“Perdieron la gesta pero mantienen el gesto”
Por Roberto Madrigal (foto), Cincinnati
Hace unas semanas [pinche sobre el subrayado para acceder al original en el blog del autor; ¡saludos!] seguí de cerca como muchos de los escritores, académicos, artistas e intelectuales que habitan la blogósfera cubana no escatimaban palabras, incluyendo una carta con múltiples firmantes, para protestar por la presencia de Miguel Barnet en el Centro Bildner de la City University of New York (CUNY), con motivo de presentar la traducción de su novela La vida real (1986), para la cual recibió y disfrutó de una beca Guggenheim a principios de los ochenta, y que ahora aparece con el título A True Story: A Cuban in New York, editada por Jorge Pinto Bools y que cuenta extrañamente con un prólogo del escritor y profesor José Manuel Prieto.
Aunque estoy de acuerdo con los principios que motivaron la protesta y considero que tiene una base legítima, me parece que es un desperdicio de esfuerzos por el sendero equivocado. Muchas son las razones por las que pienso que ese tipo de protesta no conduce a nada (aunque me parece muy bien que se haga acto de presencia en esas actividades y que con un cuestionamiento inteligente se ponga en entredicho lo que dicta el conferenciante).
En primer lugar Miguel Barnet, aunque invitado en calidad de autor, es un funcionario del gobierno cubano. Todo el mundo lo sabe. Es presidente de la UNEAC (y vicepresidente de la asociación de chihuahas) y no oculta su labor de vocero obediente de la política oficial cubana. En segundo lugar, la academia americana tiene una tradición subversiva, sobre todo las financiadas por el erario público, en la cual no es inusual invitar a figuras que representen políticas o puntos de vista diferentes o contrarios a las tendencias principales de la opinión pública o de la del gobierno americano.
Anécdota abicueril ad hoc # 1.- Días después de haber protestado en solitario en la asamblea plenaria de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) contra el inminente fusilamiento del general Arnaldo Ochoa y sus compañeros de la Causa Nr. 1 del 89, el Abicú se da de bruces una noche en la cola de la heladería Coppelia con Miguel Barnet y algún halaleva suyo de la guara literaria cuyo nombre ya no recuerdo ni merece la pena recordarse aquí porque fue más bien un testigo circunstante cada vez más mudo de terror ante el breve diálogo entablado en su superflua presencia. Tras la desagradable sorpresa y el muelle apretón de mano ingrávida:
Barnet: "...Un gesto muy interesante de tu parte, lo reconozco. Y en algo tienes razón, chico Pero, además de ingenuo, imprudente e inútil por completo, nos pudo haber costado muy caro meternos en esa candela, que sólo Dios sabe cómo, cuándo o dónde va a parar . Por favor, no me malinterpretes: yo pienso lo mismo que tú, igual que casi todo el mundo. Sólo que allá arriba la cosa está que arde; lo sé de buena tinta. Menos mal que, sobre todo por tu bien, Abel [Prieto] suspendió el debate a tiempo [para pasar enseguida al tema de interés en la agenda: arte y parte de la distinguida concurrencia en el proyectado auge turístico] ¿Cómo dijiste? ¿Revirarse? ¡Huy, qué va, mi hijo, deja eso! Lo tuyo ya es delirio, locura, arrebato suicida. Yo soy una tumba, pero escucha este consejo de alguien que conoce y aprecia por lo que vales: el horno no está para galleticas. Así que cuídate que te perdemos". Acto seguido, el futuro presidente de la UNEAC giró en redondo sobre sus talones y se alejó entre la multitud sedienta...
Algo muy enraizado en el principio de libertad y diversidad de expresión. Barnet no es el primer impresentable a quien se invita, ni será el último. En tercer lugar, por muy repulsivo que resulte el sujeto, no hay dudas de que Barnet es un escritor establecido con un prestigio literario bien merecido, aunque no sea del gusto de todos. Por último, el 99% de los asistentes a dichos eventos son gente que están convencidos de las virtudes imaginadas del disertante y del producto que éste vende.
O sea, sus opiniones son rígidas y no van a ser afectadas por el suceso, son los ciegos que no quieren ver. La comparecencia de Barnet no representa ninguna impronta duradera ni relevante. Es un acto más que le sirve a él para escapar por un rato la realidad que sufre y defiende, disfrutar el agasajo, llenar las maletas para el regreso y si es posible, reconectar con algún viejo amigo. La protesta nos hace lucir intolerantes porque sólo le darán la bienvenida los que no la necesitan. Nadie lo ha cuestionado, pero mucho más me preocupa el hecho de que el profesor Prieto haya escrito un prólogo a ese libro.
Yo sé que la supervivencia en la academia americana es difícil y no conozco que exigencias haya detrás de ese prólogo, pero me gustaría informarme de sus motivaciones. El reverso de esta actitud es el frecuente destaque de cuanta declaración con carácter de disensión se puede leer, mayormente entre líneas, en las presentaciones, lanzamientos de libros o entrevistas de escritores como Leonardo Padura o Pedro Juan Gutiérrez, quienes entran y salen de la isla con inusitada repetición, publican sus obras en el extranjero y supongo que recogen sus honorarios, de los cuales una parte pasa a las arcas del gobierno cubano, y después lanzan sus obras en Cuba como si nada.
[Anécdota abicueril ad hoc # 2.- Siguiendo un hábito masoliterario, asistí con Anna a una lectura de Pedro Juan en 2002. A pesar de disgustarme hasta la aversión su realismo cutre (me había sido imposible pasar de las primeras diez páginas del primer tomo de la trilogía) ni comulgar con las ambigüedades del huésped, me abstuve de participar en el debate de clausura. Una sola lectora atinó a descalificar al autor como sexistisch und verpfutscher (sexista y chapuceador) de lo que aquí pasa con justicia por kolportage (sensacionalismo barato).
Persistí en mi desidia incluso después de que, sorpresa, el presentador del bodrio fuese nada menos que el conspicuo Franz-Joseph Antwerpes, premiado en el 98 por el Comandante en Jefe en persona, por su ejemplar solidaridad con la Revolución Cubana a cuenta del fisco renano, con la máxima condecoración estatal: la Orden "José Martí". El escándalo fue mayúsculo, al extremo de que de entrada las autoridades federales competentes prohibieron al conspicuo condecorado exhibir la presea totalitaria en público hasta nuevo aviso. Pues bien, como era de esperar, en su jaculatoria el ex gobernador de Renania del Norte-Wesfalia se desentendió del libro para desleírse en loas a su Kuba ante el progrerío local leído y escribido, predominante en la sala. Al final, tras serle yo presentado por su solícito mecenas, compartimos amigablemente una cerveza con el autor. Continuará...]
No es una cacería de brujas lo que me propongo, sino una llamada al debate, si cito estos nombres es porque son los mas conspicuos, pero no son los únicos. No quiero creer que haya una conspiración detrás de esto y entiendo que cada cual hace lo que puede para sobrevivir en ese sistema, pero estos encantadores de serpientes presentan un verdadero dilema al discurso del exilio. Al ser escritores que aparentemente hablan con bastante libertad sobre los problemas de la isla (sobre todo para los confundidos lectores españoles, argentinos o mejicanos), desvirtúan la premisa de que en Cuba hay una censura feroz. Venden la ilusión del cambio.
En esta reciente feria del libro de La Habana se presentó la edición cubana de la excelente novela El hombre que amaba a los perros, escrita por Padura y que trata de un capítulo poco conocido de la vida del asesino de Trotsky, y en la cual se dicen algunas cosas sobre el estanilismo impensables hasta hace poco en un libro editado en Cuba. A su vez, en el festival cubano que se desarrolla en Nueva York, se presentarán documentales con entrevistas con ambos autores. Están en misa y en procesión. No me llamo a engaño. Estoy seguro de que hasta la última coma, el último acento y la más recóndita prosodia emitidas por estos y otros escritores cubanos que entran y salen, callan y declaran, han sido revisadas minuciosamente por el agudo ojo y la refinada oreja del censor.
¿Por qué entonces se les deja impunes? Si analizamos sus obras y sus declaraciones con la misma perspicacia que el censor, nos damos cuenta que tanto Padura como Gutiérrez son creyentes frustrados. Su queja refleja y revive el viejo dilema del socialismo real contra el socialismo de rostro humano. Sienten nostalgia por la miseria épica y les molesta la miseria ordinaria, que iguala a Cuba con Honduras o con Guatemala, economías desvencijadas, dependientes de las remesas que envían sus emigrantes, sin importar ya el sello político del donante.
[Anécdota abicueril ad hoc # 2. (final)-En caballeresca reciprocidad por la discreción abicueril, Pedro Juan nos confesó que, siendo aún periodista estelar del régimen, a mediados del 91 él habría asistido a una reunión estrictamente confidencial en negociado ideológico del Comité Central (DOR) donde el titular Carlos Aldana alertó pasó revista sobre las últimas novedades subversivas, alertando a la selecta concurrencia panfletaria sobre lo siguiente:: entre todos los "grupúsculos contrarrevolucionarios existentes" activos a la sazón, el único que realmente preocupaba al gobierno era "Criterio Alternativo". Desde luego, un cumplido colegial a mi Alter Ego, quien había fungido como segundo de María Elena Cruz Varela tras los sonados escaches sucesivos de Luque Escalona y Fernando Velázquez.
El primero a causa de una falsa huelga de "líquidos y sólidos "videograbada durante su breve reclusión; el segundo, redactor de la célebre "Carta de los Diez", poco después privado de voz y voto en el grupo por salir a despotricar en ciertos salones disidentes rivales de la capital contra el honor de la poetisa casada, quien justo acababa de darle unas más que merecidas calabazas fraternales a raíz de su inoportuna e inmotivada declaración de amor en Alamar. Al final, curándose en salud por si las moscas, nuestro gárrulo contertulio cortó en seco su imprudente arranque de solidaridad testimonial con estas palabras: "Todo eso, valga la redundancia, aquí entre nos. Si luego alguno de ustedes dos me echa en cara lo que acabo de contarles, por supuesto que lo voy a negar".
Distinguen el sueño original, la utopía inalcanzada de la pesadilla actual. Les molesta el rumbo que las cosas han tomado, lo separan del horror que les dio origen. Es, como Nabokov decía de Pasternak, su lamento bolchevique. Piensan que el desastre de nuestros días es diferenciable del proyecto modelo y por supuesto, con este tipo de razonamientos, la culpa puede repartirse por muchas partes. De esta forma pueden mantener su protagonismo. Perdieron la gesta pero mantienen el gesto...

FAZIT: Ya puede el aludido (que no abandonó la UNEAC por renuncia sino por expulsión) empezar a desmentir lo dicho al calor de unas cervezas en Colonia. Con todo, amén de que lo aquí rememorado apenas pasa de ser una versión memorística sin el mínimo valor testimonial, maldita sea la falta que le haría a Pedro Juan Gutiérrez gastar su preciosa saliva en esos engorrosos menesteres. Más aún, a fuer de sincero, agradezco a aquellas confidencias suyas una primera intuición realista sobre la elasticidad de la Nueva Política Cultural (NPC), inaugurada bajo la batuta de Abel Prieto --ex jefe del Abicú en la editorial Arte y Literatura-- desde la presidencia de la UNEAC y fiscalizada a través de su dúctil sucesor desde su actual despacho en los predios del Buró Político.
El caso es a que aquellas por entonces novedosas licencias "para jugar con la cadena pero no con el mono", han pasado de moda. A saber, de un tiempo a esta parte es cada vez más obvio que el MINCULT y la DGI están otorgando a granel un nuevo tipo de patentes de corso intelectuales. ¿Con qué fin? Pues, con el fin de, previa estridente renuncia formal al gremio oficial, mejorar un poco la pésima calidad redaccional del llamado "periodismo alternativo" (¿a qué?) o "independiente" (¿de quiénes?).
Enjuague contrainteligente que crece como la espuma, pero desde el punto de vista del oficio deja demasiado que desear en las filas leal-disidenciales. A la zaga de Barnet y los héroes epónimos del --según sus vividores sobrevivientes-- extinto Quinquenio Gris, Padura (por cierto, ¿consignaría en su último bestseller el detalle de que el asesino de Trotski fue asesor del G2 criollo y murió en la Isla en olor de santidad?), Gutiérrez y sus émulos han pasado de moda.
Obviamente, tal como puntualiza el colega Madrigal ahí arriba, el largo de la cadena del Mono se ha alargado un par de eslabones, o sea, justo lo suficiente para que hasta los escribidores más timoratos jueguen a sus anchas con la anacrónica utopía mejormundista de la Primavera de Praga, que a su vez no por antojo del lezaiano azar concurrente encaja, con escasos resquicios y/o rebabas, en el programa unánime de toda nuestra proliferante --e incorregiblemente sectaria-- oposición de diseño "en ambas orillas (colaboracionistas) de la (muy ruin alta) cultura cubana". ¿Conoce por un casual el lector escéptico del patio o el extrapatio a algún reciente apóstata orgánico de 17 y K sospechoso de estar modulando, en clave de actualización del modelo socialista, su tardío "lamento bolchevique"?