Monday, 8 December 2008

Darsy Ferrer vuelve a marchar en un parque del Vedado este miércoles

¿Volverán a quedarse solos frente a la chusma él y sus seguidores?

Por Jorge A. Pomar, Colonia

Va siendo ya una actividad habitual de fin de año en La Habana: el Dr. Darsi Ferrer, experto en detección de desastres sanitarios de la "potencia médica", ha vuelto a convocar a todos los interesados conscientes a hacer acto de presencia el próximo miércoles 10 de diciembre, o sea, pasado mañana, en un céntrico parque del Vedado. El propósito de la marcha circular consiste en pintarle al obstinado la ocasión calva para reclamar sus propios derechos y los de la --para ese peligroso gesto-- aparentemente inamovible "mayoría silenciosa". [Foto titular: Pr. pl. Darsi protegiendo a su esposa durante la marcha del 2007.]

La única violencia previsible en esta sexta edición será otra vez la ejercida por la PNR y las Brigadas de Respuesta Rápida contra los manifestantes habituales a la salida de casa y en el lugar de destino. Pues ya en el texto de la convocatoria los promotores advierten que nadie debe corear consignas ni portar pancartas; ni siquiera responder golpe por golpe, insulto por insulto, a las provocaciones de las turbas clientelares. Será, por tanto, una manifestación de lo más apacible en pleno corazón de La Habana moderna, silente incluso.

Única pero significativa diferencia de arrancada con respecto a las marchas anteriores: lejos de violar cualquier acápite de la legalidad vigente, este miércoles los manifestantes estarán reclamándole al Estado apenas un ejemplo práctico de acatamiento al principio más elemental del canon de convenciones internacionales recién rubricado a bombo y platillo en Naciones Unidas por su ministro de Relaciones Exteriores. Por ende, el Dr. Ferrer no se está exhortando a nadie a cometer la menor transgresión jurídica.

Con todo, si bien el lezamiano "azar concurrente" no excluye la remota posibilidad de que algún que otro transeúnte se sume espontáneamente a la protesta, sería pedirle peras al olmo esperar que no haya coacción y represión policial este 10 de diciembre en Calzada entre C y D. Ahora bien, como indica la lógica aritmética, la eficacia de la acción represiva será proporcional al número de personas que se arriesguen a manifestar a la luz del día (echo de menos la hora exacta en el comunicado) su desacuerdo fundamental con el continuismo raulista o, en do menor, su descontento con el paso de cangrejo de las "reformas estructurales" anunciadas por el cuarto mandatario en medio siglo de "revolución permanente hacia atrás". [Foto: de izq. a der., René Gómez Manzano, Martha Beatriz Roque Cabello y Félix Bonne Carcasses durante el Congreso de la APSC.]

Ha habido cuatro en total, contando al Magno Paciente, único de ellos con potestades omnímodas, y a los doctores Urrutia Lleó y Dorticós Torrado; baja por fuga exiliar el segundo y por suicidio el tercero. Pero a lo que íbamos... La heroica pero penosa protesta minimalista que hemos visto repetirse en las cinco (ignoro si hubo algún Fin de Año sabático) marchas anteriores refleja como un espejo lo que sigue siendo el talón de Aquiles del movimiento opositor desde sus orígenes: la incapacidad para poner a un lado las discrepancias, convocar a todas las agencias de prensa y un buen día echarse en pleno a la calle a predicar vino en tiempos de adulteración sistemática ante una cubanidad de a pie mayormente agazapada bajo el manto de la impotencia apolítica.

Por falta de aviso no dejarán de hacerlo el miércoles. Ejemplos aislados tampoco faltan; ahí están el congreso de la APSC el 20 de mayo de 2005, las marchas de las Damas de Blanco, Yoani Sánchez secundando la protesta en apoyo al insolente roquero Gorki Águila durante un concierto de Pablo Milanés, el periodista Reinaldo Escobar desafiando al Magno Paciente en carta abierta, el propio Darsi Ferrer, su media naranja y sus compañeros, plus algunos temerarios cuyos nombres no me vienen ahora a la mente.

(Por si alguien le echare en cara al Abicú el hecho de hallarse en el exilio, saco la cara por mi Alter Ego a quien, modestia aparte, proeza no de sobra conocida, la angustiosa noche del 23 de noviembre del 91 molieron a palos las turbas en desigual bronca por él mismo inciada en solitario al pie del balcón de la poetisa María Elena Cruz Varela en la Zona 8 el reparto Alamar con tal de que no lo supliciaran trayéndole a sus dos hijos desde su casa en la Zona 13.)

Summa summarum, contando con la colaboración de todos los liderazgos radicales y conciliadores enumerados a continuación, serían de seguro mucho más de un centenar de protestantes girando en el parque, en vez de la decena escasa del 2007. Los cuales exigirían un despliegue de millares de esbirros, que a su vez levantarían un escándalo mediático harto costoso para el Palacio de la Revolución en la, falsa o verdadera, nueva coyuntura de esperanza en el CHANGE in the wrongest place of the world originada en la aldea global por el factor Obama. ¿Volverán a quedarse sólos ante la canalla el Dr. Ferrer y sus contados seguidores? [Foto: Simpatizantes apoyando el Congreso de la APSC desde fuera.]

Ojalá que no. Pero "Niño que no llora, no mama", dice un añejo refrán. Aplicado a cualquier oposición que se respete, conlleva forzosamente su presencia en las calles contra viento y marea. Si el cambio está de moda inclusive donde menos falta no hace, ¿porque no invitar a todos a clamar por él en la isla que más lo necesita, sobre todo ahora que renace como meta de todos nuestros socialdemocrateros? La regla de tres que pretendo remarcar aquí es la siguiente: cuantos más manifestantes protesten el miércoles, a tantos menos golpes y demás represalias tocarán. Con el consiguiente efecto mimético-adictivo sobre la opinión pública local y la perspectiva de hacer escuela.

Darsi sobre los preparativos de la marcha de 2007


En puridad, los promotores no proponen otra cosa que un intento colectivo de romper el círculo vicioso al que, por mero instinto de conservación ante un aparato represivo sobredimensionado (también por un desmedido afán protagónico que induce a algunos personajes más ilusos que ambiciosos a, como dice el aforismo anglosajón, "contar los polluelos antes que rompan los cascarones"), se ha constreñido a sí misma nuestra vapuleada y profusamente penetrada (así y todo lo está menos que la externa) oposición interna.

"¿De qué manera, Holmes?" "Elemental, Watson, no cogiéndose todo el miedo para uno sólo, o sea, dejándole a cada cual la parte que le corresponde, como hace a diario el Dr. Ferrer". Por lo demás, un consejo igual de válido para el exilio y su blogósfera, no menos aquejados de igualitarismo en el reparto Fobias y Temores y/o protagonismo a ultranza en el reparto Vanidad de Vanidades .

Así las cosas, allá voy sin más meandros con la propuesta provocativa del Abicú. Poniendo a un lado la lógica del personaje creado por Conan Doyle, ¿qué tal si Elizardo Sánchez Santa Cruz, aparte de alertar a toda la prensa acreditada con Mauricio Vincent (El País)y Fernando Ravsberg (BBC) a la cabeza, se diera una vuelta por el parque de Villalón para monitorear la actividad? ¿O bien, en su defecto por los motivos que sean, enviara a algún otro miembro de su Comisión estadística, más algún personal de nuevo ingreso para que se vaya fogueando en esas lides reconciliatorias? [Foto: Elizardo Sánchez Santa Cruz en casa.]

Sin pizca de ironía. Si bien a diferencia de Elizardo estimo que prisionero político o de conciencia en la Isla es todo aquel ciudadano recluido por delitos que no lo son en ningún país del "mundo libre". Pariendo de ese concepto, cualificarían como tales decenas de miles y no un par de centenares, amén de que se multiplicaría una enormidad la base de captación de la disidencia entre la población penal honesta y su parentela.

Ídem con el requisito de liberar a los actuales presos políticos: justo, pero insuficiente. Lo sabio y trascendental sería convoyar invariablemente ese petitorio con la exigencia de que se deroguen las leyes por las que fueron encarcelados. De lo contrario, se refrenda lo que es ya de facto una maña gubernamental consistente en cambalachear a los reos políticos por favores recibidos de gobiernos "amigos" o de clientes extranjeros famosos. Por desgracia, estas dos salvedades no atañen sólo a Elizardo, cuyas gestiones humanitarias en modo alguno pretendo poner en tela de juicio.

Igual, a Oswaldo Payá Sardiñas, el infatigable líder del Movimiento Cristiano Liberación (MCL), poco esfuerzo le costaría resucitar a un par de docenas de esas 25 mil almas gogolianas firmantes de su petición constitucional al gobierno. También aquí hay de la parte abicueril más deseo de provocar (léanle bien, por favor, no olvida que la mayoría de los reclusos de la Primavera Negra son del MCL) que de escarnecer. [Foto: Oswaldo Payá Sardíñas en casa.]

Pues consta en los archivos de Encuentro en la Red (EER) que, por más que siga creyendo a pies juntillas que el primer diálogo debe entablarse inexcusablemente con el resto de la oposición militante, en su momento el Abicú rompió lanzas por él en , y todavía no ha perdido la esperanza de verle ofrecer la otra mejilla cristiana a sus tal vez pro forma imprudentes críticos constructivos.

Dando por descontado que Martha Beatriz, Bladimiro Roca, Antúnez, Fariñas, Gorki, Claudia, Yoani, et allii estarán allí como buenos soldados junto con parte de (por precaución, han de dejar a buen recaudo a alguien capaz de asumir el mando en caso de arresto) sus huestes y/o epígonos, meto ambas manos sin guante refractario en la candela por mis favoritos, no vendría mal que, a modo de excepción dispensadora de prestigio, Cuesta Morúa se embullase a correr el albur apuntándose a la movida.

Si el más prieto de los líderes de la ambigüedad disidencial tan sólo se hiciera acompañar por los jefes de cada uno de los múltiples negociados que brotan como hongos bajo su varita mágica desde la carpa unipersonal del multitudinario Partido Arco Progresista ya sumarían más de veinte o treinta manifestantes insuflándole su pacífico aliento colectivo al general presidente con tal de que le haga caso por fin a la grey empiyamada alrededor del dizque socialista democrático Pedro Campos e implemente a ritmo de conga las reformas conducentes al ansiado socialismo del siglo XXI. [Manuel Cuesta Morúa frente a la Embajada de España en La Habana.]

Sin contar a los negros, mulatos y, a juzgar por el nombre de la entidad, blancos partidarios de la "transición tranquila" que, aunque todavía nadie se haya enterado, ya portan carné de afiliados al recién fundado Comité Ciudadanos por la Integración Racial (CIR). Ni la resonancia sideral que sin duda daría al evento la cobertura periodística del Grupo Mediático Consenso.

Si, además, aunque sólo sea para no ser menos que su réplica negroide, Menoyo aprovechara la ocasión para salir al ruedo con su Cambio Cubano. De faltar al cónclave, ambos, el negro catedrático y ex comandante de los "comevacas" del Escambray --no fueron menos heroicos que los "cagatrillos" de la Sierra Maestra-- le harían un desaire imperdonable a su redentor gringo Barack Hussein Obama, espécimen mutante si los hay. Y con absoluta seguridad nada sospechoso del marxismo en ninguno de sus avatares nacionales, ideología que jamás ha sido en serio del agrado de la "pinta" en ningún sitio del orbe, menos aún en la Yuma.

Otros correligionarios cuya cercanía al parque Villalón ese día, dadas las suspicacias echadas a rodar por lenguas malas o certeras, obraría en su descargo son Héctor Palacios & su consorte y ex Gisela Delgado, recién retornados a duro asfalto patrio. Por lo que sugiero a la benemérita Asociación Encuentro de la Cultura Cubana en Madrid (pese a los denodados esfuerzos en contrario de López Levy, Pérez-Stable, Armengol, etc., se les está apagando el bombillo del entusiasmo en la revista digital por un Barack Hussein cada vez más taumatúrgico) que haga valer cuanto antes sus buenos oficios ante La Moncloa. [Foto: Eloy Gutiérrez Menoyo repatriado en La Habana.]

A saber, urge que, vía embajada y previo guiño de complicidad con las autoridades locales, Zapatero envíe a sus hasta ahora intocados (que no intocables) ahijados entre la disidencia un ucase hacerse sugiriéndolos la conveniencia de hacerse notar, discreta o aparatosamente, a la hora del cuajo en el parque Villalón. Un breve arresto a guisa de pista falsa en su caso no sería cosa de menospreciar. Sobre todo si salen de la estación de policía más cercana sin pasar por Villa Marista y con el correspondiente certificado de advertencia para que El País les ubique a la altura de una competencia juvenil y multirracial que apuesta cada vez más fuerte allá en la Isla de las 200 y tantas cárceles de alta seguridad...

Llegado a estos alarmantes extremos, conmino al Abicú a no dar más teque y acabar de poner de una vez el punto final:

"¡Para, para, bellaco! ¿No te parece que ya tenemos bastantes enemigos?... Okay, okay, compadre, ya sé que toda esa andanada de imputaciones y sugerencias existenciales es porque nos daría rabia volver a ver a Darsi , su bella y pocos más vejados y zarandeados por la chusma castrista pasado mañana..."

A mucho insistir, al fin me hace caso. No sin antes espetarme esta perturbadora amenaza:

"Verdad, pero los malquistos de hoy no son nada en comparación con los que pienso agenciarnos la semana que viene. O quizás antes del domingo, si estoy de vena y otra escasa concurrencia a la zaga del Dr. Ferrer en el parque Villalón vuelve a sacarme de quicio". [Foto: Congreso de la APSC.]

"Si no te suicido yo antes, rompegrupo. Tuya será toda la culpa --respondo, resignado a nuestra pésima fama--. Nada quiero tener que ver con este asunto, ¿entendiste?" Ya vamos tocando a bastante tirria cada uno."

"Lo único qué entiendo es que de un tiempo a esta parte noto una cierta moderación programática en ti. ¿No andarás ya en tratos extraños con la AECC? Hum... Ya veo, no en balde el mes pasado me dijiste sin enseñármelo que ese negro catedrático nos había enviado un email proponiéndonos fumar el porro de la paz bajo el patrocinio de la presidencia de Infanta Mercedes # 43. Muéstramelo, por favor."

"Top secret, estrictamente confidencial, dear friend...".

******************************************** La Habana, Cuba, 6 de diciembre de 2008
Convocatoria a marcha en La Habana por el Día Internacional de los Derechos Humanos

Comunicación

Invitación a la tradicional marcha del 10 de diciembre: Día Internacional de los Derechos Humanos y 60 Aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos

LA HABANA, Cuba, 7 de diciembre, - Como es ya tradicional, desde el año 2005 un grupo de activistas de los derechos humanos nos reunimos públicamente, en el parque Villalón, sito en Calzada entre D y E, Vedado, para celebrar la vigencia del 10 de diciembre en Cuba, un día en el que universalmente se recuerda esta importante conquista mundial. [Foto de al lado: Dr. Darsi Ferrer.]

El gobierno cubano se resiste a reconocer el valor de la Declaración de Derechos Humanos para los ciudadanos que vivimos dentro de la isla. Exceptuando la mención de la fecha en algunos medios de comunicación, nunca realiza actos simbólicos o gestos que demuestren su compromiso con los principios que esta Declaración recoge, a pesar de que Cuba es miembro fundadora del recién creado Consejo de Derechos Humanos. Por el contrario, persiste en mantener en prisión a más de 200 activistas, continúa hostigando a quienes solo quieren disfrutar y ejercer derechos reconocidos para todos los ciudadanos del mundo, y conculcando derechos y libertades fundamentales del pueblo cubano.

Parte de ese hostigamiento ha sido la represión desatada contra todos los que hemos decidido expresarnos públicamente con un gesto simbólico, para recordar anualmente la fecha y dejar claro de que en Cuba hay una ausencia capital en el respeto a los derechos humanos. Precisamente el pasado 10 de diciembre, mientras el gobierno cubano anunciaba su intención de firmar los Pactos de Derechos Civiles y Políticos, y Económico, Sociales y Culturales de las Naciones Unidas, intención consumada en febrero de este año, éramos golpeados y vejados quienes asistíamos pacíficamente a celebrar este día. Una muestra de que los propósitos declarados no se correspondían con las verdaderas intenciones de respetar los derechos humanos en Cuba. Desde esa fecha, se cuentan por miles las violaciones sistemáticas de estos derechos.

Nuestra intención este 10 de diciembre, como en las anteriores ocasiones, es marchar pacíficamente en torno a nuestro espacio simbólico, en silencio, sin consignas ni carteles y con la total disposición de no responder a ninguna provocación de las autoridades, o de aquellos que desafortunadamente utilizan para agredirnos física y verbalmente, y luego consumar arrestos arbitrarios. Tal y como ocurrió en el 2005 y 2006, cuando la seguridad del estado dirigió turbas de centenares de personas agresivas que cometieron toda clase de delitos con total impunidad y sin respetar siquiera que lo hacen frente a la sede regional de la UNESCO para América Latina y el Caribe. Esperaríamos esta vez que este organismo tome nota de las acciones de las autoridades cubanas; al tiempo que esperamos que las autoridades de la isla aprovechen este 10 de diciembre para ratificar y divulgar los Pactos firmados, en vez de reprimir a quienes pacíficamente exigen su cumplimiento.



Llamamos la atención de la señora Susan Mc Dade, representante de la Organización de Naciones Unidas en Cuba, que elogió al gobierno cubano por la firma de los Pactos el pasado año, y no emitió su autorizada opinión cuando a la misma hora la policía política atropellaba con turbas enardecidas a indefensos y pacíficos activistas que marchaban en el parque Villalón, en simple ejercicio de sus derechos.

Nuestra determinación es clara en esta ocasión. Hay bastantes evidencias testimoniales (fotos, grabaciones y videos que se han mostrado en los medios internacionales) de los atropellos que hemos sufrido y de la violencia ejercida contra nosotros. Esta vez, si volvemos a ser víctimas de la violencia, hemos decidido establecer una demanda judicial internacional contra el ministro del interior de Cuba, Abelardo Colomé Ibarra, como máximo responsable por nuestra integridad física, psíquica y moral. Solicitamos a cualquier persona de buena voluntad en Cuba y en el mundo, o a cualquier organización jurídica relacionada con los derechos humanos, su cooperación, asesoramiento y representación, si nos vemos obligados a establecer esta demanda judicial.

Dr. Darsi Ferrer
Ciudadano cubano

Saturday, 6 December 2008

Un extraviado monosílabo (con Nota preliminar del Abicú)

Por Yoani Sánchez, La Habana

Tomado de Generación Y, 04-12-2008

[Nota premilinar: Pese a haber nacido en el 75, año cero tras la tabla rasa con el pasado capitalista iniciada en el 59 y culminada por la llamada Ofensiva Revolucionaria del 68, sin duda Yoani posee un ojo infalible para detectar detalles cotiadianos cuyo significado como indicadores de la absurdidad del Período Especial suelen escapar a la atención del observador corriente.

En efecto, el dato de que Cuba, un archipiélago con casi seis mil km de litoral, haya llegado al extremo de tener que importar sal de cocina, viene a ponerle el colofón a la casi total ausencia de pescados y mariscos en la mesa del cubano de a pie a lo largo de medio siglo. Oficialmente, este extraño fenómeno carencial, que no afecta a la Alta Nomenclatura castrista ni a los hijos de vecina en el resto de las islas y países ribereños del Caribe, estaría relacionado con la supuesta despoblación de la plataforma marina ocasionada por la sobrepesca.

Otro bulo como un rascacielos de Manhattan, desde luego. Pero el documental del 2002 aquí insertado sacaba a relucir dos aristas del asunto a menudo soslayadas. A saber, la aberrante indiferencia del entramado institucional castrista por el medio ambiente y la desfachatez de la gerontocracia gobernante de cara al riesgo de ciguatera masiva entre sus hambreados súbditos capitalinos.

Si a tanto se atrevía el diente popular incluso durante la fase de relativa recuperación a comienzos del milenio. ¿qué no serán capaces de comer luego de que tres ciclones al hilo anegaran los ya semidesiertos almacenes y arrasaran los hirsutos campos de labranza? (Por no haber, ni crustáceos hay ya en Cárdenas, ciudad natal del Abicú, otrora llamada "de los Cangrejos".) Las imágenes, inusualmente nítidas para You Tube, valen la pena.

Del resto de la canasta alimenticia autóctona se ocupa el poeta Raúl Rivero, en una sátira citada por la siempre tan certera como ocurrente titular de Generación Y... que me recuerda a "Poppy". La chispeante abelardita (sabichucha colegial) del hilarante dibujo animado de los 80 atribuía la extinción de las frutas cubanas a la misma pesantez que había dado al traste con los dinosaurios... El Abicú.]

Un extraviado monosílabo

Un poema –en los años noventa– ironizaba sobre la desaparición de varios productos agrícolas de las mesas cubanas*. Su autor nunca firmó los simpáticos versos, pero el estilo mordaz señalaba directamente a un conocido escritor. Eran los años en que el CAME se había ido a bolina junto con el campo socialista y nuestros ombligos se aproximaban –dolorosamente– al espinazo. Las viandas parecían haber partido hacia el exilio, dejándonos un punzante recuerdo de su blandura.

Pescadores de La Habana 1


El boniato, el plátano y la yuca regresaron más tarde, cuando la explosión social de 1994 obligó al gobierno a abrir los satanizados mercados libres. Encontramos sobre sus tarimas las variedades de tubérculos que habían acompañado asiduamente los platos de nuestros abuelos, pero a un precio que no se correspondía con los simbólicos salarios que recibíamos. Aún así, allí estaban. Con exprimir un tanto los bolsillos podía hacerse un suave puré de malanga, para iniciar a un bebé en las lides de la comida.

Mientras esos productos nacionales regresaban, llegaron algunos foráneos a suplantar a los criollos. En los hoteles comenzaron a comprarse naranjas y mangos de República Dominicana, flores de Cancún y piñas de otras Islas del Caribe. En las cocinas se hizo común un extracto importado de limón para suplir el perdido cítrico tan usado en salsas y adobos.

La azúcar se trajo de Brasil y un paquete de zanahorias congeladas era más fácil de hallar que las larguiruchas que crecían bajo nuestra tierra. Sólo la guayaba no encontró competencia en las desacertadas importaciones y se irguió –dignamente– en sustitución de todas las otras frutas perdidas.

Pescadores de La Habana 2

El colmo me ha llegado hace un par de semanas, cuando al recibir la cuota de sal que dan por el racionamiento, he comprobado que viene de Chile. No logro conciliar nuestros 5 746 kilómetros de costas con este paquete blanco y azul transportado desde el Sur. Si nuestro mar sigue igual de salado, qué fue lo que ocurrió para que sus minúsculos cristales ya no lleguen a mi salero.

No ha sido la naturaleza –no le echemos otra vez la culpa a ella– sino este sistema económico disfuncional, esta apatía productiva y la tremenda subestimación a todo lo nacional que nos embarga. Tampoco ha sido el bloqueo.

Ahora, habría que rehacer el sarcástico poema de los productos extinguidos y agregarle un breve y extraviado monosílabo: sal. [Foto: Raúl Rivero, El Mundo, 16-04-2007]

*

La yuca, que venía de Lituana

el mango, dulce fruto de Cracovia

el ñame, que es oriundo de Varsovia

y el café que se siembra en Alemania.

La malanga amarilla de Rumania

el boniato moldavo y su dulzura

de Liberia el mamey con su textura

y el verde plátano que cultiva Ucrania.

Todo eso falta y no por culpa nuestra

para cumplir el plan alimentario

se libra una batalla ruda, intensa.

Y ya tenemos la primera muestra

de que se hace el esfuerzo necesario:

hay comida en la tele y en la prensa.

Thursday, 4 December 2008

"¡A mí también!"

Por Claudia Cadelo, La Habana

[Tomado de Octavo Cerco, 03-12-2008]

Con Reinaldo Escobar en el teléfono, aún sin conexión, y enterándome por él de todo lo ocurrido, no tuve tiempo a expresar mi frustración ante la anulación de nuestro primer encuentro de bloggers, pues en ese mismo momento un policía tocó a mi puerta para entregarme mi respectiva citación:

Presentarse mañana en la estación de policía de Zapata y C a las 2 pm.
..

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Hernández Busto sobre el tema en Penúltimos Días

Yo, que vengo siguiendo este asunto con cuidado desde hace algún tiempo, me permito aportar un dato. La plataforma
Bloggers Cuba, que presume de apolítica, está sostenida por el empresario de origen francés David Chapet, residente en Cuba desde 1996 y fundador de Boxitas, una empresa de envío de paquetes-regalo a Cuba.

Alguien que lucra, por lo tanto, con el exilio cubano, no debería permitirse subestimarlo.
La afirmación “Bloggers Cuba es el primer blog comunitario redactado y administrado por bloggers cubanos que residen en la isla” es falsa. Chapet es el administrador del blog, y los cubanos que escriben en él lo hacen bajo su patrocinio, por así decirlo.

Yoani no suspende el encuentro de blogueros...



Mi opinión es que la Seguridad del Estado ha utilizado a Chapet (quien parece haber visto en este asunto un evidente filón de futuro negocio) y a sus
bloggers para tratar de disminuir el impacto de Generación Y y la posibilidad de un debate abierto en la blogosfera cubana. Por eso —y porque los “independientes” se han ocupado de dejar claro que a ellos no les interesa la política— es por lo que algunos bloggers han podido organizar un encuentro en el Palacio de la Computación, mientras que a otros se les entregan citaciones policiales.

PD2: Sobre el encuentro habanero de los “bloggers independientes”, en septiembre pasado, hubo post y debate aquí.

Yoani: bloggers buenos y bloggers malos

Por Jorge Ferrer, Barcelona

[Tomado de El Tono de la Voz, 03-12-2008]

La citación policial a Yoani Sánchez y los términos de la conversación que mantuvieron con ella los dos agentes de la Seguridad del Estado que la convocaron –ella misma glosa sus palabras de esta mañana- implican un nuevo enfoque gubernamental acerca de la libertad que unos pocos bloggers en la isla han decidido tomar sin que nadie se las ofrezca. [Foto: el autor en el American Museum of Natural History, New York. Detalle, ca. 16-11-08.]

Hasta ahora, las negativas recibidas por Yoani a sus solicitudes de viaje a España e Italia, mantenían la cuestión en una escala meramente administrativa. Era evidente la conculcación de sus derechos y la molestia que lo que escribe, y sobre todo la notoriedad de lo que escribe en su blog, significaban para los cancerberos de la pureza ideológica, pero su contención mantenía el pulso en los predios de una aparente indiferencia.

Haberla citado y amenazado ahora, haberse referido claramente a la prevista reunión de bloggers independientes y haber mostrado a las claras la preocupación que les generan unos pocos bloggers y la incipiente red social que están dispuestos a crear convierte la cuestión en un asunto de disidencia política. Esa que reprimen siempre por medios policiales. No ha bastado que Yoani Sánchez manifestara en alguna ocasión que no se reconoce como una disidente en el sentido dado a la oposición interna. De nada ha servido que reivindicara su papel de “ciudadana”. Una sola ciudadana, por mucho que los desquiciara, era una cosa y otra bien distinta una reunión de ciudadanos con propósitos idénticos, y ganas, y arrojo.

Es curioso que por estos mismos días, desde La Habana se urda red de bloggers dóciles, aka, “apolíticos”, que se presentan como sigue y se desmarquen tanto de los blogs escritos por exiliados cubanos como, y con especial énfasis, de la propia Yoani Sánchez:

“Los blogueros cubanos tienen, a partir de ahora, su propio blog con nombre de dominio .com, un verdadero servidor y fuertes deseos de presentar a Cuba desde el punto de vista de quienes viven en el país.
¿Cuál es la situación del lector, mayoritariamente hispanoparlante, que busca información sobre Cuba?

Hasta hoy existen más de 700 blogs sobre el tema de Cuba, más del 95 por ciento de ellos escritos y publicados fuera de la isla, principalmente por cubanos en el exilio. Sus blogs están frecuentemente muy politizados y son anticastristas por principio. El blog cubano de referencia escrito desde la nación caribeña sería el de Yoani Sanchez, pero a mi juicio está también demasiado politizado como para ser honesto, a pesar de los reconocimientos que le han prodigado. (…)

Bloggers Cuba se propone, entonces, dar una visión más moderada de Cuba, pero al mismo tiempo crítica, sin fanatismo ni de un lado ni del otro. Todos los autores son cubanos, salvo yo, pero los artículos que publicaré allí estarán escritos en español.”

Estos bloggers, reunidos en la plataforma Bloggers Cuba, hasta ahora amantes de las bitácoras, Linux, y la Internet, han demostrado al salir a la palestra con tales credenciales y la víspera de la citación a Yoani que son parte de un juego perfectamente diseñado por la Seguridad del Estado, aun cuando algunos de ellos sean personas bienintencionadas. Ellos, por cierto, sí celebraron un Encuentro el pasado septiembre con la anuencia y el apoyo de las instituciones de la isla. Ojalá el entusiasmo que mostraron entonces los anime ahora a brindar su apoyo a la colega amenazada.

Lo que es cierto, sin embargo, es que la partición entre los bloggers “buenos” y los “malos” y la persecución de los últimos con la excusa lista de que los primeros gozan de entera libertad y a los segundos los animan sentimientos aviesos contra la revolución está servida. Y ya se sabe la munificencia con que despachan el plato de la acusación los fiscales del régimen de La Habana. Tan conocido es el guión que uno se aburriría de comentarlo, si no fuera porque otra vez hay personas con nombre y apellido que pueden ir a la cárcel en Cuba por el delito de escribir lo que les viene en gana.

Wednesday, 3 December 2008

Yoani y Reinaldo citados hoy en la estación de policía

Primer round

Por Yoani Sanchez, La Habana

[Tomado de Generación y, o2-12-2008]

Juro que no me he llevado la luz verde, que no compro queso en el mercado negro desde hace más de dos meses y no me he ido de ninguna tienda sin pagar. No recuerdo haber violado las leyes -–demasiado–- por estos días, ni siquiera me he hecho pasar por extranjera para usar el Internet de algún hotel.

Tengo, no obstante, una citación junto a Reinaldo para mañana en la estación de policía de 21 y C en el Vedado. Me pregunto si debo llevar el cepillo de dientes o será un breve halón de orejas lo que recibiré.

Les dejo el documento oficial que recibí hoy de un sudoroso oficial, que subió los catorce pisos por la escalera -–no tengo ascensor desde hace un mes-–.

A las nueve de la mañana sabré de qué se trata, esperen noticias mías después de las dos.

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Anonymous said...

Camilo Fuentes dijo:

Amigos: Acabo de hablar con Yoani. Ya está de vuelta en su casa y avisó que escribirá una pequeña crónica de lo sucedido. Esperamos post ahora.

Envió saludos para todos los que se han preocupado por ella y su esposo.

Camilo

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Las reprimendas del miércoles

Por Yoani Sanchez, La Habana

[Tomado de Generación y, o3-12-2008]

Nueve de la mañana y un oficial mira con aburrimiento la citación que hemos mostrado en la puerta de la estación de 21 y C. Nos deja esperando en unos bancos, alrededor de cuarenta minutos, mientras Reinaldo y yo aprovechamos para hablar de esos temas que el vértigo de la vida cotidiana siempre nos impide tocar. Diez menos cuarto y se llevan a mi marido, preguntándole antes si tiene un teléfono celular. Diez minutos después lo regresan y me suben a mí hasta el segundo piso.

El encuentro es breve y el tono enérgico. Somos tres en la oficina y el que lleva la voz cantante se ha presentado como el agente Roque. A mi lado, otro más joven, me observa y dice que se llama Camilo. Ambos me anuncian que pertenecen al Ministerio del Interior. No están interesados en escuchar, hay un guión escrito sobre la mesa y nada que yo haga los distraerá. Son profesionales de la intimidación.

El tema me lo esperaba: estamos cerca de la fecha para el encuentro de blogger que, sin secretismo ni publicidad, hemos estado organizando desde medio año y ellos me anuncian que tenemos que suspenderlo. Media hora después, cuando ya estábamos lejos de los uniformes y de las fotos de líderes en las paredes, reconstruimos aproximadamente sus palabras:

Queremos advertirle que usted ha transgredido todos los límites de tolerancia con su acercamiento y contacto con elementos de la contrarrevolución. Eso la descalifica totalmente para dialogar con las autoridades cubanas.

La actividad prevista para los próximos días no puede ser realizada.

Nosotros, por nuestra parte, tomaremos todas las medidas y haremos las denuncias pertinentes y las acciones necesarias. Esta actividad, en los momentos que vive la Nación, de recuperación de dos huracanes, no será permitida.

Roque termina de hablarme –casi a gritos- y yo aprovecho para preguntarle si me puede dar todo eso por escrito. Esto de ser una blogger que pone su nombre y su rostro me ha hecho creer que todos están dispuestos a colocar su identidad acompañando lo que dicen. El hombre pierde el ritmo del guión –no se esperaba esas manías mías de bibliotecaria que guarda papeles–. Deja de leer lo que estaba escrito y me grita más fuerte que “ellos no están obligados a darme nada”.

Antes de que me saquen de lugar con un “retírese ciudadana” alcanzo a decirle que no pueden firmar lo que me han dicho, porque no tienen el valor para hacerlo. La palabra “Cobardes” se las suelto casi en una carcajada. Bajo la escalera y oigo el ruido de las sillas que se acomodan en su lugar. El miércoles ha terminado temprano.

Monday, 1 December 2008

Carta de Ajuste

Por María Elena Cruz Varela, Madrid

[Tomado de
Encuentro en la Red, 28-30/11/2008]

A Manolo Granados, Víctor Manuel Serpa,
Lida y Ofelia Gronlier, in memóriam

Este año se conmemora —para aquellos que no insistan en olvidar o pasarlo por alto— el decimoséptimo aniversario de un hecho que marcó un hito en la otra Historia de Cuba: La Declaración de los Intelectuales o Carta de los Diez. Para rendir homenaje a quienes lo arriesgaron todo en aquellos gloriosos, hambreados y peligrosísimos días de una Habana asediada por el miedo y la imposibilidad, es preciso apartarse de las expectativas personales y, sin prejuicios, caminar dentro de sus sandalias. Estar y ser con ellos. [Foto: María Elena Cruz Varela, Berlín 1995.]

Nunca antes he escrito con detalles acerca de esa etapa; quizá porque, a fuerza de escaldaduras, asimilé que todo necesita su tiempo, su baño de serenidad y aplacamiento, porque nosotros, los humanos —asustados por la raíz del término, inevitablemente asociada con el humo—, nos comportamos ante la historia como si ésta fuera una taquilla donde se expenden boletos hacia la inmortalidad y otras memeces. Frente a esa ranura nos atropellamos los unos a los otros, intentamos obviar lo obvio, adulterar, tergiversar e, incluso, cometemos delito de lesa mediocridad. Nos afanamos en eliminar, por omisión o indiferencia, a aquellos que, creemos, puedan hacernos “sombra”. Hay quienes, aturdidos e insensatos, llegan a confundir la entrada al “paraíso de la posteridad” con la ventana catódica y terminan estrellándose contra su engañosa pantalla. Todo eso, y más, hacemos apretujados delante del impasible umbral que, suponemos, debe salvarnos de ese pensamiento de muerte que llamamos olvido; de ese horror vacui al que sucumbimos al pensar que nuestra vida carece de sentido si no salimos en la “Foto”. ¡Así somos de inocentes! Y, creedme, no estoy ironizando.

La Carta de los Diez no es el único hecho trascendente, de probado valor e inteligencia, en la cruzada por lograr la democracia en Cuba, pero sí inauguró un estilo que más adelante serviría a otros para establecer su propia senda en la disidencia interna. En el proceso de germinación de una sociedad civil al margen de las esferas del poder, se puede hablar de un antes y un después de la Declaración de los Intelectuales, pero ese es tema para otro trabajo.

Como sabemos, por experiencia, que la historia es algo que unos escriben mientras sus protagonistas se juegan la piel, cada cual debe hacerse responsable de rellenar los apartados de su propio guión, sin esperar a que sean “otros” los que vengan después a hacer el “cuento” porque no hay después, no hay otro tiempo que éste y no es de sabios dejarlo pasar sin haber hecho lo que creamos pertinente. Por tanto, para curarnos en salud, sólo me falta aclarar que mi intención no es disminuir unos hechos en favor de otros, sino rendir un merecido tributo a quienes, hace diecisiete años, asumieron el riesgo de firmar un documento que no tuvo ni tiene precedentes en el desarrollo de esta tragedia que ensombrece nuestras vidas hace casi media centuria. Sus efectos irradian sobre quienes fuimos obligados al extrañamiento y hoy padecemos el síndrome de Ulises, desparramados por los cuatro puntos cardinales del planeta.

En éstas y otras cosas he pensado durante mis cuatro años de seudorretiro voluntario —digo “seudo”, porque el retiro absoluto es imposible—. Me he dedicado a pensar, a intentar comprender y, también, a escribir alguna que otra novela. Para ello era necesario apartarse de los reflectores, aunque fuese por un período de tiempo. Esta elipsis resultó imprescindible para ajustar mi carta personal, tomar cierta distancia y evitar atropellarme contra el árbol sin llegar nunca a percibir la magnitud del bosque.

¿Quiénes éramos?

En el principio fue mi apartamento de Alamar, mi máquina de escribir, los poemas, los amigos —algunos, no tanto— y Mariela y Arnold, mis hijos, quienes, por suerte, siguen siéndolo tanto. El país hecho trizas, el Período Especial, las amenazas de Opción Cero y mis hijos, otra vez, mirándome desde una inocencia que me hacía sentir culpable por haberlos arrojado a “la arena de este lado del mundo”, pero no sabía qué hacer, ni cómo hacerlo.

Ganar el Premio Nacional de Poesía, y el proceso mediático encabezado por Raúl Castro contra el general Arnaldo Ochoa son, de esa etapa, sucesos que se mezclan en mi mente, porque ambos fueron, en términos de resistencia pasiva, las gotas que colmaron mi vaso.

Desesperada y con un terrible sentimiento de humillación, me dejé rodar hasta llegar al suelo mientras el segundo Castro entonaba, frente a las cámaras de televisión y para un auditorio de generales sangrientos y aborregados, su particular diatriba contra el general Arnaldo Ochoa, los gemelos Antonio y Patricio de la Guardia y un nutrido grupo de oficiales que, hasta ese momento, eran considerados héroes; narcotraficantes y delincuentes a partir de ahí. Raúl Castro pedía que nos involucráramos en la farsa, pretendía obligarnos, por silenciosa aceptación, a que formáramos parte de un juicio al que asistíamos desinformados e impotentes. Lo quisiéramos o no, teníamos que condenarles a la pena de muerte por fusilamiento porque ese era el deseo expreso de “nuestro Papá”, la voluntad del Jefe.

—Hijos —dije—, aquí sólo van a sobrevivir los fuertes y los inteligentes, y su madre no les puede garantizar que sea ninguna de las dos cosas. (Entiéndase por sobrevivir no sólo mantener la carcasa con vida a cualquier precio).

—¡Hay que hacer algo!

Convinimos pocos meses más tarde con el poeta Manuel Díaz Martínez, quien presidiera el jurado en el cual mi libro Hijas de Eva resultó ganador del Premio de Poesía Julián del Casal, en 1989. (Tendenciosamente, Waldo Leyva, a la sazón presidente de la Sección de Literatura de la UNEAC, en el artículo “A enemigo que huye, puente de plata”, publicado en el diario Juventud Rebelde con motivo de la posterior salida al exilio del poeta Díaz Martínez, insinuaba, en un alarde de mal gusto, que el premio se debió a cierto tráfico de “favores íntimos” entre Díaz Martínez y yo).

—Mariela —habló el poeta—. No se trata de tumbar al Gobierno, sino de salvarnos moralmente. Vaya —agregó con su proverbial sentido del humor—, algo así como decirles: “Tenemos el paraguas dentro, lo han abierto, nos obligan a movernos, pero no nos pueden obligar a decir que nos gusta…”. [Comparyiendo mesa en mi apartamento anterior de la Ewaldistrasse, con Díaz Martínez y Gritta Rössing, directora de la Kulturhaus Lateinamerika y organizadora del encuentro "Santiago de Cuba, entre la tradición y el turismo", 1997.]

Todo bien hasta ahí, pero los consejeros no tardaron en aparecer para disuadirnos de que, ni estábamos preparados, ni era el momento. El dramaturgo Antón Arrufat habló con Manolo. El poeta Manuel Vázquez Portal, apelando a su lucidez de entonces, se encargó de “abrirme los ojos”. Sentados ambos en una acera en la calle 17 esquina a H, me explicó que no tendría ni un lugar donde esconderme, “ya no hay posibilidades de meterse en la Sierra Maestra y, además, fumas mucho y tampoco estás en buenas condiciones físicas”. Estas fueron aproximadamente sus palabras y lo peor del caso es que eran verdad y ¡continúan siéndolo! El tabaco y las dolasmas aún son “mis más fieles compañeras” —digo, para matizar, con un cierto tufillo a bolerazo.

Mientras, mi apartamento era un hervidero al que muchos, demasiados quizá, acudían a verter su inconformidad y después se marchaban limpios de conciencia, sintiendo que habían consumido su diaria dosis de disidencia oral. Me harté y decidí arrancar sola, sin encomendarme a nadie más que, otra vez, a mis hijos. Escribí una Declaración de Principios a título de todas las “yo” que creía ser: la madre, la cubana, la poeta, la mujer…, y las rodillas me tiemblan todavía al recordar cómo me temblaban cuando, transida de pavor y vulnerabilidad, redactaba la carta escoltada por Mariela, Arnold y por Héctor David, “contra” quien estaba casada por entonces. Puedo revivir el sentimiento de trasgresión que experimentaba, ¡como si estuviera cometiendo una falta, tan grave, que no tendría perdón de un Dios al que, por esos años, ni siquiera conocía!

Esa carta fue entregada en las dependencias del Comité Central del Partido Comunista de Cuba y, como es lógico, obtuvo la callada por respuesta.

Así fue hasta que, tras sus enormes gafas y su aspecto intelectual, Thais Pujol, casi una niña, se incorporó al paisaje alamareño. Fue ella quien me habló de un libro escrito en Cuba y publicado en Miami por Roberto Luque Escalona. Me lo prestó. Lo leí. Conocí a Luque y al padre de Thais, José Luis Pujol, los fundadores de Criterio Alternativo, y, todavía llena de miedo y confusión, me sumé a ellos.

El crítico Fernando Velázquez Medina, asiduo a las tertulias de mi casa, pasó a visitarnos y le conté con detalles el paso que acababa de dar. En lugar de la reprimenda que esperaba, Fernando reaccionó pidiendo incorporarse al grupo. La troika Pujol-Luque-Cruz Varela dejó de serlo. Ya éramos un cuarteto: teníamos que empezar a sonar.

Nos reuníamos, discutíamos, escribíamos, y todo parecía ir más o menos bien hasta el momento en que pedí pasar las reuniones del grupo para mi casa: era la única con hijos pequeños. El primero en desgajarse del cuarteto fue José Luis Pujol. Nunca entendí por qué, pero, equivocado o no, sus razones tendría y las respeto.

Fue en el vientre de un autobús de la ruta 116, Alamar-Vedado, donde se gestó la Declaración de los Intelectuales. De pie, apretujados, remecidos y sopapeados, viajaba con mis hijos, escoltada por Héctor David y Fernando Velázquez, quien me dejó caer al oído, con ese estilo suyo tan particular, la necesidad de hacer una carta para recoger firmas entre los intelectuales cubanos. Haciendo equilibrios para no caer, le respondí que, “con tan buena voz, no mandara a cantar”, que la redactara él mismo y que, una vez escrita, la discutiríamos con los demás; o sea, con el único miembro de Criterio Alternativo que no estaba presente: Roberto Luque Escalona. Fue así como surgió, ni más ni menos, lo cual no le resta un ápice de valor y grandeza. Esas eran nuestras circunstancias.

Reparto Alamar

Lamento defraudar a quienes eligieron creer que se trataba de una “nueva maniobra de la CIA”, como se apresuró en calificarla el diario Gramma en un artículo presumiblemente escrito por Carlos Aldana, el tercero en la cadena de mando del Comité Central, quien, sin saber que estaba a punto de ser escandalosamente defenestrado, aún se creía invulnerable. Como elemento jocoso, quiero agregar que, si la Agencia Central de Inteligencia norteamericana tuviera que pagarles por sus servicios a todos los disidentes y opositores que fueron, y son, acusados por el régimen cubano de trabajar bajo sus directrices, la reserva monetaria federal de Estados Unidos se hubiera agotado.

Entiendo la posición del régimen cubano al respecto: a esas alturas del juego, daban por sentado nuestro adoctrinamiento; por tanto, en sus mondas seseras no podía caberles que renunciáramos a Matrix por iniciativa propia. Éramos un “error en el programa” que jamás debía ser reconocido como tal. Semejante patada pública en pleno corazón de su demagogia que se nos pudo haber ocurrido a nosotros solitos.

Pero no, señores, el proyecto de una declaración en la que algunos intelectuales patentizaran su disconformidad con la situación política y económica de la Isla, no nació en las refrigeradas oficinas del Pentágono; ni en las asépticas dependencias de Quántico. Vino al mundo en medio de empujones, fuertes olores de axilas sin desodorante y arrullada por el salitre, la chusmería, la indiferencia y la guasa de quienes regresaban de darse un chapuzón en Guanabo, porque, olvidaba un detalle sin importancia, era domingo. Así es que, parodiando la parodia, podemos asegurar que esta Declaración fue, es y será “tan salá como las aguas de nuestras playas caribeñas”.

Días después, Fernando Velázquez apareció con el borrador, al que se le hicieron algunas enmiendas, pocas, a decir verdad, y tras firmarlo, me dediqué personalmente a recoger firmas.

Mi primera visita fue al poeta Raúl Rivero, con quien me unía una amistad de más de diez años. Lo encontré sin camisa, colérico y revuelto contra la incertidumbre, preparando las borras del café para colarlas por segunda vez en la mañana y, sentados alrededor de la mesa de cristal, una vez leída la carta con detenimiento, firmó sin exigir ninguna explicación.

Con la Carta recién estrenada en mano, me dirigí a la sede de Radio Enciclopedia, donde purgaba su cuasi exilio el poeta Manuel Díaz Martínez quien, apoyándose en el mismo buró de la recepcionista, firmó —mientras hacía este chiste— su “acta de independencia”.

Al pasar por 17 y H, casi tropiezo con la figura desgarbada e ingeniosa del novelista Manuel Granados, a quien apenas conocía de vista. Le mostré la Carta y allí, en plena acera, con mi espalda como soporte, estampó su rúbrica el autor de Adire y el tiempo roto.

Por sugerencia de Díaz Martínez, contacté con otro novelista, José Lorenzo Fuentes, cuya historia y obra conocía, pero no a él en persona. Me invitó a su casa y ese día, junto con la firma de la Declaración…, José Lorenzo, pulcro como el amanecer, entró en mi vida para siempre junto con Lida, su mujer. Años después, cuando nos encontramos en el exilio, de Lida sólo quedaban, en mi mundo, el recuerdo amarillo de su vestido y el místico resplandor de su mirada en aquel atardecer.

De regreso a Alamar, en el trillo que habíamos hecho de su casa a mi casa, me encontré con el escritor y periodista Bernardo Marqués Ravelo, acompañado de quien era su esposa por aquella época, la también periodista Nancy Estrada Galván. Llevo sobre mi espalda el peso de sus firmas porque, in situ, aterrillados por el sol y sin que mediara por mi parte ningún intento de convencerles, ni por la de ellos la más mínima vacilación, junto a sus nombres y rúbricas, Marqués y Nancy plasmaron sus votos por la búsqueda de una solución civilizada.

Si tenemos en cuenta el miedo, el hecho de que tomar decisiones de esa índole no es un hábito entre la intelectualidad cubana, además de las tremendas dificultades con el transporte, podemos decir, sin temor a equivocarnos, que habíamos instaurado un récord: apenas llevábamos día y medio recopilando firmas y, de once intentos, sólo uno falló.

También a instancias de Manuel Díaz Martínez, quien tramitó la entrevista, me personé en la sede de Casa de las Américas con muy pocas esperanzas. En la entrada de coches me recibió el novelista y funcionario Lisandro Otero quien, tras escrutar varias veces Carta y firmas, alabó mi valor y se dedicó a criticar la redacción del documento. Mi respuesta fue sencilla:

—Si usted cree que está tan malamente pensada y escrita, redacte una y se la firmaremos sin lugar a dudas.

Oteador, Otero respondió exponiendo sus dudas acerca de la valía de algunos de los firmantes y, luego de escucharle varias citas más o menos cultas acerca de las reminiscencias de Clemenceau que se transparentaban en los postulados del documento, me despedí de Lisandro Otero, quien no firmó por “razones estéticas” pero, al menos, se atrevió a recibirme cuando ya era ostensible el olor a crucifixión que me acompañaba a todas partes.

Siempre me he interesado más por el núcleo que por la periferia, de ahí que tenga el “mal hábito” de olvidar ciertos detalles, como nombres de eventos patrios y sus fechas; sólo puedo acercarme a ellos por analogías. Paralelamente a la vorágine de la recogida de firmas, estaba celebrándose en La Habana uno de esos eventos internacionales en el que se hallaban involucradas importantes figuras del mundo, por lo cual numerosos medios de comunicación extranjeros desbordaban la ciudad.

En una visita que realicé a la casa de Elizardo Sánchez Santacruz, en respuesta a una solícita petición de su parte, éste me presentó a un periodista “de Miami” apellidado Aruca, muy interesado en hacerme una entrevista y en, según Sánchez Santacruz, sacar de la Isla la parte de la Declaración de los Intelectuales que ya estuviera firmada. Nunca antes había oído hablar de Aruca pero debo confesar que, desde que tengo uso de razón, me asiste el infalible olfato de los supervivientes y no acepté que la Carta… saliera por esa vía, aunque no se me escapaba el inminente peligro de que cayera en manos de la Seguridad del Estado.

Estábamos jugando con fuego, así es que, cuando al segundo día recibimos desde Madrid una llamada de Carlos Alberto Montaner anunciándonos que la abogada norteamericana Harriet Babbitt (años después embajadora de Estados Unidos en la OEA, durante la Administración Clinton) se encontraba en La Habana y quería entrevistarse con nosotros, acudimos a la cita en el hotel Habana Libre. Fue ella, Harriet Babbitt, quien se ofreció como intermediaria para sacar de la Isla una copia del peligroso documento, cuyo original, dicho sea de paso, ya había sido debidamente presentado en el Comité Central del Partido Comunista de Cuba, y manteníamos el “acuse de recibo” a buen recaudo. En eso también se equivocaron los exegetas: la Declaración… no se dio a conocer primero en el extranjero. El que nunca se difundiera ampliamente en Cuba no dependió de nuestra gestión que, puedo dar fe, resultó impecable. [María Elena en casa del hispanista Klaus Laabs, Kreuzberg, Berlín, 1995.]

La Declaración de los Intelectuales ya estaba a salvo en la otra orilla del mar Caribe y, en honor a nuestra verdad, a esas alturas poco nos importaba bajo las órdenes de quién trabajaba la persona que nos sirvió de vehículo. No estábamos dispuestos a hacer más concesiones al manido recurso de la CIA como el “coco” capaz de paralizar nuestras más que legítimas esperanzas.

Al abandonar la Isla, la composición de la Carta… era más o menos ésta, sin tener en cuenta un orden estricto en la aparición de los firmantes: María Elena Cruz Varela, Raúl Rivero Castañeda, Manuel Díaz Martínez, Manolo Granados, José Lorenzo Fuentes, Fernando Velázquez Medina, Roberto Luque Escalona, Víctor Manuel Serpa Riestra, Bernardo Marqués Ravelo y Nancy Estrada Galván.

Estos fueron los hombres y mujeres que dieron motivo a que el documento pasara a la historia con el nombre de La Carta de los Diez.

A partir de ese momento, quedábamos a merced de las contingencias, y a mi casa continuaron llegando artistas e intelectuales cuya valentía, aún hoy, tiene la virtud de estremecerme porque no eran mis amigos, no nos conocíamos siquiera y ya la caja de los truenos se había destapado sin remedio. No había vuelta atrás.

La vigilancia frente a mi casa era permanente cuando Jorge Pomar Montalvo, filólogo germanista y militante del Partido Comunista, dejó sobre la mesa de mi humilde comedor el rojo emblema de su militancia en forma de carné del Partido y pidió firmar la Carta. Alberto Pujol Parlá, pintor y músico, acudió también al reclamo de su conciencia. Había que estar presente para saber cuánto coraje era necesario recopilar antes de dar semejante paso.

Por otro lado, Jorge Crespo y Ricardo Vega, jóvenes cineastas, firmaron una de las copias que aún circulaban por la ciudad. En total, las firmas llegaron a sumar veinte, no los menciono a todos porque de algunos, lamentablemente, todavía no tenemos claro cuáles eran sus intenciones y, como en toda acción abierta es imposible controlar los objetivos de quienes participan, me arrogo el derecho de no trasladar ciertos nombres a estas páginas. Si me equivoco, lo lamento; no será la primera vez, tampoco la última. Pero a estas alturas de mi vida, sólo estoy dispuesta a rendir cuentas ante un único juicio: el de Dios.

La Caja de Pandora estalló cuando, por primera vez, reunieron a las turbas frente a mi domicilio en un acto de repudio.

Comenzó la campaña de desacreditación o, mejor dicho, de desprestigio, y, como era de esperar, los estrategas de la Lubianka cubana se enfocaron en mí, la “cabeza visible”. Seguros de que, por ser mujer, era más vulnerable, arremetieron en mi contra con todo el empuje de su maquinaria, en un zafio alarde de brutalidad que puede ser definido de muchas formas, pero me conformo con tres: machista, vulgar y de muy poca testosterona.

Los poetas y escritores Raúl Rivero, Manuel Díaz Martínez, Manolo Granados, José Lorenzo Fuentes —sin duda los de mayor proyección internacional— fueron asediados para que retiraran sus firmas del documento. Cabe subrayar, con gratitud no exenta de orgullo, que esta vez fracasaron. Los estrategas del G-2 no lograron que uno solo de los firmantes se arrepintiera y cantara la acostumbrada palinodia. Todos asumieron dignamente las consecuencias de su acción y no se dejaron tentar ni amedrentar, porque hubo de todo. Su estrepitoso fracaso con los firmantes los llevó a revolverse aun más en mi contra. Nunca antes se vio que “una poetisa desconocida y semianalfabeta, de dudosa conducta moral y enferma de neurosis histérica” requiriera tanta vigilancia y movilización por parte de los denominados “tanques de pensamiento” que operaban en los sótanos de Villa Marista. Pero ésta es otra parte de la historia. Adentrarme en ella me alejaría del motivo central de este artículo: presentar, diecisiete años después, mis respetos y admiración a quienes lograron imponerse al miedo en ese junio de 1991 porque, al estampar sus firmas en aquella Carta, atrajeron sobre sí el odio de un sistema basado en el odio y, con él, toda su incalculable potencia represiva dedicada, a partir de ese momento, y sistemáticamente, a buscar el mejor modo de destruirnos.

Quizá lo más vergonzoso en esos tórridos días fue descubrir, en la réplica o “contra carta” que en varias entregas publicó el diario Gramma, los nombres de muchos, muchísimos de los “amigos” que, frente a mis hijos, en mi apartamento de Alamar, periódicamente regurgitaban su ración de descontento contra el régimen. La mayor parte de esos “amigos”, que no vacilaron en firmar contra nosotros por variopintas y pendejísimas razones, a sabiendas de lo que estaba en juego, hoy también viven en el exilio, aunque algunos prefieran llamarle emigración o diáspora a este crudelísimo fenómeno, como si con ello pudieran atenuar las responsabilidades y, una vez más, establecer diferencias, marcar límites.

Ahí estaba. Lo habíamos hecho. A pesar de los lúgubres augures, a pesar de los sabihondos dueños de las claves de cuál debe ser o no el momento adecuado, lo habíamos logrado. Habíamos levantado una coral en medio de una sinfonía de silencios. Por eso empezaron a sumarse más y más adeptos a nuestra causa, aunque, en el fondo, sabíamos que, a la hora de la verdad, estaríamos solos.

Nunca podré agradecer lo suficiente la presencia a nuestro lado de Gabriel Aguado Chávez, valiente donde los haya, ingenioso también. No fue uno de los firmantes, pero sí fue el creador de nuestra pequeña imprenta, hecha con un galón de pintura relleno de arena y una frazada de piso, de las mismas que otros utilizaban para falsificar bistecs.

La lista de colaboradores se haría demasiado larga; todos fueron perfectos e insustituibles. Todos ahora forman parte del extrañamiento, pero Pastor Herrera Macurán, el trabajador ferroviario, merece un lugar en estas páginas. Ya habrá tiempo también para contar cómo nos ayudó a inundar, con cartas de reflexiones, el convoy en el que debían trasladarse al Camagüey los participantes en el Cuarto Congreso del Partido… [Cantando boleros durante la sobremesa en la Ewaldistrasse.]

Ya en los acordes finales de esta pieza inconclusa, quisiera aclarar que nunca he aceptado el rol de víctima o de “instrumento manipulado por…” que, como medallas o potalas, han querido colgar de mi nombre; unos lo hacen por desconocimiento, otros, porque les resulta cómodo y útil. Pero no, no fui, no soy una víctima, y menos, un instrumento. La autenticidad y el valor de lo que hicimos se puede medir por la salvaje intensidad de la respuesta por parte del régimen. Declararnos víctimas es renunciar a nuestra libertad, cediéndole al sistema represivo todo el poder que hubimos de desarrollar para que nuestras ideas sonaran alto y claro. ¿Que nos reprimieron? Sí, pero eso no nos hace víctimas, sino héroes y está claro que no se pueden ser las dos cosas a la vez. Los protagonistas de un acto de libertad de semejantes magnitud y connotaciones no pueden ser reducidos a la categoría de “pobrecitas víctimas” sin que el verdugo salga fortalecido y, por ende, el miedo continúe ganando terreno.

Quedan cosas por explicar, razones que ofrecer; por ejemplo, la expulsión de Roberto Luque Escalona de la presidencia de Criterio Alternativo. Estas historias quizá deban esperar por la generosidad de un nuevo espacio en el que ser narradas. Sólo quiero anticipar que, en lo personal, no estuve de acuerdo con la forma en que se expulsó a Luque de la organización. Fue mi primera lección aprendida acerca de las trampas a las que puede dar lugar una mala comprensión de las fórmulas democráticas.

Han pasado diecisiete años y muchas, muchas cosas. En el camino se nos han ido bajando algunos: Manolo Granados murió en París; Víctor Manuel Serpa, en Estados Unidos; en Canarias, Ofelia Gronlier, la esposa de Díaz Martínez, falleció cuando apenas empezaba a vislumbrar la nueva vida que parecía abrirse ante ellos. Lida también se fue, en Miami —digo, si es que de verdad se marchan aquellos que siempre están rondando tu memoria.

Por ellos hablo. Es por ellos, que ya no podrán hablar por sí mismos, por los que quise “ajustar” esta Carta, porque las prisas pueden hacernos caminar por encima de sus tumbas, arrollándolo todo. Ellos, los vivos y los muertos, fueron héroes. Unos, por acción, otros, por su infinita capacidad de resistencia y apoyo incondicional, como los de doña Lázara, mi madre, sin cuya cooperación, ni mis hijos ni yo hubiéramos podido sobrevivir; el de mi hermano Pascual Cruz Varela, eterno cómplice; los de Mariela y Arnold, quienes, a pesar de su juventud, se mantuvieron a la altura de las circunstancias porque sabían, comprendían, lo que estaba en juego, y jamás me han reprochado la tensión y el peligro que debieron afrontar. Aprendieron que en cualquier parte la libertad es un territorio de conquista por el que vale la pena asumir los riesgos. Nunca podré agradecerles lo suficiente que me hayan aceptado como madre.

A ellos y a todos los demás, donde quiera que estén, van dedicadas, en gratitud y amor, estas palabras.