peticiones de mayor alcance. Su queja sobre el estalinismo en la prensa cubana no es menos verdad porque lo diga ella. Y sus propuestas son en general inobjetables, si se despojan del lastre de la retórica fidelista. Libertad para viajar al exterior, gestión privada en la agricultura y la gastronomía, propiedad real sobre viviendas y automóviles, libre trato con extranjeros, etc., son aspiraciones de muy larga data en Cuba, probablemente compartidas en silencio por un buen número de altos funcionarios del régimen.

¿Que por qué Soledad no dijo esas cosas antes?, se preguntan los Desis y los Derios, como si no supieran que por menos que eso acusaban a cualquiera de agente de la CIA y lo mandaban a unas largas vacaciones en Villa Marista, la tenebrosa Lubianka habanera. ¿O es que se les ha olvidado la suerte que corrieron hace más de quince años los firmantes de la Carta de los 10, cuyas reivindicaciones no eran mucho más radicales que las de Soledad? ¿Tampoco recuerdan que la mayoría de los miembros de la UNEAC contribuyó con su firma a machacarlos y a sellar su destino de parias políticos? No ya Soledad, ni el mismo Raúl Castro se hubiera atrevido a decirlo antes si realmente lo hubiera pensado.

En vez de atacar a Soledad por oportunista, hay que arrancarle a la loba un pelo y celebrar que haya elegido una buena oportunidad dentro de la actual situación creada por el interregno. De lo que se trata, más bien, es de completar lo que a ella le faltó. En Cuba, por poner dos ejemplos, las elecciones son una farsa ridícula de candidatos a dedo y las cárceles están llenas de inocentes condenados por opinar libremente igual que ahora lo hace ella. No estaría mal que nuestros intelectuales pidieran elecciones libres, o amnistía para todos los presos políticos, así como para un elevado número de presos comunes que sólo han cometido delitos económicos menores.

Sería una buena idea, pero eso los colocaría de hecho dentro de la disidencia. Y no se les está pidiendo tanta testosterona. Sí podrían, en cambio, exigir libre acceso a Internet para todos. O que la Asamblea Nacional deje de ser un órgano decorativo y se ocupe de los acuciantes problemas nacionales, dándole contenido real a esas sesiones coreográficas pro forma que siempre terminan en unanimidades triunfalistas.

Lo que importa, finalmente, es hacer valer el derecho de petición. Algo sobre lo cual la “rebelión de los emails” de hace unos meses sentó un importante precedente. Sin sobredimensionar su impacto y significación, fue sin duda un hecho novedoso en ese país de ciegos y sordomudos políticos. En cuestión de pocos días se puso en marcha una corriente de protestas mediante correos electrónicos que debió de poner nerviosos a los “insomnes centinelas” del Aparato. Al final, sabemos que todo se diluyó en un debate nostálgico sobre los excesos del “Quinquenio Gris”, pero hubo quienes aprovecharon la ocasión para presentar una agenda más exigente. Le subieron la parada.

De eso exactamente se trata otra vez: de subirle la parada, y por lo menos doblarla como en los juegos de envite. La mejor respuesta al artículo de Soledad Cruz es acogerlo, corregirlo y enriquecerlo. No hay que quedarse mudo y cruzado de brazos por el solo hecho de no simpatizar con Soledad. Más que nunca, conviene aprovechar de forma proactiva todo resquicio institucional para arrancarle concesiones al régimen y avanzar hacia la democratización, sin descartar por supuesto otras formas de oposición más frontal, como la campaña del “yo no coopero” o las protestas silenciosas y dignas de Las Damas de Blanco.

La lucha de la emergente sociedad civil debe librarse en todos los frentes. Teniendo en cuenta la excesiva capacidad de aguante de “nuestro pueblo” en todos estos años de “Período Especial”, no parece probable un estallido popular a corto plazo. Menos aún si mejoran los abastecimientos. De ahí que no sea mala táctica jugar a la vez dentro y fuera de la cancha, según las reglas y contra las reglas, a fin de sacudir la inercia y salir del inmovilismo.

Más nos agradaría un levantamiento o una huelga general que paralizara al país, pero eso dependerá de los que están dentro de la Isla y del rumbo que tomen los acontecimientos. Desde el exilio no tenemos más alternativa de intervención que apoyar a la oposición y advertir sobre el peligro del “pragmatismo” raulista.

El raulismo no es una fatalidad posible, es una realidad. Los cambios que se perfilan serán sobre todo de carácter económico, quizás con la inclusión de algunos aspectos sociales como los esbozados en el artículo de marras, pero sin hacer mayores concesiones políticas. El plan parece consistir en ofrecerle al pueblo más alimentos, pero no más libertades. De la disyuntiva “los frijoles o los tanques” pasarán a la fórmula de pan con terror. Aparentemente han ganado esta partida. Pero no hay que dar el juego por perdido, aunque la sucesión dinástica sea un hecho más que consumado.

Después de los festejos por el 26 de Julio, son pocos los que dudan respecto a quién realmente lleva el timón de la nave. En su discurso conmemorativo Raúl Castro formuló vagas promesas de reestructuración gradual y ofreció a estas alturas “leche para todos” como la gran conquista revolucionaria de un futuro que nunca llegará. Too little, too late, o “a esta hora y con ese recado”, dirán los más escépticos. Pero otros no se percatarán de que los cambios no vendrán porque Raúl tenga un corazoncito más sensible, sino porque ya no se pueden postergar más las reformas en el devastado país que le toca en herencia.

Ahora corresponde elevar peticiones más audaces y no esperar que les “bajen” migajas con medidas lentas y calibradas. Éste es el momento de recordarle a la élite enquistada en el poder que el pueblo no desea cambios por goteo. Los quiere y los exige ya. Ésta es la hora de los conflictivos, los problemáticos, los subversivos y los incitadores al caos renovador. La hora exacta para los que no tienen nada que perder, excepto el miedo.

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Posdata:

Terminadas estas líneas, me informan ‘de buena tinta’ que Soledad Cruz disponía del aval de Mariela Castro para publicar su artículo fuera del país a modo de globo sonda. Un rumor, desde luego. Pero la “rumorología”, aunque es indudablemente una ciencia muy inexacta, resulta imprescindible para el analista de los asuntos cubanos.

La suposición de que Soledad escribió su artículo por encargo suena aún más verosímil tras las declaraciones de Mariela a la prensa internacional sobre posibles “transformaciones necesarias” en Cuba, aunque “sin caer en el caos”. Además del apoyo a Soledad por parte de cuadros castristas de línea dura como Félix Sautié y Luis Sexto, la idea del ‘globo sonda’ cobra más sentido en vista de los intensos rumores sobre la resurrección política del tronado Carlos Aldana, ex ideólogo del Partido y ex protector de Soledad. Se asegura que Aldana ha vuelto discretamente como colaborador de Raúl Castro, e incluso se especula que fue el autor del discurso leído por éste el pasado 26 de julio. Cosas veredes, Abicú, que te pondrán muy cenizo.

Wednesday, 8 August 2007

¿Revolucionario, contrarrevolucionario?

Una reflexión sobre dos conceptos

Por Reinaldo Escobar, Desde aquí, Revista Digital Consenso, La Habana

Para obtener una definición satisfactoria del adjetivo revolucionario tenemos que hallar primero otra para el sustantivo revolución. Porque si de una cosa tenemos la certeza es que los revolucionarios son los partidarios de la
revolución. Son sus hacedores, sus seguidores, sus simpatizantes.


Podemos encontrar definiciones sobre el concepto revolución (sin considerar los asuntos estrictamente físicos), en tres dimensiones diferentes: como un método de pensamiento o acción, como un proceso espacial y temporalmente limitado, o como el resultado obtenido mediante ese proceso. De alguna manera cada una de estas dimensiones tiene un orden cronológico, puesto que primero se asume el método, luego se realiza el proceso y finalmente se obtienen los resultados.

Como método, revolución se define de esa forma cuando no se apega a los cánones aceptados --ya sea por las leyes, la moral o la lógica--, sobre todo cuando elige normas nuevas. Ejemplos de esto se encuentran en el arte, en la ciencia, en la política y hasta en el deporte o en asuntos estrictamente técnicos. De esa forma, podemos entender que el adjetivo revolucionario referido a los métodos, cabe tanto para Pablo Picasso como pintor, para Albert Einstein como científico, para Lenin como político, como para el entrenador deportivo que introdujo la técnica de realizar el salto alto de espaldas.

Como proceso histórico, revolución suele llevar un gentilicio: inglesa, francesa, rusa, mexicana, china, cubana; o bien, algún otro calificativo: burguesa, obrera, campesina, industrial, cultural, informática o energética. Se puede identificar con relativa facilidad la fecha de comienzo de casi todas las revoluciones sociales habidas en la historia, pero es difícil precisar la fecha de terminación.

Una revolución comienza un día bajo el signo de una espontánea insurrección popular o con el ropaje urbano o rural de una rebelión armada protagonizada por una vanguardia, y otro día sus iniciadores pregonan su triunfo. Los calendarios de todo el mundo están llenos de esas conmemoraciones; sin embargo, el dato que indica la caducidad de una revolución solo es mencionado por sus críticos.

Si una revolución fue un proceso violento que demolió las estructuras de poder, las leyes, el sistema económico, las costumbres y convenciones sociales, con el objetivo proclamado de colocar las cosas en el lugar correcto dictando medidas revolucionarias, debería suponerse que cuando todo esté en el orden esperado, la revolución habrá terminado, para pasar entonces a la etapa de conservar sus conquistas.

Pero sucede que las revoluciones tienden a ser permanentes, quizás porque no les viene bien la actitud conservadora de mantener inalterable lo alcanzado o porque si duran oficialmente más allá del tiempo en que nace un par de generaciones, y se decretara públicamente que ya aquello no es una revolución (entre otras cosas porque ya no hay nuevas medidas revolucionarias que aplicar), se correría el riesgo de que quienes se encuentren con las cosas ya hechas, las quieran mejorar, o cambiar completamente, lo que implicaría la posibilidad de una nueva revolución, pero en una dirección diferente.

La solución de este asunto, de no dar por terminada la revolución, una vez que se ha arribado a la etapa de cosechar los frutos, consiste en presentarla más como los resultados de ese proceso, que como el proceso histórico mismo, ocurrido en un tiempo y espacio determinado.

En el caso de que no haya resultados tangibles que mostrar, se apela a los intangibles, como la modestia, el altruismo, la dignidad o la solidaridad. Los riesgos de confundir el sujeto con el complemento directo, son tomados como veleidades gramaticales por quienes dicen el discurso, lo que permite pronunciar frases como estas: “Revolución es esta justicia social, esta soberanía, esta dignidad y todos estos logros que la Revolución alcanzó.”

En el sentido estrecho que se circunscribe a las revoluciones sociales, se consideran revolucionarios quienes entendieron que para cambiar las cosas había que violar las leyes establecidas, destrozar las instituciones y oponerse con toda la violencia que fuera necesaria a los intentos del régimen existente de mantener su status quo.


Para que esta definición sea “revolucionaria” le falta agregar que todo eso se hace en nombre de los más elevados ideales humanistas y las más justas demandas de los oprimidos, de lo contrario alguien pudiera creer que Diego Velázquez, Hernán Cortés y Pánfilo de Narváez eran unos revolucionarios que, aplicando toda la violencia imaginable para su época, arrasaron con todas las estructuras sociales, económicas y culturales de casi todo un continente, confiscaron por decreto todo lo que encontraron, impusieron un nuevo modo de producción “más avanzado que el anterior” y establecieron así un nuevo orden llamado Colonia. (Esta aclaración, que parece un chiste, resultará de gran importancia cuando entremos a analizar la segunda palabra del título de este trabajo, no vaya a ser que alguien pretenda calificar de contrarrevolucionarios a Túpac Amaru o al cacique Hatuey).

Los revolucionarios no terminan su obra en el momento en que toman el poder, más bien la comienzan. Es entonces que estiman, al iniciar la segunda etapa en que les toca dictar las nuevas medidas, que en el estrecho margen establecido de cuatro o seis años para convocar a elecciones, no hay suficiente tiempo para introducir todos los cambios que se mostraban insoslayables.

También evalúan que la institucionalidad derrocada es incapaz de realizar las transformaciones en la profundidad y con la velocidad requerida, y que todas esas consultas parlamentarias y bicamerales, todos esos partidos políticos fragmentando la indispensable unidad de todo el pueblo; todos esos periódicos, revistas, estaciones de radio y televisión, casas editoras, escuelas privadas, religiones de todo tipo, asociaciones gremiales independientes y clubes sociales privados son, no solamente prescindibles, sino absolutamente inconvenientes para implantar el nuevo régimen, de donde se espera que sobrevenga no solo una nueva sociedad, que tendría que ser superior a todo lo conocido hasta entonces, sino también un hombre nuevo, que tendría que ser mejor, mucho mejor, a cuanto hombre o mujer haya nacido antes en este planeta.

Creer todo eso y actuar en consecuencia con ello, es ser revolucionario. Por eso es importante aclarar que no basta con ser revolucionario en la primera etapa, cuando se trataba de tomar el poder violentamente, sino que también hay que ser revolucionario para mantenerlo en la segunda, cuando hay que dictar las nuevas leyes, para ser consecuentes con aquellos elevados ideales humanistas y para satisfacer a plenitud las más justas demandas de los oprimidos.

Pero ocurre que el peso de las justificaciones para ejercer la violencia revolucionaria se hace leve en la segunda etapa. No es lo mismo apelar a la violencia con el propósito de derrocar una tiranía, portadora de un sistema social injusto y de una política entreguista hacia una potencia extranjera, que reclamar esa violencia para confiscar propiedades, prohibir credos religiosos, impedir la existencia de partidos opositores y desplegar una intensa batalla de ideas donde no quepa ni una sola opinión contraria, ni siquiera un pensamiento diferente.

El verdadero revolucionario no puede por eso tener partes blandas y debe ser duro consigo mismo, a riesgo de convertirse en un hombre endurecido con los demás, inclemente y despiadado, siempre dispuesto a morir por sus ideales, pero no a través del sacrificio estéril del que ofrece dócil su otro pulmón frente a las balas, sino morir en el intento de matar violentamente a su oponente.

Contrarrevolucionario, por su parte, es una categoría política que pertenece exclusivamente al léxico revolucionario. Quizás por eso ningún partido político ni ninguna organización opositora se ha autodenominado con ese apelativo. El término posee en sí una enorme contradicción que ya se encuentra en el sustantivo del cual proviene, porque si jugamos con la sinonimia que tiene revolución con la palabra movimiento, hablar de contrarrevolución sería tan confuso como hablar de contramovimiento, que nos deja la duda de si se trata de una relativa quietud o de un movimiento en la dirección contraria, o para plantear la duda directamente: no sabemos si una contrarrevolución es una revolución contraria o lo contrario de una revolución.

Lo contrario de revolución, el verdadero antónimo político, sea como método, como proceso histórico, y hasta como resultados mostrables, es reforma. En la época de un mal gobierno, ese que los revolucionarios piensan debe ser eliminado por el método de la fuerza, casi siempre hay otras personas que opinan que una reforma es mejor que una revolución. Esos son los reformistas, los moderados.

Al criticar también a la mala administración o a la tiranía, según sea el caso, son susceptibles de ser tomados en esa primera etapa como compañeros de ruta de los revolucionarios. Se usan sus investigaciones, se citan sus estadísticas y hasta se les promete o se les sugiere una migaja del poder después del triunfo; pero al llegar a la etapa de usar el poder tomado, los reformistas se muestran en desacuerdo con las medidas revolucionarias y no caben en ningún ministerio, tribunal o alcaldía y si llegan a ocupar algún puesto, duran en él el mínimo tiempo en que el proceso se precipita por la pendiente radical.

No resulta extraño que contrarrevolucionario no aparezca definido con ese calificativo en la primera etapa en la que los revolucionarios están ocupados en hacerse con el poder, pues el CR (para abreviar, como hacen algunas instituciones), no es tanto la persona que se resiste a que aquellos tomen el mando, sino los que pretenden revertir las conquistas alcanzadas por la revolución. Ya hemos visto que un político, cuando opta por otros métodos más graduales que violentos, tanto para tomar el poder como para desde él implantar las transformaciones que necesite una sociedad dada, es un reformista; o si se prefiere otra antonimia: un no revolucionario.

Hay que esperar a que la revolución triunfe para que el CR asome su “oreja peluda”. Eso, su posición típicamente restauradora después de haberse producido las más profundas transformaciones revolucionarias, es lo que lo caracteriza, especialmente cuando ha sido víctima de alguna expropiación (de objeto o de derecho) o cuando se siente perjudicado indirectamente con la expropiación a un tercero. El CR está dispuesto a aplicar una violencia similar a la que los revolucionarios usaron en la primera etapa con tal de rescatar lo expropiado o lo que es igual, está dispuesto a llevar a cabo una revolución en contra.

En la medida en que la revolución expropiadora (de objetos y de derechos) logre, en la tercera etapa, demostrar con resultados fehacientes que aquella violencia trajo la paz y la justicia; que aquellas expropiaciones de medios de producción trajeron una más alta productividad, mejores productos y mejores servicios, con más calidad y mejores precios; que aquellos derechos de expresión y asociación vulnerados trajeron una libertad más amplia y más saludable, en esa misma proporción se verán más ruines y abyectas las querellas contrarrevolucionarias.

Otra consideración a tener en cuenta es el tiempo que lleva a los revolucionarios cumplir sus promesas, sobre todo atendiendo a que la rapidez en obtener beneficios tangibles es uno de los argumentos más usados por ellos frente a los reformistas.
Las definiciones se vuelven confusas en el momento en que se llama CR a uno que no está interesado en revertir las conquistas (demostradas fehacientemente), sino al que está en desacuerdo con los métodos revolucionarios usados (entiéndase: confiscación de propiedades, prohibición de partidos, oficialización de los medios informativos, etc.) para hacerlas una realidad, o cuando se acusa de CR al impaciente que está inconforme con el tiempo que tarda en aparecer el “futuro luminoso”.


La confusión aumenta cuando los líderes con mayor autoridad para precisar la esencia de lo que es la Revolución, insisten en definirla más por sus conquistas logradas que por los métodos usados para alcanzarlas. Si se dijera que Revolución es confiscar propiedades, prohibir partidos, etc, sería justo llamar CR a quien quisiera privatización y pluripartidismo, libertad de expresión y de asociación, pero ya hemos dejado claro que esos son reformistas.

Definitivamente, para entender y usar en propiedad el término CR es indispensable pensar como los revolucionarios, porque desde su ideología excluyente la única alternativa que ven es la traición. Los reformistas no tienen ese problema y modifican sus ideas programáticas de cambio social por aquellas que les van pareciendo más adecuadas según las circunstancias y los nuevos conocimientos que adquieren.

Pero ser revolucionario no es una patología incurable de la que solo se escapa por la vía del suicidio. De ser así no alcanzarían los cementerios para tantas personas decepcionadas, las que al abandonar la ideología revolucionaria comprueban que había otras alternativas a la traición y entonces se dedican a encontrar algún buen mecanismo de defensa para su frustración. Tampoco es una peculiaridad obligatoria o exclusiva de la etapa juvenil de la vida, como prueba de eso están los jóvenes que no son revolucionarios y los ancianos que lo siguen siendo.

Paradójicamente, los más tenaces parecen ser los denominados CR. He visto a muchos revolucionarios convertirse en reformistas, en indiferentes políticos o en aquello que ellos habían llamado contrarrevolucionarios, pero lo que me falta por ver es a uno que clasifique como CR auténtico (excluyo a los infiltrados) convertirse a las filas de los revolucionarios. A este espécimen le corresponde además la convicción de que a través de reformas no podrán revertir las conquistas de una revolución.

Por otra parte existen personas que simulan ser revolucionarias, ya sea por miedo o por oportunismo y mantienen esta máscara por largos períodos de tiempo, pero (a menos que sea un infiltrado) nadie tiene necesidad de representar que es contrarrevolucionario, como no sea durante los breves minutos que dure la entrevista para recibir una visa que le permita emigrar al “país enemigo”.

Para cotejar estos conceptos generales aquí esbozados con alguna experiencia histórica concreta, faltaría por responder al menos estas tres preguntas: Las conquistas de la revolución, es decir: la justicia social, la inculcación de elevados valores humanos, el bienestar material y espiritual de la mayoría de la población ¿son ficciones o exageraciones, fruto de la propaganda o una realidad tangible que justifica las medidas impuestas para alcanzarlas?

En el caso que todos estos beneficios fueran una realidad y un grupo de reformistas intentara revertir las medidas revolucionarias, con las cuales la revolución los instauró, ¿traería eso como consecuencia la reversión de estas conquistas? (Lo que convertiría a los reformistas en simples vehículos de la contrarrevolución.)

En el caso que la existencia de estas conquistas fuera una ficción, o una burda exageración, ¿serían los reformistas la última esperanza para obtenerlas cabalmente, o habría que renunciar y cederle el paso a la contrarrevolución?

Mail de Fermin Gabor

Maldición de burro

Von [De]: Fermin Gabor (fermin_gabor@yahoo.com)
Gesendet [Enviado]: Dienstag es], 7. August 2007 17:35:24
An [A]: ajodrago@yahoo.com; eltonodelavoz@gmail.com; fincadesosa@yahoo.com; eichikawam@hotmail.com; jorgeapomar@hotmail.de
Cc: fermingabor@yahoo.com; habanaelegante@pipeline.com



Camaradas:

El abicú Jorge Pomar sabe bien que a quien no quiere caldo hay que darle por lo menos tres tazas. Tras doblar su adobo crítico contra Encuentro colgó «un artículo de Fermín Gabor» con igual picantico, pero «il vero Fermín Gabor, el mero, the real one» se alzó nada menos que el 26 de julio en Budapest para tachar el texto de apócrifo y declarar que solo La Habana Elegante (como Reina Valera) dará fe de las escrituras auténticas de Gabor.

Desde Budapest profirió también la maldición de que sean tratados como perros y farsantes todos los que se presenten en nombre de Fermín Gabor. Algo que nos lleva en derechura a la vieja polémica de los indiscernibles, porque Ernesto Hernández del Busto ha demostrado que el artículo contra Encuentro colgado por Pomar en su blog salió de la cuenta de correo electrónico fermingabor@yahoo.com.

De aquí mismo salió la pieza «Heredia está en el fondo», que La Habana Elegante publicó con crédito a Gabor:

Así que dos textos distintos (uno falso y otro auténtico, según el Gabor de Budapest) se habrían remitido desde la misma dirección electrónica, pero no habrían sido escritos por aquel mismo Gabor. Para Hernández del Busto, el Gabor «falso» sería entonces un golem cibernético tan terrible que merecería una columna del Gabor «auténtico».
Para las niñas y para las señoras de la blogosfera cubana: Menda no medra en Budapest ni en otro rinconcito de Europa, sino que prosigue mordiendo el cordobán en la Isla de Cuba pintoresca. Desde aquí y sólo desde aquí salen los artículos de Fermín Gabor.

Noticia suelta; La Asociación Encuentro de la Cultura Cubana (AECC) anunció que a partir del número 44 (Primavera de 2007), la revista homónima será codirigida por Manuel Díaz Martínez y Antonio José Ponte.


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Se ruega a destinatarios y comentaristas, con algo nuevo que aportar a partir de la lectura analítica del email o de otras fuentes, emitir su opinión fundamentada al respecto.

Por mi parte, fuera del deseo de provocar a fin de mantenerse en el hit parade, admito que no hallo en el texto ningún indicio útil para descifrar la identidad del personaje, ni creo que aporte nada a la polémica en cuestión.

Tras releer con calma buena parte de la producción satírica del autor anónimo de Lengua Suelta, apenas puedo hacer otra cosa aquí que corroborar lo ya sobreentendido al divulgar el artículo que este Gabor, real o postizo, se tomó la molestia de rechazar públicamente por plagiario: el autor de Lengua Suelta no parece ser en modo alguno un agente diversionista.

Al contrario, todo indica que se trata de un enemigo acérrimo del castrismo y, en particular, de su establishment intelectual. Es, además de un genial acuñador de neologismos criollos, dueño de un estilo coherente en el que mis modestas artes de exégeta lingüístico no detectan incongruencias estilísticas que sustenten la tesis de dos o varios autores.

Sin duda, además de un lector insaciable, meticuloso e inasequible al desaliento, estamos en presencia de un autor de primera línea con un dominio enciclopédico de nuestra historiografía literaria que le permite sazonar sus deliciosas diatribas --a veces excesivas e injustas, pero eso es consustancial al bufo-- con una densa red de referencias intertextuales.

Por contra, la riqueza de los montajes gráficos con que ilustra sus textos sugiere la mano de un diseñador digital con acceso a archivos fotográficos bien surtidos. Amén de que debe de haber algo de cierto en su insistencia de que "prosigue mordiendo el cordobán en la Isla".

A saber, mi tesis, especulativa, desde luego, sería la siguiente: Fermin Gabor no reside en la Isla, pero sí recibe de allá, por canales ignotos, buena parte del material fotográfico de actualidad y, sobre todo, información chismográfica sobre el día a día artístico-cultural.

Resumiendo: los textos de sus mordaces sátiras serían, en efecto, obra de un solo autor residente en el extranjero, presumiblemente en Estados Unidos y no en la lejana Hungría, donde estaría aislado por la geografía eslava, la cultura magiar y un idioma tan raro como endemoniado y minoritario. La World Wide Web no es capaz de compensar esa triple barrera.

Y en La Habana --fuera de la capital jamás tendría acceso a tanta información-- se estaría arriesgando a pasar los veinte años de Gardel en el "tanque". Demasiados por una simple broma. Ahora bien, ese autor solitario, sea quien fuere, contaría con el respaldo de uno o varios colaboradores insulares muy al tanto, por pertenecer a ella, de vida y milagros de la farándula uneacista.

Y de poco sirve alegar por qué, siendo un exiliado se esconde detrás de un pseudónimo, puesto que lo de "la mano larga del castrismo" no es un cuento. Y el Gabor, jaranea más de la cuenta, juega con los santos y con el Mono, se pasa de rosca...

El Abicú