Wednesday, 10 June 2009

Una oda a la discrepancia

O "el engañoso ejercicio de hablar en nombre de los demás"*

Por Miriam Celaya, Centro Habana


[Nota preliminar: Reinaldo Escobar aquí y Yoani Sánchez acá, al igual que Miriam Celaya en el post "En nombre de quién", explicaron los motivos por los cuales se negaban a suscribir el "Llamamiento al gobierno cubano y al mundo", lanzado por un grupo de blogueros el pasado 31 de mayo. Sin previa consulta y calzado con un subtexto que debaja entrever que el que no firmase quedaba descartado como defensor de la libertad en la Isla.

Inconsulto él también, mi Alter Ego, harto de entusiasmos forales, se limitó entonces a insertar el siguiente comentario al post de Yoani en PD: "...No tener otra cosa que hacer no justifica hacer cualquier cosa. El problema de Cuba no es de derechos humanos sino de cambio radical del régimen totalitario. Desde esa óptica, la única manera efectiva de que --en la improbable eventualidad de que el gobierno pusiera en libertad a los actuales reos políticos sin reemplazarlos por otros-- pasa por la amnistía incondicional dentro del marco de una nueva constitución que cancele los delitos de conciencia.

"Ídem con el respeto a los derechos humanos: es incompatible con la naturaleza del régimen. Igual que el derecho a entrar y salir del país (y a moverse dentro de él, pues los promotores soslayan el dato de que la Isla ha sido bantustanizada). O con el acceso irrestricto a la Red de Redes, que presupone la existencia de libertad de información y expresión. Finalmente, desengañémonos de una vez: no todos los promotores y firmantes de esos llamados humanitarios son tan nobles e ingenuos como pretenden. Sin contar a los esnobs en busca de un protagonismo verbal que no se han ganado con sus actos".

El ventrilocuismo disidencial está de moda. Pero no sólo el truco de las convocatorias ventriculares de gente ducha en suplantar la vox populi: igual hacen furor de un tiempo a esta parte entre nosotros las organizaciones paraguas con nombres altisonantes, "resistencia", por ejemplo. (Como no sea la pasiva, ejercida por las masas populares desde la proclamación del "carácter socialista de la Revolución" en el 61 hasta le fecha, no se ve por ningún lado otro movimiento digno de esa sanguinaria tradición europea).

O la fundación a bombo y platillo, bufé e himno nacional, de alianzas fantasmas como la pomposa FECU, cuyas rúbricas aparecen hasta en la sopa pero que a día de hoy todavía nadie sabe qué es. Menudean también los enunciados categóricos por el estilo del notición demoscópico divulgado hoy mismo (10-06-2008) por Encuentro en la Red bajo el título: "Arco Progresista: 'Los cubanos están complacidos' con la derogación de la Resolución de 1962". El redator incógnito alude a una proclama del multitudinario microorganismo de masas pastoreado por el socialista democrático bobbiano (seguidor del extinto filósofo italiano Norberto Bobbio) Manuel Cuesta Morúa que reza como sigue:

"Esta decisión histórica tiene el respaldo, podríamos asegurar, del setenta por ciento de los ciudadanos (…) En consulta con otras organizaciones y formaciones políticas, el AP pudo captar el mismo espíritu: los cubanos se sienten complacidos con el regreso político de Cuba a su entorno político y cultural".

¿Acaso ese negro catedrático, muñeco favorito de los ventrilocuos del PSOE y la AECC, encuestó a los 11,2 millones de cubanos? ¿O debemos deducir que el 30 por ciento restante engloba tan sólo a los súbditos voluntarios del Palacio de la Revolución? Sea como fuere, el susodicho y sus mentores se adelantaron en falso a un acontecimiento que el gobierno enseguida se encargó de aplazar hasta las calendas griegas. Por lo demás, imagino que al cubano de a pie le interesen más las noticias sobre la reducción de las cuotas de granos, huevos y sal que el ingreso en la OEA o la inminencia del Juicio Final.

Volviendo al "Llamamiento" de marras: aparte de reflejar frivolidad y/o ignorancia política, rebajar los objetivos, reducir un conflicto de vida o muerte a un simple malentendido y generar falsas expectativas, la creciente frecuencia con que se lanzan tales iniciativas genéricas surte otro efecto contrapruducente aún más grave: a la postre genera tedio en los destinarios, embotando definitivamente su --ya de por sí en nuestro caso-- escasa receptividad hacia aquellas emergencias puntuales para las que ese recurso suele ser eficaz. Flanco abierto por donde a buen seguro se cuela de rondón la conga diversionista...

Un ragso común a unos y otros es la patriotería en bandeja: todos hablan en nombre de la patria y de la mayoría. Hedor por el cual Miriam se ha tomado el trabajo de subrayar sus motivaciones individuales, su aversión al martirologio programtático. Ante tanta demagogia subrogatoria nada mejor que haber puesto los puntos sobre las íes, como hicieron en su momento Reinaldo, Yoani y, en particular, la autora. De ahí que la titular de sinEVAsión esté siendo objeto de un conato de linchmiento blogosférico al que acaba de reaccionar a su abicueril manera en un post antológico que, por razones de espacio, abrevio a continuación:

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Una oda a la discrepancia

Por Miriam Celaya, Centro Habana

La virulencia con que tantos lectores han reaccionado a mi post “¿En nombre de quién?” deja sobre el tapete, con brillante claridad, cuán lejos estamos los cubanos del debate civilizado y del respeto a las diferencias. Es tal la pasión enceguecedora de algunos atrincheramientos que, incluso, abundan aquellos que me juzgan no por lo que escribí sino por lo que creen que quise decir. De cualquier manera, debo comunicar a todos que me siento particularmente feliz: adoro la discrepancia.

Siempre supe que ese texto iba a ser polémico, pero admito que la realidad ha superado con creces mis expectativas. [...] No puedo pasar por alto tampoco la importante ocasión: el mitin de repudio cibernético que me han orquestado muchos de ustedes marca quizás un salto de crecimiento en mi bitácora aunque a la vez disminuya el número de lectores. Yo, y algunos de ustedes, seremos capaces de superar la prueba… que es la primera pero no será la última.

Y ya que me ofrecen el banquete del debate, y yo padezco un hambre crónica de ese peculiar plato, me arrellano frente a esta pantallita y comienzo por el principio: una introducción destinada a salpicar agua fría sobre los más encendidos y el préstamo de una lupa para los miopes que han puesto de su propia inspiración lo que no dije nunca en mi texto. En ningún caso me referí a “los bloggers de afuera de Cuba” como los autores de la nota convocatoria. De hecho todavía no tengo claro quién convocó, lo que no cambiaría mi decisión de no suscribir prioridades que no comparto. [...]

Pero, en fin, ninguna línea de mi post pretendió establecer una marca divisoria entre “los bloggers de adentro” y “los de afuera” porque jamás he dudado de que somos bloggers cubanos por igual. No pongo mis derechos por encima de aquellos (con o sin blog) que optaron por emigrar y siempre me he referido a este país como el espacio de los cubanos de todas las tendencias. Tampoco he ponderado ni alardeado de mi trabajo por hacerlo desde dentro de Cuba…

De paso aprovecho para volver a enmendar un recurrente error: yo no posteo por la libertad de Cuba, no soy una Mesías de la postmodernidad ni pretendo erigirme en emancipadora de un pueblo que siempre ha sido particularmente vocinglero, pero nunca ha mostrado la menor vocación por defender su libertad. No tengo la intención de inmolarme por “el pueblo”, lamento romper los corazones de quienes me presumían adalid de la libertad, pero en más de una ocasión he rechazado públicamente ese destino.

A los que me acusan de egoísta desde la distancia les recuerdo que no hay una nación libre allí donde los individuos no sientan dentro de sí el libre albedrío. Si lo desean, pueden hacer un “pase de lista” a la historia de nuestra Isla, la cantidad de libertadores es tal que, de ser eficaz el oficio, hoy no estaríamos todos lidiando con la dictadura más larga de este continente. Si alguien más se va a desmarcar de mi blog por lo que pudieran considerar una declaración cínica, puede hacerlo. No voy por el mundo complaciendo peticiones ni persigo la gracia de aceptación. A los que proclaman que a ellos se debe que se me haya conocido en Internet, les aclaro que no imaginé que estaban comprando mi lealtad o mi ciega adhesión: ellos y yo nos equivocamos entonces. Estamos a tiempo de rectificar.

Ahora bien, si yo no sintiera afinidad y solidaridad por mis coterráneos no dedicaría mi tiempo, mis energías y mi propia egoísta libertad personal, a denunciar los males que aquejan a muchos cubanos con más crudeza que a mí misma: he denunciado el encarcelamiento de los opositores y periodistas independientes (aunque nunca he estado presa) y la falta de libertad de expresión (aunque yo tengo mi propia bitácora y expreso en cualquier plaza lo que se me viene en ganas), con la misma fuerza que he narrado la miseria de muchos de mis compatriotas de a pie (aunque yo no padezco hambre ni necesidades primarias) o los problemas de vivienda y de transporte (aunque vivo en un apartamento propio, amplio y sólido y tengo transporte particular). Ninguno de mis airados críticos me sostiene económicamente ni corre los riesgos que yo, así que es pueril que me acusen punto menos que de traidora. Es gracioso que hasta haya quienes se cuestionen lo que llaman mis “ambiciones personales”. ¡Pero, por Dios! ¿Es que alguno de esos cree conocer mis ambiciones? ¡Eso sí es ser pretenciosos!

Aprovecho igualmente para recoger como un cumplido lo referente a mi “alta autoestima”. En verdad hay que sentirse muy disminuido para considerar la autoestima como un defecto. Ciertamente tengo mucha autoestima, por eso poseo también la capacidad de estimar a los demás. No me creo Dios, pero tampoco tengo dioses. No soy líder ni sigo líderes de ningún color político, ni de opinión. Prefiero compartir ideas que seguirlas. Aquí debo aclarar otro mal dirigido criterio de alguien que me acusa de creer que solo tenemos derecho a opinar “los del círculo de Yoani”. No conozco ese tal círculo, tan imaginario como el círculo Polar y casi igual de frío; en lo personal soy amiga de Yoani, pero nunca perteneceré al “círculo” de nadie.

Cualquier persona con un mínimo de comprensión de nuestros respectivos contenidos podría establecer fácilmente cuán diferentes son las posiciones de Yoani y las mías, su estilo del mío, lo que no impide que nos respetemos y apreciemos mutuamente. Los que compartimos nuestro tiempo con frecuencia, por ejemplo en el Itinerario Blogger, que hemos venido sosteniendo desde enero, somos el grupo más heterodoxo que alguien pueda imaginar; lo único que tenemos en común es el principio de no tener nada en común, frase con que otro amigo, Reinaldo Escobar, acuñara recientemente nuestra voluntad de mantenernos independientes. Por eso nos reconocemos en cierta medida como compañeros de ruta, porque también nos unen los riesgos que corremos, la realidad que vivimos todos y --aunque no lo decimos-- muchas de nuestras esperanzas; lo que no nos convierte en un bloque. [...]

Lamentablemente, el relativo “éxito”, o digamos “contagio” de los blogs alternativos, ha despertado recelos no solo en el gobierno, que reconoce astutamente el poder de la opinión LIBRE y mantiene un permanente asedio sobre nosotros. He podido comprobar que entre algunos círculos disidentes hay una suerte de desasosiego, un mal disimulado celo, una necesidad de controlar lo que pudiera ser un filón publicitario, de manera que ciertos líderes han comenzado a tratar de aplicar la vieja máxima de “aliarse”…

O más bien acogerse bajo la sombrilla visible. Hoy por hoy, asociarse a los bloggers alternativos es garantía de prestigio, gracias a la seriedad y voluntad con que hemos desarrollado nuestro trabajo. La mayoría de nosotros, sin embargo, se resiste a ser portavoz de nadie. También el gobierno ha tratado (y trata) de penetrarnos. Hasta ahora unos y otros han fracasado, pero no podemos declararnos a salvo. El caso es, amigos míos, que en este oficio de disentir, o sencillamente llamémosle “practicar las libertades que nos corresponden por derecho”, hemos tenido que afinar los sentidos. Asumimos, a la vez que la libertad de expresión, la responsabilidad por lo que decimos; esto, que parece lo más lógico y sencillo del mundo, en Cuba --además de ser una rareza-- puede costar muy caro.

Acaso muchos de ustedes lo duden, pero no han faltado opositores que pretenden ahora, cuando somos un poco más conocidos, trazarnos las pautas: colgar en nuestras bitácoras lo que debemos decir, tal y como si fuéramos el mural de un CDR. Esos mismos líderes sugieren --con no muy claras intenciones-- que los bloggers “tenemos recursos a nuestra disposición”, somos “privilegiados con acceso a Internet” (¿?) y debemos ponerlos al servicio de “los que no tienen voz”. Esto, además de falsear la realidad, tiende a reforzar el discurso oficial que nos tilda de mercenarios al servicio del imperio.

En lo que a mí respecta, trabajo con recursos propios y a veces con tarjetas que me han regalado amigos solidarios, y así ocurre con casi todos los bloggers que conozco, al menos hasta donde sé, que no voy preguntando a nadie de dónde saca los recursos para entrar a Internet o de qué medios se vale para trabajar. Para información de los más incisivos lectores, algunos de los amigos que “corrieron a instarme a firmar la convocatoria” (frase que no sé por qué ha provocado algún salpullido), habían “sabido” por boca de ciertos miembros de partidos opositores que “un grupo de bloggers cubanos” (de adentro, aclaro) habían redactado el documento en nombre de todos. Otros le atribuyeron a Yoani la autoría. [Bufanda alusiva del poster: ¿Cruce de la bandera cubana con la del Movimiento 26 de julio?]

Y sí, es cierto que a una parte de nosotros aquello nos olió a chamusquina. Para los que vivimos en esta rara semiclandestinidad-ilegalidad-desobediencia civil o como quiera llamársele, es muy importante saber, no ya por quién doblan las campanas --que de sobra hemos hecho doblar nosotros mismos sin que nadie nos convocara-- sino desde qué campanario tañen. La suspicacia es el recurso de los que vivimos expuestos. Es preciso sentir la presión de los poderes sobre sí, la sensación de estar observado, el hostigamiento abierto o encubierto, el temor a caer bajo el peso todavía fuerte de las represores, para después creerse con la autoridad moral de reprender a quienes solo queremos protegernos. Pudiera mencionar muchas razones más que me asisten para no suscribir llamamientos, pero en el momento actual debo ser discreta y no ofrecer municiones a los que nos quieren atomizar.

No soy yo quien persigue protagonismos, ni me referí con eso a ningún blogger del dolido exilio. No me voy a disculpar por una falta que no cometí. Mantengo el criterio de que NADIE tiene la capacidad de proclamar un supuesto derecho a exigir NADA “en nombre del pueblo cubano”; esto va dirigido directamente a quien se atribuye esa prerrogativa pero, paradójicamente, me acusa a mí de pretensiosa. Está también el otro extremo: aquellos que firman todas las listas con el mismo alegre desenfado, desde la Constitución hasta la bolita, desde un autógrafo hasta la eutanasia. Yo creo sinceramente que una firma no es un mero ejercicio contra la artrosis, sino un compromiso muy serio.

En cuanto a los que no comprenden mi supuesta negativa a coadyuvar con mi firma “al fin de la dictadura” y han llegado a reprocharme “no firmar por los cambios en la Isla”, les respondo: ¡pobres los que creen que la libertad de Cuba se gana simplemente con el fin de la dictadura de los Castro, pobres quienes piensan que gritar a coro significa estar unidos! Olvidan que la salida de Fulgencio Batista no nos devolvió la democracia, sino al contrario, cercenó las libertades que aquél no llegó a suprimir; en tanto por un coro de cubanos “unidos” en abril de 1961, otro de esos oportunistas líderes proclamó el carácter socialista de una revolución que apenas unos meses antes había definido “verde como las palmas”. La ligereza ha sido siempre la elección de los cubanos a la hora de tomar decisiones, el precio ha sido dolorosamente alto para todos. En todo caso, es absolutamente injusto el criterio de que “seguimos cada uno por su lado SIN HACER NADA”. Es un juicio, digamos, un poco fuerte, ¿no creen?

Algunos lectores se han tomado tan a pecho mi rotunda disidencia de TODOS los coros que tal parece que con una firma más o menos se decidiera el destino de Cuba. Eso mismo deben pensar los numerosos recogedores de firmas de todos los partidos, incluyendo el oficialista PCC, que por estos lares pululan. Ellos parecen suponer que bajo un gobierno totalitario tal cosa significa o cambia algo. Para desmentir el espejismo ahí tenemos el ejemplo del Proyecto Varela con sus miles de firmas y la respuesta oficial, el Socialismo Eterno, firmado por millones de cubanos. Ni uno ni otro supuso cambio alguno para los cubanos de adentro ni de afuera, exceptuando --claro está-- a los que guardan prisión por haberse atrevido a suscribir el primero. Aprovecho para anotar que YO NO FIRMÉ ninguno de los dos, aunque en ese entonces todavía era una asalariada del gobierno.

Pero una firma tampoco es un asunto baladí. Con toda seguridad, nuestras hoy tan discutidas rúbricas podrían convertirse en la munición que esgrimirían los guardianes de la finca para encerrarnos. Ustedes, sin dudas, correrían a firmar otra convocatoria, esta vez por nuestra libertad. Me perdonan si dudo que la lista (que mi desmedida vanidad imagina muy larga) sirva para abrirnos las rejas, y es que ustedes y yo sabemos que la solidaridad, aunque imprescindible, tiene poderes restringidos. Perdonen, pues, mi sentido práctico, pero los límites de mi riesgo los decido también yo.

Escribo (no suscribo) mi total reconocimiento a la libertad de CUALQUIERA para colgar en su bitácora lo que decida, nunca me cuestioné semejante cosa. El punto fue (es) criticar el engañoso ejercicio de hablar en nombre de los demás. Eso fue todo. Podemos seguir debatiendo si así lo desean, pero quizás solo se trata de un problema de posiciones. Por mi parte, no creo haber faltado al respeto de nadie; si alguien se sintiera ofendido por esta réplica y por mi estilo mordaz, le pido disculpas y le recuerdo que muchas veces ha disfrutado de lo que algunos llaman mis “sarcasmos”. Nada está más lejos de mi intención que ofender o lastimar a alguien.

Un último detalle, a manera de postdata: los criterios que aquí discuto son de mi absoluta autoría y responsabilidad; hablo en nombre propio, individual, no vaya alguien a suponer que lo hago en nombre de “los bloggers de la Isla” o de un “círculo” particular de ellos. A los que me reprochan falta de humildad: la mayor prueba de mi autoreconocida pequeñez consiste, precisamente, en no creerme capaz de representar a nadie...

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*El subtítulo es una frase del texto original. La foto de la autora es la que aparece ahora en sinEVAsión. Las ilustraciones corresponden a afiches alusivos publicados por los promotores del "Llamamiento". Excepto la titular con los títeres del Vent Haven Ventrilocuist Museum y la caricatura de los "negros catedráticos" del bufo decimonónico criollo.

Saturday, 6 June 2009

Los argumentos del hombre nuevo cuando emigra

Pong ausculta el "silencio de los carneros"

Por Jorge A. Pomar, Colonia

Contemplando la foto, pero sobre todo leyendo la lapidaria autobiografía del titular en CubaHumor ("Padezco de una castrofobia incurable. No creo en el socialismo en ninguna de sus formas"), ya el lector foráneo asiduo a este blog puede hacerse una idea cabal acerca de la personalidad del guasón criollo Alfredo Pong (foto): un abicú de pura cepa tocado por la chispa criolla del humor caricaturesco.

A riesgo de que me desautorice, afirmo tajantemente que el liberal Pong es nuestro abicú de la caricatura no sólo por su hiriente, sutil sentido del humor pictórico, sino también por su evidente disposición a agenciarse enemigos proclamando a los cuatro vientos traicioneros de la Diáspora lo que piensa sin temor a ninguneos y represalias. Como tal es un cubano atípico, proscripto, maldito. En esta ocasión, generoso como demuestra ser poner sus caricaturas al alcance de todos en la Red de Redes, nos ha dotado del siguiente decálogo en doce bocadillos para descifrar los "argumentos del hombre nuevo cuando emigra y sigue con la bota en el trasero":

1) "A mí la política no me interesa, eso es cosa para los políticos".
2) "Yo no lo puse, así que yo no tengo que quitarlo".

3) "La verdad es que hay que mantener los logros de la Revolución en el futuro".

4) "Aquello no hay quien se lo meta, pero tampoco hay quien lo tumbe".

5) "Yo no vine por asuntos de política; lo mío fue por necesidad económica".

6) "Los viejos del exilio son unos dinosaurios, como los que tenemos allá".

7) "En cuanto llegue a la Yuma, me voy de Miami, yo no soporto el cubaneo".

8) "Los artistas no son políticos; son artistas y nada más".

9) "La Mafia de Miami si existe; figúrate que llegué y tuve que trabajar de verdad"

10) "Aquí hay que trabajar, caballero, esto es socialismo con comida".

11) "Venga jama, cerveza y reguetón y que viva la Revolución ... Venga jama, cerveza y reguettón y que viva la Yuma".

12) "¡Desmaya eso, asere!"


La bota en el trasero, el seguroso posado en el hombro izquierdo y la eterna "jaba" (bolsa) en la mano derecha para arrasar en el mercado capitalista... Totalmente de acuerdo con Pong: "Al que le sirva el sayo que se lo ponga".

Empero, mucho me temo que habrá que importar a las volandas millones de sayos baratos del Reino del Medio para repartirlos gratis en todas las colonias de la Diáspora. Por desgracia, a los aludidos, que son legión acá y allá, amén de que les resbalan nuestros dardos, no les interesa en absoluto la blogósfera militante.


No sólo en Miami, dilecto Pong: aunque por fortuna sean menos por estos pagos comunitarios, igual o peor impresión causan las ambigüedades de nuestros migrantes en las populosas urbes del Viejo Continente. Lejos de aprovechar la libertad para quitarse al fin la careta castrista, los nuestros suelen encasquetarse encima la máscara engañosa de los indígenas retroprogres.

Aquí priman aún más que la Yuma los dogmas represivos de la equidistancia y la "corrección política". Sin contar un visceral antiamericanismo revanchista cuyo jamelgo de Troya sigue siendo la Revolución Cubana. A salvo del "universo concentracionario" insular, se calibra mejor el diapasón de los daños ocasionados a nuestra psiquis colectiva por medio siglo de delirium tremens castrista. Vale decir, de sigilo e hipocresía, retórica mesiánica, represión policial, censura-autocensura, reparonería endémica y culto a la pacotilla.
Parafraseando al general Franco: ¡Abajo el que oponga!"

Cincuenta eneros de igualitarismo a ras de suelo (menos para la alta nomenclatura, claro) han obrado el milagro de transmutar de una mentalidad originalmente picaresca y hedonista en otra rufianesca y calvinista. El lapso generacional necesario para revertir esa generalizada idiosincrasia castrista es ya incalculable. El daño a nuestro carácter y a nuestras relaciones humanas ya está hecho. Sus secuelas se harán sentir hasta el final del siglo, como mínimo y mucha suerte mediante.

Tal vez a causa del brusco retorno de la frialdad y los cielos encapotados por estos días, hoy mi Alter Ego yo amanecimos con la neura pesimista. Sea como fuere, confieso que a estas alturas de mi tráfago exiliar, tras 16 años largos de vivencias amargas, me ocurre con los paisanos llegados con una mano alante y la otra atrás lo mismo que con ciertos mendigos arrogantes: no sé si echarles una moneda o un gargajo en el jarro. En todo caso, ya me cuesta ir a su encuentro con buena voluntad.

No me lo tomen a mal. Son eructos biliosos que no tardan en aplacarse. Sólo para que el abominable Abicú, el "policía malo" del clásico dúo, fuerce a mi Alter Ego, el "policía bueno", a reincidir en ese craso error de peyorancia. Y ambos nos vuelva a hacer chillar de rabia al unísono el mordisco de la ingrata, estulta grey nomádica. Por lo demás, morando en las riberas del Rin, miro el futuro de la otrora Perla de las Antillas a la luz de los reproches de tantos plañideros Ossis (antiguos súbditos de Alemania Oriental), inconformes con el superior nivel de vida de los Wessis.

O sea, de sus compatriotas occidentales, a la sazón todavía grabados con un impuesto de solidaridad ascendente al 3 por ciento de sus ingresos brutos. A pesar de que los millardos de euros que recauda anualmente el Fisco Alemán por ese concepto se usan para financiar la reconstrucción de la industria y la infraestructura de los cinco ya no tan nuevos estados federados del Este. Amén de para, en virtud del generoso tratado de anexión, costear los sueltos homologados de la alta y media nomenclatura erredeana.

Mirando el futuro de la Isla Cuba en el espejo teutón --y suponiendo que los imprevisibles orishas cumplan a dialogueros y migrantes descritos por Pong el anhelo de que nada perturbe la marcha de cangrejo zurdo de la sucesión raulista--, es fácil calcular un incremento exponencial de la tirantez en ciernes entre emigrados e insulares criollos. Tanto más cuanto que, gracias a la labor de zapa de nuestras falanges ultramoderadas en La Habana, Miami y Madrid, nos estamos atrincherando cada vez más a ambos lados del estrecho de la discordia.

Prosigo con el agorero cotejo. Es un hecho que todas las encuestas efectuadas en los últimos años con motivo de la efemérides de la caída del Muro de Berlín arrojan una creciente tendencia eufemista a ver con buenos ojos al régimen de Honecker y el SED (Partido Socialista Unificado de Alemania, PSUA en el
Granma de antaño). Dato aún más inquietante, si cabe: según el prestigioso semanario Der Spiegel, un alto porcentaje de escolares estima que la STASI era una policía secreta más o menos igual de mala que la inocua Verfassungsschutz (Oficina Federal para la Protección Constitucional) o la de cualquier país del mundo libre.

Por lo que atañe a los veteranos de la disidencia erredeana --salvo excepciones, ausentes del paisaje parlamentario de la Alemania reunificada al cabo veinte años de la caída del Muro--, el veredicto popular no es menos implacable: los cuatros gatos sin expedientes de inoffizieler Mitarbeiter der STASI (chivatos en el argot criollo) actuaban por lo general como quinta columna de Bonn, que los surtía de marcos convertibles y pasaportes federales. Mejor suerte corren antiguos apparatchiks como Gregor Gysi y Lothar Bisky: diputados ambos, comparten liderazgo en el partido Die Linke (La Izquierda) con Oskar Lafontaine, el cacique de los demagogos errefeanos...

Por ahí ya puede Usted, amable lector, sacar sus propias conclusiones acerca del futuro de nuestra psiquis colectiva y de nuestra aperreada oposición interna. Ésta última, por su exiguo número y poder de convocatoria, equiparable a su homóloga de la RDA hasta el súbito destape de la mayoría silenciosa en Leipzig bajo el lema Wir sind das Volk ("Nosotros somos el pueblo").



Eclosión popular que a la postre surtiría el efecto --sólo en apariencia paradójico-- de cargarse simultáneamente a la gerontocracia honeckereana, al ala reformista del PSUA, al liderazgo disidente y a la pléyade intelectual adicta al "socialismo con rostro humano". No tengo respuesta para el interrogante de si, en nuestro caso, semejante desenlace sería una suerte o una desgracia.

Y como no soy adivino, tampoco sugiero aquí que vaya a pasar en Cuba lo mismo en la extinta República Democrática Alemana. Sabido es que mi Otro Yo prefiere mil veces un final con espanto antes que un espanto sin final. Otrosí, con tal de que el pobre Pánfilo sacie al fin su añeja hambruna, me daré por satisfecho hasta con una solución a la Deng Xiaoping. Siempre desde mi atalaya renana en esta Colonia Agripinensis de mis nostalgias, furores y alegrías por el mal ajeno. (Me refiero al de castristas, dialogueros, apolíticos y otras hierbas híbridas que florecen en la Isla y en la Diáspora...).

Friday, 5 June 2009

¿Espías castristas sembrados en el State Department durante tres décadas?

Un agente encubierto del FBI pone a la sombra a una pareja de "Héroes Internacionalistas" gringos

Por Jorge A. Pomar, Colonia

AP / Foxnews.- Agentes del FBI arrestaron el martes pasado a Walter Kendall Myers (72), jubilado hace dos años del State Department, y su esposa Gwendolyn Steingraber (71). Los dos fueron arrestados en un hotel y ya han sido arrestados e instruidos de cargo: "transmisión de información clasificada al Gobierno cubano, falsificación de cables", etcétera. En suma, conspiracy o alta traición desde el 79. Al parecer, las evidencias en su contra son tan irrebatibles que ya han empezado a hablar hasta por los codos. Hasta el momento, sólo en contra de sí mismos... [Foto: Walter y Gwendolyn cuando aún les quedaban deseos de vacilar a sus incautos colegas del State Department y reírse del FBI.]

Según David Kris, Fiscal General Adjunto para la National Security, el sumario de la causa incluye, entre otras pruebas y testimonios, cuatro horas de cita clandestina a domicilio con Fidel Castro en La Habana (1995), así como un número indeterminado de contactos secretos con agentes de nuestra matrera Inteligencia cubana en el Caribe y Sudamérica.

Mr. Kris calificó el caso como "increíblemente serio". Y lo es, tanto más cuanto que, significativamente, los Myers compartían puntos de vistas comunes con los altos funcionarios a cargo de la política latinoamericana en la administración Obama. Área de trabajo del viejo Kendall en el State Department: Bureau of Intelligence and Research. Por lo pronto, Hillary Rhodam Clinton, titular del ramo, ha ordenado abrir una investigación para evaluar los daños causados. Entrevistada en caliente sobre el engorroso hallazgo, la cara que puso en la foto de abajo da una idea de la magnitud del escándalo...

Se calcula, o sabe con exactitud, que desde esa Oficina de Inteligencia e Investigación procesó "más de 200 informes de inteligencia relacionados con Cuba". Entre las confesiones de los Myers figuran nada menos que sus respectivos códigos de identificación en la Seguridad del Estado de la Isla: Kendall era el Agente 202 y su esposa Gwendolyn figuraba como Agente 123 y/o E-634, indistintamente o según para lo que fuere.

La vieja dama indigna reveló al FBI un dato pintoresco acerca del modus operandi: sus lugares favoritos para pasar información eran groceries (supermercados) y cafés-internets del área metropolitana de Washington. Para cumplir sus tareas de espionaje la pareja usaba un dispositivo especial para codificar emails, obsequio de sus jefes habaneros. Igual disponía de un radiotransmisor de onda corta por donde enviar mensajes en clave Morse.

La cosa marchaba viento en popa hasta el pasado mes de abril, cuando un agente encubierto del FBI se puso en contacto con ellos haciéndose pasar por un colega cubano. Todo eso y mucho más consta en el sumario, que crece como la espuma. Lo que viene a demostrar que el Palacio de la Revolución sigue jugando sucio, aplicándole a Barack Hussein Obama la misma terapia preventiva que a Bush.

Ni tonto ni perezoso, apenas enterado del notición, el senador republicano de origen cubano Mel Martínez exigió ayer mismo a la Casa Blanca congelar con efecto inmediato ...cualquier acercamiento diplomático más hacia el régimen hasta que el congreso de Estados Unidos tenga una relación completa de los daños que estos individuos han causado a nuestra seguridad nacional. "Osease" --como diría el hambriento Pánfilo-- hasta el final del Período Especial...

La treta del FBI funcionó de maravillas: demasiado emotivos como suelen ser los
liberals, Heckle and Jeckle ("
Tuco y Tico(a)" en la versión hispana de los muñequitos de Walt Disney), ni siquiera tomaron la elemental precaución de consultar a sus jefes crillos para verificar la identidad del agente provocador, cayendo en la trampa como mansas palomas.

Ambos espiaban literalmente a título voluntario, por puro amor a la visión romántica del castrismo de sus delirios estudiantiles. Plus un loco deseo senil de aventuras con Happy End hollywoodense: conta en acta que planeaban en firme pasar el resto de la vejez en la Isla. "Cuba is so exciting", había escrito Walter Kendall en un diario incautado por los alguaciles del General Attorney...

La sentencia conjunta máxima por mala testa asciende a la friolera de 60 calendarios. Más de la cuenta para prtadores de tanta cana innoble. Lo interesante es que el cuento de hurracas parlanchinas que han empezado a contar debe de haber puesto nerviosos a unos cuantos colaboradores del Mesías.

En cuanto al Palacio de la Revolución, es de suponer que, como de costumbre cada vez que lo cogen fuera de paso, escurra el bulto con el mismo alegato esgrimido para justificar el espionaje de los "Cinco Héroes": Walter y esposa Gwendolyn, dos "Héroes Internacionalistas" luchando contra la "mafia de Miami". Y de paso, protegiendo al Imperio contra terroristas como el malvado Posada Carriles...

Affaire que maldita sea la gracia que les está haciendo a los esposos Myers: les espera el amor en los tiempos del cólera, entre rejas y sin "Pabellón", como llaman en la Isla a la visita conyungal en la cárcel. A ellos y a algún que otro ex colega con cara de yo-no-fui en los predios del State Department.

Por nuestra parte, no cabe esperar en el plano bilateral más diversión que justicia. Con todo, cuando menos será show de la Gran Escena para compensar la actual apoteosis castrista en el seno de la bufonesca Organización de Estados Americanos (OEA), que no se cansa de hacer papelazos. Por tanto, seguiremos reportando al respecto desde Colonia, siempre con mal disimulada alegría abicueril por el mal ajeno...

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PD: A propósito, ¿en qué habrá quedado la promesa del Fiscal General Patrick Fitzgerald sobre la desclasificación de las cintas grabadas en el bungalow de Blagojevich, el depuesto gobernador de Illinois? Si no cuento mal con los dedos, ha rato que se agotó el plazo de tres meses que se concedió a sí mismo el honorable letrado para poner el largo resto de aquellos conciliábulos ilícitos a disposición de la opinión pública. Entretanto, Blago sigue tan campante en las calles de Chicago. Hum, mucho me temo que la Casa Blanca haya llegado a alguna componenda mutuamente ventajosa con sus rivales del Partido del Elefante para barrer el engorro debajo de la alfombra...

Tuesday, 2 June 2009

Lluvias de mayo pasan por agua a La Habana Vieja

Día a día en el Palacio del Segundo Cabo antes y durante el Período Especial

Por Jorge A. Pomar, Colonia

Nuestra Habana Vieja metamorfoseada en Venecia tropical con su catedralicia y carera Plaza de San Marcos bajo agua. Ídem con la cercana Plaza de Armas. Todo por culpa de la naturaleza, empecinada en destruir la obra de la Revolución, o de unas alcantarillas tupidas. ¿Recuerda alguien haber visto o leído acerca de un fenómeno similar en esa zona de la villa de San Cristóbal desde la colocación de la primera piedra en 1519? No mi Alter Ego ni nadie que yo conozca. La culpa la debe de tener retroactivamente Mr. Bush...

En uno de sus inmuebles coloniales, el Palacio del Segundo Cabo, angular con el de Los Capitanes Generales y hoy sede del Instituto del Libro, laboró el Abicú durante cerca de una década. Allí, si aún no se han jubilado, conservo aún algunos colegas entrañables. Si al honorable director del Instituto Cubano del Libro no se le ocurrió la providencial idea de, so pretexto de anegamiento y ahorro de energía, concederles unos días de asueto, me parece estarlos viendo entrar y salir por el monumental pórtico columnario con los pantalones remangados y los zapatos en las manos.

Me aterra imaginar que se haya empantanado también el majestuoso atrio donde un circunspecto Pablo Pacheco, a la sazón señor del palacio pero hombre a todo y como tal tronado a su vez al correr de los años, debió asumir a regañadientes a fines del 91 la --para él mismo y la mayoría de la compungida concurrencia-- sibilina tarea de "expulsar deshonrosamente" al Abicú de sus predios por "traidor al ICL, el Partido y la Revolución".

Guardo gratos recuerdos de mi paso por la antigua sede del superintendente de la Corona. Por ejemplo, de aquel acto festivo con baile y mesa sueca donde mi Alter Ego, secretario Ideológico del núcleo del PCC se gano una tibia reprimenda de Elisabeth Díaz, entonces directora de la Editorial Arte y Literatura, por haber arribado demasiado tarde el ágape para pronunciar el discursillo oficial.

En realidad, la culpa fue de una escultural y zalamera etíope enfundada en un seductor mono rojo con cuya portentosa humanidad el Abicú se había tropezado una tarde de carnaval en el Malecón. Fue aquél un amorío pasajero a primera vista, pero quisieron su veleidad y mi ligereza que el flechazo de Cupido surtiera su efecto justo durante la mañana de la efemérides eucarística del castrismo.

No se me olvida tampoco un jolgorio con disfraces en similar festividad revolucionaria. Al piquete de hembras "trajinadoras" formado por Mercedes, Elda, Lydia (Pedreira, solíamos festejar en su piso de los altos del Karachi) Orietta, Carmen, Cuqui, Nadia, Dania, Marieta, Trini, Caty, Sara, Analóis, Gladys, Raquelita, María (Lombana), Idalmys y las checoslovacas Viera (mano derecha de mi esposa Gypsia Cáceres de la Guardia durante el cautiverio) y Kvieta les dio la tarántula de amenizar el encuentro disfrazándonos de pareja rumbera al Abicú y al jurídico Armando Soler, que tuvo el coraje de ir a verme al correccional de Lagunillas junto con Fulvio). Las eslavas, por cierto, le ponían la guinda al bufé con su exquisita repostería europea hecha en casa. [Foto de abajo: Palacio del Segundo Cabo en la Plaza de Armas.]

Para salirse con la suya, las muy pícaras casi nos desnudaron a ambos a la cañona en un cubículo contiguo. Figúrense, Armando, encarnando al gallego aplatanado del bufo en el papel de macho y yo en el de mulata sandunguera con un cartel en el trasero que rezaba: "Yo tengo el UNO", salimos a la pista al compás de un improvisado guaguancó de cajón. El Palacio se vino abajo con el estruendo de las carcajadas del noble José Antonio (fallecido), Enrique, Rubido, Malagón, Felipe, Artemio, Canda, Gallardo, Oscar, Rinaldo, Romualdo, los dos Alejandro, Aníbal, Carlitos, Quiñones ("Seré un arribista pero soy vuestro arribista")...

Recuerdo haber visto por televisión al joven poeta oriental Alfonso Quiñones robando cámara en un noticiero del 89:
colocado detrás del carro fúnebre, justo a la hora del "¡No se lo lleven!", forcejeaba por no dejar irse sólo a la bóveda a su idolatrado "Poeta Nacional" Nicolás Guillén. Lo veo otra vez contrariando al Abicú en su afán por justificar ante el personal reunido el decreto oficial que sacaba de circulación en la Isla a las revistas soviéticas Spuknik y Tiempos Nuevos, que de un tiempo a esa parte se habían convertido en voceras de la Perestroika y la Glasnost.

Volviendo al fashing en el Palacio del Segundo Cabo... ¿O fue antes en el modesto local de la editorial en la calle Obispo? En efecto, porque a raíz de la mudada al Palacio del Segundo Cabo abrí la puerta para recoger los manuscritos originales restantes en el cubículo de América del Norte y Europa Occiental y me llevé la gran sorpresa al ver amontonados en el angosto pasillo picaportes, lavabos, tazas del inodoro, espejos, lámparas...


Pillé con las manos en la masa, Jorge Gallardo, a la sazón al frente de Dpto. Técnico Productivo (relaciones con la imprenta) y hoy canadiense. Su cúmbila era el "El Bizco", otro fiera criollo famoso por el hilarante relato sobre cómo, contra su voluntad (
"¿Kuba?", "¡Nié, nié, tobarich, Yumastrii, resingaoskis, Yumatriiit, maikonoskis...!"), había sido rescatado en alta mar por un mercante soviético cuando escapaba a bordo de una balsa junto con el familión, el perro y un perico o gallo. Por vituallas llevaban a bordo un mazo de cañas de azúcar gruesas, que sirvieron al timonel para "reventarles el hocico a un par de tiburones majaderos".

Por toda respuesta a la pregunta de rigor en mis ojos, ambos se encogieron de hombros enseñándome las palmas de las manos: "Negro --me dijo mi camarada Gallardo--, tú sabes que la cosa está que arde... A la gente de abajo no le dejan otra salida que resolver a cómo dé lugar". "Me consta --repuse--, pero yo no he visto nada de nada. ¿Estamos? Muevan el pudín, que si los atrabancan...". Días después una estupefacta Elisabeth Díaz nos contaría en el Consejo de Redacción su sorpresa al encontrar el local de Obispo completamente desmantelado...

Mi tocayo hispanodescendiente, de extracción proletaria, era uno de nuestros enlaces confiables con el mercado negro. Se mantenía a flote traficando con todo tipo de productos, desde víveres hasta aparatos. En una ocasión, despechada por un enredo de faldas de carácter alternativo en Obispo (Jorge había llevado al Consejo Laboral a una bella empleada que era su amiga), cuya media naranja dulce, mujer de armas tomar, lo desafío a duelo en el bulevar agallas de armas tomar y lo "caminó" ante el PCC, representado por el Abicú en ausencia del Secretario General. Por un delito reiterado de compra-venta ilícita en el centro de trabajo.

Irrumpió hecha un basilisco en el cubículo pero se marchó resignada cuando el padre confesor de la editorial le retrucó: En efecto, querida, "actividades indignas de un militante". Empero, por tratarse de un delito venial practicado por tanta gente de a pie en razón de la carestía imperante, no debía esperar que la sanción política máxima impuesta al infractor pasara de una simple "amonestación interna". Salvo que ella se arriesgase a formular la denuncia ante la asamblea general del sindicato...

No se arriesgó a tirar la primera piedra, desde luego. Tocaban a su fin los años 80, de relativa pero hasta la fecha añorada Jauja: mercado paralelo de víveres y ropa, pollos fritos en el Pío-Pìo de la Avenida del Puerto, vasos de vino con yema de huevo en la calle Obispo, espléndidos bufés en honor a los escritores laureados en el atrio del Palacio del Segundo Cabo (donde la rebatiña de la concurrencia al paso de las bandejas solía hacer rodar por el enlosado rollitos de jamón y queso, bocadillos, pasteles y frituras, copas de vino y láguer), alegres libaciones vespertinas del personal con cerveza a granel sorbida en pergas parafinadas por los aledaños del antiguo Seminario de San Carlos frente al Malecón...

Conservo nítidamente en el fondo de la retina la estampa del cuentista Alejandro Expósito
junto al portón del Segundo Cabo, a la caza voluntarios para hacer una ponina e irse al Vedado a compartir una botella de Coronilla en el "Avioncito". Él y su consorte, la musicóloga Zoila Gómez, ex redactora jefa de Arte y Literatura, serían víctimas del tequila en México. Justo Vasco (cuarto a la derecha al lado de su ex esposa Caridad), el novelista policiaco con quien Alejandro y el Abicú (al centro un domingo de pase en Lagunillas) solían integrar un trío de bohemios, falleció de un tumor cerebral en Gijón.

Nuestras dos encantadoras checoslovacas aplatanadas en la Isla se repatriarían a sendos países diferentes: a la "vaciladora" Kvieta Sedláková (a la derecha en la foto), un pan de gloria mordido en carne viva por la nostalgia insular, le sentó fatal el retorno a Chequia y prueba suerte ahora por Canadá; en cambio, la de la nobilísima eslovaca Viera Pinonova (segunda a la derecha), con quien acabo de hablar por teléfono, es una auténtica historia de éxito en el entonces para ella árido campo del sofware, si bien igual se muere de nostalgia en su lejana Bratislava...

Sin lugar a dudas, el caso más triste que me viene a la mente fue el del anglista Romualdo Santos, cuya jefatura de la redacción América del Norte y Europa Occidental heredé a raíz de su nombramiento como primer director del recién inaugurado Juan Marinello en la Habana Vieja. De orígenes muy humildes, vestía y se comportaba como un dandi, engolaba la voz, hacía dieta y practicaba gimnasia.

Siempre cuidándose de aparentar lo que en su fuero íntimo ya no era: revolucionario de corazón. Me tocó en suerte formar parte del dúo que le hizo el proceso de ingreso al Partido, desoyendo ciertos chismes cederistas (del Comité de Defensa de la Revolución, CDR) de vieja data. Un mediodía cualquiera, al regreso del almuerzo en una de las escasas fondas del barrio, se había quedado al pie de la escalera, amagando en vano con subir el primer escalón.

Por desgracia, lo al principio pareció un chiste extravagante en un hombre de sólito tan circunspecto resultó ser el comienzo de una tragedia: durante un viaje reciente a la Martinica contrajo una rarísima enfermedad del sistema nervioso central que provoca una lenta parálisis progresiva de todo el cuerpo a partir de las extremidades sin afectar la conciencia del paciente.

Cuando fui a verlo a su casa durante un pase de la colonia peniteniaria ya sólo quedaba de su atlética anatomía, agitada por esa ansiosa locuacidad de los deshauciados con plazo fijo, una cabeza increíblemente lúcida sobre un cuerpo reducido a la condición de vegetal. Libre al fin de las numerosas ataduras que él mismo se había impuesto, el torrente de sinceridades que brotó de sus labios aún me eriza la pìel tanto como cuando lo tuve delante de mis ojos por última vez. Pero ésa es otra historia que debo a mis amables lectores y, sobre todo, a mí mismo...

Quisieron la Parca y el calendario biológico que yo no tenga que hablar hoy de otro que hubiese sido caso lamentable, doloroso para mi Alter Ego, como quien dice, por carácter transitivo. Me refiero a la difunta narradora radiofónica Iris Dávila Muné, la "abuela" jubilada de la editorial. Al hacerle la entrevista de rigor con vista a su ingreso extemporáneo al PCC, me dejó entrever que daba el paso más bien para cubrirle las espaldas al clan familiar: a buen seguro, la madre de Carlos Lage, que habría muerto de rabia al enterarse de la perra suerte de su hijo, debe de estar revolviéndose en su tumba...

Al final de la década escaseaba cada vez más casi todo, como ahora mismo al calor de la funesta consigna de
AHORRO O MUERTE. Por suerte, en el Dpto. de Personal del palaciego mezzanine contábamos con las diligencias de un Hermes motorizado cuya faena oficial consistía en llevar manuscritos y traer galeras y pruebas de imprenta entre la editorial y las imprentas en una de aquellas motos rusas con sidecar.



Aquel “macricito” (blanco joven en el argot afrocubano), chévere y bisnero como para él solo, aportó a la guara (piña) de Arte y Literatura una apreciable ventaja competitiva sobre nuestros cordiales pero imprevisibles rivales de Letras Cubanas. Sus “conectos” en los almacenes del cercano puerto y los frigoríficos de las afueras le llenaban de vez en cuando el sidecar con cargas mucho más valiosas que manuscritos, galeras, maquetas de diseño y ejemplares de muestra: mariscos y pescados, pavos y pollos y a veces hasta carne cerdo y res.

Todo convenientemente congelado en cajas de cartón. Ni que decir que entre sus clientes nos hallábamos los editores. La negra Mercedes, dura en tales menesteres, actuaba de intermediaria. Una tarde voy subiendo las escaleras de mármol del Segundo Cabo cuando, de repente, detecto un rastro de gotas de sangraza en los blancos escalones de mármol de la escalera conducente al entresuelo.

¿Huellas frescas de algún Jack el Destripador que recién habría bajado o subido en un maletín trozos sangrantes de su última víctima? ¿Alguna incauta compañera aquejada de molestias a destiempo con el cartabón lunar? No tuve que sacar la lupa de Holmes para descartar al instante ambas hipótesis. Siguiendo el rastro comunista fui a dar directo al refrigerador del Dpto. de Personal. Sin tomar nota de la complicidad en las miradas de Mercedes y Catty (de la ausencia de Carlitos, el jefe, daba fe el infalible cabo de tabaco inerte y hediondo en el cenicero), abrí el refrigerador.

Para mi asombro y dolor, desprendióse del atestado congelador un tropel de pollos duros como adoquines. Uno de ellos se impactó contra la puntera de mi mocasín izquierdo. Hube de quitarme el calzado indio para frotarme el contuso dedo gordo. Auxiliado por mis dos risueñas amigas, tardé unos minutos en recuperar habla y cordura. Según “Mechy”, nuestro inapreciable mensajero había tenido que dejarles tres cajas de pollo congelado de diez unidades cada una. La carga entera, pero se estaba vendiendo como pan caliente...

Por el camino, el avispado chico se había percatado de que lo venía siguiendo un Lada con dos tipos sospechosos. No recuerdo el nombre de aquel rubio ("Clarito", precisa el mulato Oscar Blanes por email) medio tartamudo con acné juvenil, pero sí que a la postre le echaron el guante. “No te preocupes: falsa alarma”, me tranquilizó Mercedes. Les halé las orejas: qué sucedería si alguien del edificio levantaba el teléfono y nos chivateaba. Debían andarse con más cuidado, porque estábamos incurriendo casi todos en un delito de contrabando y recepción ilegal. Me escucharon si rechistar, con un mohín de maliciosa jarana en las comisuras de los labios. Cuando ya iba de salida, Mechy me incrustó un largo y corvo índice entre los omóplatos:

--Mi negrito, hace falta liquidar urgente el mandado. ¿Cuántos te separo?
--Trinidad de ellos, como de costumbre --repuse, volviéndome.

Los tres estallamos en una sonora carcajada. Sí, definitivamente, por más que el lector no me lo crea, aquellos eran nuestros años felices. Y hablando de imprenta y manuscritos, dos de ellos, correspondientes a sendos tomos de una Antología del Teatro Portugués Contemporáneo, bajo su custodia como jefe de la redacción de América del Norte y Europa Occidental, habrían de servirle pronto al Abicú de pretexto para ir soltando lastre de cara al futuro incierto.

Verdad es que a mediados del 89 se había opuesto en solitario al inminente fusilamiento del general Ochoa durante aquella plenaria de la UNEAC y ya tenía llena la cachimba de la paciencia revolucionaria, pero de momento la renuncia a la jefatura de la redacción más codiciada del ICL no estaba en sus planes. [Foto: Mercedes Saínz. Hemipléjica desde hace años, apenas ha perdido algo de su antigua voluntad de vivir y hacer por los suyos.]

Bien, resulta que, como de costumbre, mi Alter Ego había escogido para la tarea a uno de sus colaboradores estrellas. Cortés y comedido, Guillermo Wasmer era un homosexual entrado en años que podría mal el luto por el gran amor de su vida, un hombre mayor solvente que le había legado la totalidad de sus bienes, vivienda en el residencial de Santo Suárez y oldtimer gringo incluidos. Todos los jefes de redacción lo sabíamos en medio de una comprensible crisis afectiva con bloqueo mental que le impedía cumplir los plazos.

Correctores y editores trabajaban en casa, pero ni por ésas: los estados maniaco-depresivos se habían hecho crónicos en el inconsolable Guillermo. Se disculpó varias veces con el Abicú, pretextando complejidades imaginarias, y yo le ponía nuevas fechas de entrega. Hasta que llegó el día en que, bajo la doble presión del plan editorial del año y del agregado cultural de la Embajada de Portugal, le exigí no seguir dándole largas al asunto y acabar de entregar de una vez el dichoso mamotreto a fin de que lo finiquitara otro colega.

La venganza del así humillado vino enseguida, cuando le pedí que empezara a editar el segundo tomo en su poder: Que no, señor, que se le había entregado el primero pero no el segundo. Aunque seguro de habérselos entregado los dos, registré de arriba abajo cada estante del cubículo. Tampoco estaba entre los ejemplares almacenados del "colchón editorial", ni en la biblioteca, ni en los libreros de mi apartamento en Alamar. Indagué entre los demás editores. En balde, el segundo tomo de la
Antología del Teatro Portugués Contemporáneo no figuraba ni por los centros espirituales.

El evitable desenlace sobrevino en la oficina de la directora: extrañamente (nos llevábamos bien, aunque más de una vez mis vaticinios adversos sobre el Bloque Socialista la sacaron de quicio en las reuniones del núcleo), mi jefa y camarada cerró filas con el pobre Wasmer, achacándole al Abicú el extravío por negligencia. Conminada a elegir entre ambos, ella ratificó su arbitrario veredicto y yo mi inapelable voluntad de renunciar al cargo con efecto inmediato.

A pesar de su reconocida crueldad en cuestiones administrativas, esa blanca linda es en el fondo sentimental y de algún modo me apreciaba. Prueba de ello fueron las gotas de llanto que le humedecieron los ojos durante la confusa reunión extraordinaria del núcleo convocada en el Palacio del Segundo Cabo para sancionar al segundo cabecilla del grupo opositor Criterio Alternativo. Deduje, por tanto, que debía de haber terceras cucharas en el potaje...

Al final, para poner punto final a aquel melodrama de expulsión de un revolucionario querido pero gravemente equivocado, invoqué los sacrosantos Estatutos del Partido, que no dejaban duda al respecto. No sin prometer que yo mismo me encargaría al día siguiente de explicarle al personal "no parametrado" de la editorial que mis camaradas no eran en absoluto culpables de la drástica medida aplicada. Luego supe que Elísabeth había tenido la delicadeza de interesarse por mi suerte en cautiverio...

Tampoco puedo dejar de expresar mi inmensa gratitud y nostalgia a los colegas de Arte y Literatura que aparecen en la sobremesa de la cena ofrecida por el tránsfuga de la editorial en casa de Lydia Pedreira en el Vedado con motivo de su primera, y única, visita a la Isla en el verano del 99.

El Consulado de Bonn me concedió 21 días de permiso y pagué cien dólares a Iberia en La Rampa por regresar una semana antes de vencerse plazo con tal de evitar nuevas complicaciones... La foto de al lado fue tomada durante la cena del reencuentro en casa de mi entrañable amiga Lydia Pedreira. De izquierda a derecha, Nadia, Mercedes, Analois, Elda y su Marido "El Maja". No logro reconocer a la dama del fondo. Asistieron alrededor de veinte ex colegas. Puede ser una de las dos nueras de la anfitriona, o alguna amiga de la casa. Lógicamente, si bien apenas se habló de política, no todos los asistentes quisieron dejar constancia de su presencia en semejante convivio de la nostalgia alternativa...


Finalmente, no sería justo despedirme por hoy sin dar fe aquí también del regocijo del reo de conciencia más importante de la Prisión Provincial de Cienfuegos (dudoso mérito que enseguida enriquecería el historial penal del difunto Sebastián Arcos Bergnes) cuando de visita en el Correccional Modelo de Lagunillas, el jurídico Armando Soler le reveló que, apenas enterado de que su antiguo jefe moraba entre rejas por contrarrevolucionario activo, Guillermo Wasmer encontró y devolvió el manuscrito lusitano de la discordia...

Sunday, 31 May 2009

Volvernos realmente malvados para que las cosas mejoren

Dialogando con los lectores a propósito de Encuentro y sordos que no quieren oír...

Por Jorge A. Pomar, Colonia


La mención de la verdad les parece a los demás un arranque de maldad, pues consideran la conservación de sus medias verdades y memeces como un deber de humanidad, y opinan que hay que ser malvado para echarles a perder el juego. Dicho sin rodeos: es necesario que alguna vez nos volvamos realmente malvados para que las cosas mejoren. Friedrich Nietzsche

Un lector que se identifica con el pseudónimo de "Servandillo Cerbatana" ha tenido a bien soplar el siguiente chícharo ponzoñoso contra el post anterior:

Querido Pomo(ar). Creo recordar que cuando salió el ataque de ciencia ficción contra Jesús Díaz en La Ilustración Liberal, del tal Servando, tú seguiste colaborando con Encuentro. ¿Por qué? Querido amigo, así no se puede ser coherente. Debiste romper con aquello YA. Ahora que ya no te llevas con ellos es que le das credibilidad a la novelita de Servando? 31/05/09 15:58

Por lo visto me conoce o alguna amistad común le ha revelado uno de los motes del Abicú, a quien los íntimos llaman cariñosamente "Pomo". Atendiendo a su corrección verbal y estilística, rara virtud en los anónimos y pseudónimos discordantes de la penetrada blogósfera criolla, lo distingo y premio con una réplica personal a su nada sutil insinuación de que soy un farsante, un cambiacasacas, un oportunista que intenta a posteriori acomodar los hechos a su propia conveniencia. [Cuadro titular: El triunfo de la muerte, Pieter Brueghel el Viejo.]

Al final, inserto también el atinado comentario de Lázaro González, quien no demuestra menos voluntad de estilo y con cuya bien argumentada opinión concuerdo en lo fundamental: todas las iniciativas tienen su costado positivo. El previsible fracaso de los promotores y firmantes de ese texto lloverá sobre lo mojado, pero a la vez corroborará por enésima vez la inutilidad de proponer negociaciones sin argumentos de fuerza que poner sobre la mesa. Con todo, no me opongo a que otros hagan el esfuerzo. Tan sólo deseo de todo corazón que hagan el fracasen.

Mi objetable alegría por el mal ajeno, Lázaro, no atañe al gesto en sí sino a mi rechazo individual al panorama resultante del éxito de la gestión. El resto de este enfoque nietzscheano del asunto lo dejo, sin ironías, a tu fértil imaginación, puesto que es más que evidente que, no más leído el exergo, ya me has entendido. Por lo demás, abulta aquí demasiado un defecto que más de un infatigable partidario del diálogo a ultranza comparte con el castrismo.



A saber, que suelen mostrarse más dialogantes con el enemigo que con los amigos, a quienes sólo responden con esos insultos anónimos que sacan de quicio a nuestra fraterna Cristina. "Nuestro pueblo" no está en condiciones de desembarazarse del castrismo: necesita ayuda, aunque sea del azar concurrente en forma guadaña. El resto, lo que demandan esos sordos que no quieren oír a las voces máximas de la Revolución, es dejar nuestra suerte al arbitrio de las tres morosas virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad...

Raúl Castro, Juventud Rebelde, 29-04-2009: "Las medidas que recientemente anunció el Presidente Obama, si bien son positivas, su alcance es mínimo. El bloqueo quedó intacto. No hay pretexto político ni moral que justifique la continuidad de esa política. Cuba no ha impuesto sanción alguna contra los Estados Unidos ni contra sus ciudadanos. No es Cuba la que impide a los empresarios de ese país hacer negocios con el nuestro. No es Cuba la que persigue las transacciones financieras realizadas por los bancos norteamericanos. No es Cuba la que tiene una base militar en territorio de los Estados Unidos contra la voluntad de su pueblo, etcétera, etcétera, etcétera, para no hacer interminable la lista y por lo tanto, no es Cuba la que tiene que hacer gestos".

Lo dicho, que no va contigo: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Sobre todo a juzgar por el alcance real del putativo programilla de "reformas de mercado capitalistas" por el que fueron tronados los talibanes Carlos Lage y Felipe Pérez Roque. Los grandes caudillos omnímodos, dilecto Lázaro, raras veces bajan solos al sepulcro, aunque mueran en la cama. De un modo u otro, sea apacible o violenta la solución final, tarde o temprano van a correr ríos de sangre en la Isla. Presagiada la ineluctable catarsis, les envío un saludo a ambos, junto con mi inmensa gratitud por el apoyo que me brindan. Y paso sin más a ocuparme de los chícharos venenosos del atento fray Servandillo:

Honorable detractor incógnito: Para empezar, no tuve noticias ni leí los artículos de Servando González y César Leante en las fechas en que fueron publicados. Más tarde sí, con deleitosa y fructífera atención. Desde luego, no me enfrasqué en mi campaña contra Encuentro sin reconocerles explícitamente su condición de pioneros del tema. Sobre el fundador de la AECC recordaba de Cuba rumores de fuentes confiables e interesadas.

Leí sus cuentos, novelas polémicas (que para un germanista habituado a la narrativa de la RDA no lo eran en absoluto) y gocé críticamente los largometrajes Lejanía y Alicia en el pueblo de Maravillas. Luego, ya en el exilio alemán, junto a análisis críticos sobre su debate con Eduardo Galeano y el anatema del ministro de Incultura Armando Hart Dávalos a raíz de la deserción de Jesús, aquellas reminiscencias redondearon en mi mente una imagen más bien favorable de su controversial personalidad.

De modo que fui a él en Berlín sin reservas, puesto que --no me canso de repetirlo-- no me considero ni remotamente perfecto, pretensión que aborrezco de antemano en cualquier mortal. (Soy agnóstico.) Te equivocas: nunca fui colaborador voluntario de la AECC en vida de Jesús. El único artículo de mi autoría publicado en la revista antes de su oportuna defunción, que data de 1977, lo detectó él en una fuente bilingüe y lo publicó sin consultarme. (Sé que la pregunta final del párrafo es retórica pero, por favor, si por ventura sólo estás (h)errado y detrás de tu ocurrente pseudónimo no se esconde un agente provocador, relee lo que he escrito al respecto.)

Ahora bien yo ya era amigo personal de Jesús, cuya obra aprecio. En realidad, lo conocí de cerca en Berlín en el 94. Seguramente no con otros, pero conmigo se portó como un caballero: amable, solidario, abierto al debate y exento de ese rasgo autoritario que se le atribuía y sin duda poesía. Me abrió las puertas de su casa y familia, me introdujo en el círculo de sus amistades y me invitó a presenciar una de sus clases de cinematografía. En la Haus der Kulturen der Welt (Casa de las Culturas del Mundo) dimos una conferencia al alimón en la que no hubo la menor desavenencia entre ambos.

Otrosí, polemistas ambos, en privado diferíamos en la manera de ver las cosas (verbigracia, la valoración de Titón, a quien él admiraba como cineasta y persona y yo apenas como cineasta, y para eso no en toda la línea). Como es natural, nos enfrascamos en cordiales controversias. Pero te puedo asegurar que en 16 años largos de exilio con contados paisanos he congeniado tanto como con él.

De sobra sabido que el Abicú prefiere a los líderes con carisma, poder de convocatoria, dotes de organizador, sentido del humor y fortísima voluntad de poder (todas esos virtudes las poseía con creces mi amigo), pero susceptibles de cambio de criterios y abiertos al debate y la crítica. Pese a la fetua de Hart, Jesús --visión de sí mismo que también aprecio sobremanera-- tampoco presumía de mártir ni de héroe: "No tengo madera de mártir ni de héroe. Pero sueño con mi regreso a Cuba, pero no al precio de callarme. Como ahora esto no es posible, prefiero pagar el costo del exilio, en lugar de pagar el costo del silencio" (El País, 20-01-1996).

Igual detesto a los nobles y "progresistas" programáticos, pero grises, invariables y pusilánimes. De ahí que, significativamente, mi primera contribución voluntaria con la Revista Encuentro se titulase "Jesús, el cubano perfectible", una laudatio póstuma. Quizo el azar concurrente, o la "larga mano del castrismo" que muriese justo cuando, aplicándose a sí mismo el argumento central de La piel y la máscara, su primera novela del exilio, acababa de descorrerse lo que le quedaba de máscara para dejar totalmente al descubierto su propia piel de rebelde. Eso creía cuando escribí su panegírico y sigo creyendo a día de hoy...

Años atrás en La Habana, Jesús me había secundado brillante y corajudamente en una plenaria de la UNEAC donde hice uso de la palabra para protestar contra el atropello a la poetisa Carilda Oliver y otros poetas durante una lectura en Matanzas. Exigí la expulsión deshonrosa del delegado local de la Unión en la provincia, involucrado en el pogromo y todo el peso de la ley para la jefatura de la Seguridad del Estado en la provincia.

Precisamente, lo que me indujo a colaborar con la Revista Encuentro fue, por un lado, un sentimiento de culpa por no haber apoyado desde el principio el proyecto de un intelectual de fuste cuya muerte, natural o artificial, coincidía sospechosamente con un notorio proceso de toma de conciencia y radicalización por su parte. Mutación que se percibe nítidamente en la política editorial de la AECC a partir de una visita reciente a Miami donde Jesús hace causa común en público con el mal llamado "exilio duro".

Rompía así el tabú número uno de la actual presidencia. El segundo es acaparar el máximo posible de donativos del entramado fundacional europeo; tercero, darle participación editorial y foral a librepensadores; cuarto, establecer contacto en España con los exiliados de a pie, sin papeles, etc.; quinto, centra la cobertura noticiosa en la alta cultura, la farándula y el deporte; sexto, llevar el tema del Batistato y la Revolución más allá de los enfoques comunes de la historiografía burguesa (republicana y castrista); y séptimo pero no menos importante, mantener en la agenda del día las falacias del embargo, el diálogo, la paz social y la soberanía en peligro.



Un octavo lo cumplen de manera rigurosa bajo el lema abstinente del "Todo vale" y "No hagan holas". El noveno, corolario del anterior, consiste en no tomar nota de las críticas a la AECC y perfilarse como instancia aglutinadora. Cierra el decálogo el mantra de que la veracidad de las opiniones políticas es directamente proporcional a la fama y el número libros publicados por los opinantes. Siempre que no sean "de derecha", desde luego...

Coherentemente, mis conflictos con la nueva presidencia de la AECC tienen todo que ver con la instauración de la censura y el escandaloso abandono de aquella reapertura con la que el voluntarioso Jesús cortaba de un tajo el plausible nudo gordiano que lo ataba a su propio pasado de hombre de confianza del régimen. Si los datos documentales y especulaciones lógicas de Servando y César no son más que una "novelita", ¿por qué respondes tú, que supuestamente no tienes arte ni parte en esa historia, y no los aludidos? Finalmente, Servandillo, cada cual rompe (en la desigual medida que le dictan su coraje coraje civil y sus intereses creados en el exilio o la "Diáspora" encuentrosa) cuando está maduro para dar semejante paso.

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Tanto derecho tienen los que con la mejor fe del mundo...

Por Lázaro González, Miami (¿?)

Respeto para todas las opiniones, aunque piense de otra manera respecto a algunas de ellas, pero es necesario acotar algo a esta altura del debate. La complejidad de la solución [soluciones] del problema cubano conduce al despliegue de numerosas propuestas de solución sin que nadie pueda erigirse en el Mesías.

Lo que si queda claro --al menos para mí-- [es] que tanto derecho tienen los que con la mejor fe del mundo convocan a esta campaña, que [como] el Abicú y Cristina en considerar que es superflua y no contribuye a los objetivos de la lucha anticastrista, y que incluso puede reforzar la "legitimidad" del régimen. [Fe, Esperanza y Caridad, remate de la fachada de la Catedral de México, escultura en piedra de Manuel Tolsá.]

En la sociedad que soñamos y que algunos tratamos desde nuestros mínimos esfuerzos de construir, la multiplicidad de criterios es lo más deseable. Convoque y construya consensos [quien lo desee], y los que tengan otras opiniones también tienen derecho a ello. Para los que hemos tenido el privilegio de conocer otras sociedades donde uno de los valores mas preciados es the freedom of expression, y además hemos logrado en alguna medida aprender a respetar la opinion ajena, la tolerancia es piedra angular del debate cubano y de su solución.



El que alguien no se sume a esta o aquella convocatoria es una decisión sustentada en la libertad del individuio de elegir, algo que el castrismo entendió temprano que habia que suprimir. No se puede imponer una convocatoria por justa y humana que la consideremos; y no solo ya en términos de libertad de escoger, sino porque en la realpolitik lo justo y lo humano lamentablemente no tienen asientos reservados, y muchas veces tienen que ver el juego desde las gradas. No importa cuánto nos duela.

Ello no justifica razones para cuestionarse de qué bando esta cada cual, pues en sí mismo el término "bando" es exclusivo, impreciso y multifacético, en tanto la realidad misma lo es. Para no hablar de como cada uno de nosotros la reflejamos. No existe afortunadamente un cerebro global que condicione la unanimidad, y la naturaleza y la sociedad nos han dotado de un cerebro mínimo y debidamente individualizado; lo demás es totalitarismo, venga de donde venga y se invoquen las razones que se invoquen.

La solución biológica al problema cubano está debidamente preparada en la línea sucesoria establecida por el castrismo. La solución asepticamente quirúrgica de extirpar los puntos ceros principales y sus colaterales técnicamente factible, no es viable en tanto quien está mínimamente preparado para llenar el vacío de poder que se generará.

Con güiro y mente se destruye el castrismo, no con intolerancias, extremismos o totalitarismos de cualquier color. La experiencia y la praxis demuestran que existen caminos alternativos que pueden ser construidos si los que han asumido el rol de ser sujetos y no objetos de la solución al problema cubano meditaran en ello.